jueves, 30 de abril de 2020

Sabato, la resistencia y la esperanza

Hoy, 30 de abril, se cumplen nueve años de la muerte de uno de mis más queridos escritores, Ernesto Sabato. No diré nada más. Dejaré que sus palabras hablen hoy por mí, o hablaré yo a través de ellas, extraídas todas de ese librito que publicó hace veinte años, cuando parecía que ya no le quedaba más por decir y resultó que aún le restaba lo más importante: La Resistencia.



Hay días que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días.

Hay algo que no falla y es la convicción de que --únicamente-- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.

Porque a medida que nos relacionamos de manera más abstracta, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios.

La falla central que sufrió la medicina proviene de la falsa base filosófica de los tres siglos pasados, de la ingenua separación entre alma y cuerpo, del cándido materialismo que conducía a buscar toda enfermedad en lo somático. El hombre no es un objeto físico, desprovisto de alma, ni siquiera un simple animal: es un animal que no solo tiene alma sino espíritu, y el primero de los animales que ha modificado su propio medio por obra de la cultura. Como tal, es un equilibrio --inestable-- entre su propio soma y su medio físico y cultural. Una enfermedad es, quizá, la ruptura de ese equilibrio.

El hombre no ha tenido tiempo para adaptarse a las bruscas y potentes transformaciones que su técnica y su sociedad han producido a su alrededor y no es arriesgado afirmar que las enfermedades modernas sean los medios de que se está valiendo el cosmos para sacudir a esta orgullosa especie humana.

La educación no está independizada del poder y por lo tanto, encauza su tarea hacia la formación de gente adecuada a las demandas del sistema.


Asistimos a una quiebra total de la cultura occidental. El mundo cruje y amenaza con derrumbarse, ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación.

Muchos afirmarán que lo mejor es no involucrarse, porque los ideales finalmente son envilecidos como esos amores platónicos que parecen ensuciarse con la encarnación. Probablemente algo de eso sea cierto, pero las heridas de los hombres nos reclaman.

Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.

El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.

[Salvo la introducción en cursiva, todo el contenido de esta entrada está extraído de "La Resistencia" en su edición de Seix Barral de 2000, que aparece en la fotografía]

En Las Escrituras de la noche:
Sabato ha muerto

domingo, 26 de abril de 2020

Apología de los μικρό-βιος (micro-bios)



[Lo que sigue es un ejercicio de cuestionamiento de la Teoría Microbiana de la Enfermedad o, cogido desde el otro ángulo, de defensa de los microbios, desde un enfoque filosófico clásico basado en la Apología de Sócrates y algunos Diálogos de Platón. Todos los textos entre corchetes y en cursiva son literales de las traducciones castellanas de las obras de Platón que se citan en el apartado de bibliografía y referencias. El resto es lo que buenamente hago yo decir a Sócrates a partir de mis lecturas de los Diálogos en 1977 y un repasito actual, claro. Como Sócrates no pudo citar referencias modernas, he añadido en un anexo bibliográfico documentos, artículos, libros o páginas web que él no llegó a leer nunca pero que apoyan sus palabras en esta versión simbiótica de la Apología]

Jesús García Blanca


I

[No sé, atenienses, no sé la impresión que habrá producido en vuestro ánimo la palabra de mis acusadores. De mí os diré que oyéndolos casi me parecía que yo no era el mismo; tal ha sido su modo de persuadir. Y, sin embargo, hablando francamente, ni una palabra han dicho que sea verdadera.]

Y digo de mis acusadores, porque como muchos ya sabéis me he erigido en defensor y valedor de esas pequeñas criaturas, en cierto modo invisibles, que Lycon quiere que ante vuestros ojos aparezcan como culpables de nuestras desgracias, de nuestras calamidades e infortunios.

[En primer término será justo, atenienses, que responda a las primeras acusaciones falsas de que] han [sido objeto y a los primeros acusadores; después a las acusaciones recientes y a los acusadores que acaban de alzarse en] nuestra [contra. Porque muchos son los acusadores que tengo ante vosotros, hace de esto largos años, y no han dicho nada que no sea falsedad.]

¿Qué diríais, atenienses, si yo os dijera que la persona que os dio el ser, la mujer que os tuvo en su vientre cuidando de vosotros y alimentándoos mientras estuvisteis ahí, intercambiando con vosotros los fluidos y el aire, el calor y los latidos del corazón, la mujer que os parió y que os amamantó desde el instante en que llegasteis a este mundo, es vuestra peor enemiga, una amenaza terrible que os ronda en la oscuridad mientras no podéis verla, dispuesta a saltar sobre vosotros para heriros o mataros? ¿Qué diríais de esa horrible acusación, de esa monstruosa declaración?

Seguramente, atenienses, pensaríais que Sócrates se había vuelto loco pues solo la locura podría llevar a pensar que quien os dio la vida, quien viene dando la vida desde el comienzo de los tiempos, y no solo dándola, sino protegiéndola y cuidándola, pueda amenazarla, atentar contra ella o ponerla en peligro de una u otra forma. Y seguramente, atenienses, penséis que si alguien quisiera acusar a una madre de perpetrar alguna clase de daño a sus criaturas tendría que presentar ante el tribunal correspondiente pruebas muy contundentes, pruebas que disiparan cualquier genero de duda sobre algo tan ominoso.

Y sin embargo, esa es precisamente la acusación que debemos considerar aquí hoy, esa es la calumnia levantada contra las criaturas invisibles a las que he decidido, pase lo que pase, [y suceda los que Dios quiera], representar y defender ante vosotros.

Tal es la acusación que al parecer todos han aceptado sin examinarla como debería y como dicta el sentido común. Y esto ha sucedido en efecto porque el ignorante está más dispuesto a aceptar  una afirmación tanto más cuanto menos la entiende y ello es así porque quien no es capaz de dilucidar por sí mismo las cosas lo que hace es confiar en que otros lo han hecho y aceptar lo que dicen por la simple razón de que es más sencillo y menos laborioso aceptar lo que otros afirman que comprobar sus afirmaciones. 

De lo que se deduce que [el ignorante será más apto que el sabio para persuadir a los ignorantes], y ello traerá como consecuencia que una falsa teoría se extenderá más y más cuantos más ignorantes la profesen y defiendan. Y es fácil ver lo que ocurrirá con el transcurso del tiempo: que una multitud de ignorantes habrán aceptado una falsedad a pesar de lo que unos pocos, que sí decidieron comprobar las cosas por sí mismos, advirtieron en vano. En este caso que nos ocupa, que esas pequeñas criaturas invisibles pero vivas son generadoras de enfermedad. Una afirmación que hicieron unos pocos mediante fraudes y plagios y sobre todo, con el apoyo de los fuertes, más ignorantes aún que ellos, pero contando con una ventaja determinante: la fuerza bruta exenta de toda virtud, la influencia vacía de su riqueza y el poder terrible de la amenaza y el miedo que puede paralizar a los ignorantes.

[Y bien, Sócrates —me dirá sin duda alguno de entre vosotros— entonces ¿qué es lo que hacen esas criaturas invisibles? ¿De dónde vienen esas calumnias que se han difundido contra] ellas? [Dinos pues en qué consiste esto, a fin de que no formemos un juicio temerario sobre] ellas.

[No puede haber lenguaje más justo, y voy a esforzarme en explicaros] lo que yo he podido vislumbrar aunque estoy lejos de dominar tan extensos conocimientos. Pero estoy firmemente persuadido de que es la duda y no la certeza la mejor herramienta para llegar al conocimiento. En efecto, [no es teniendo yo claridad como induzco a confusión a los otros, sino estando yo en mayor confusión que nadie como hago que lo estén otros]. Y es esa confusión la madre del aprendizaje, porque de la certeza no se mueve uno, pero de la confusión y la duda es posible pasar al conocimiento, de hecho, es desde el único lugar que se puede pasar al conocimiento pues la certeza nos encierra en la ignorancia que es la mayor calamidad que puede cernirse sobre la polis.

Así, atenienses, [considerad por qué os digo todas estas cosas, que si las digo es por que sepáis de dónde vienen las calumnias que han levantado] y sabiéndolo podáis juzgar por vosotros mismos con mejores antecedentes y más profusos conocimientos y por tanto con mayor acierto y justicia.



II

[Yo soy mas sabio que este hombre (no necesito decir cómo se llama). Puede que ninguno de los dos sepa nada de bello ni de bueno; pero él cree que sabe algo. Paréceme pues, que soy algo más sabio, cuando menos en que yo no creo saber lo que no sé.]

[Ven acá,] Lycon, [dime]: Cómo has llegado a la conclusión de que los micro-bios, esas criaturas en cierto modo invisible son las culpables de nuestras enfermedades y miserias. Dímelo puesto que has decidido convertirte en su acusador.

LYCON: Lo cierto es que todos lo dicen y así lo creen todos los médicos.

SOCRATES: Pero yo no estoy preguntado a todos los médicos y mucho menos a todos los ciudadanos, estoy preguntándote a ti, Lycon, que en este momento sostienes aquí una gravísima acusación. Dime, ¿Has llegado por ti mismo a esa conclusión?

LYCON: No, Sócrates; no he llegado por mí mismo ya que yo no soy médico ni conocedor de esos extremos. Me he erigido en acusador porque confío en quienes sí lo son.

SOCRATES: Entonces se puede decir que eres un ignorante en lo que concierne a la enfermedad y a sus pormenores…

LYCON: En efecto, en lo que concierne a ellas sí que lo soy.

SÓCRATES: Y dime, Lycon, ¿crees que el resto de los ciudadanos de la polis son sabios en lo que respecta a la enfermedad o son quizá tan ignorantes como tú en ese extremo?

LYCON: Creo que, con la excepción de los que son médicos, deben ser tan ignorantes como yo en lo que concierne a las enfermedades.

SÓCRATES: Sin embargo, ni tú ni ellos, dejan de afirmar algo con respecto a ellas que precisa conocimientos que, según reconoces, ni tú ni ellos tenéis…

LYCON: Así es, Sócrates, pero hay una explicación muy simple para esto.

SÓCRATES: Eso creo yo también. Pero dejemos que los atenienses escuchen la tuya de tus labios; adelante.

LYCON: No hay en ello ningún misterio: todos repetimos lo que hemos oido a los médicos, que sí tienen conocimientos para pronunciarse.

SÓCRATES: ¿Ves? En eso sí que estamos de acuerdo. Yo también lo creo así, es decir, los ignorantes repiten lo que dicen aquellos a quienes consideran una autoridad a pesar de que no pueden entender los argumentos y pruebas que han llevado a esas autoridades a sostener lo que sostienen. Mi confusión me lleva pues a dar un paso más y preguntarte: ¿cómo es que esas autoridades tienen el conocimiento que les permite afirmar lo que afirman?

LYCON: Porque han estudiado, Sócrates.

SÓCRATES: Quieres decir, Lycon, que esas autoridades lo que hacen es explicar aquello que estudiaron…

LYCON: Así es.

SÓCRATES: Dicho de otro modo, atenienses, esas autoridades a las que no entendéis pero cuyas palabras aceptáis ciegamente precisamente por no entender ni estar capacitados para ello, se limitan a repetir lo que sus maestros les enseñaron.

LYCON: Una vez más, así es.

SÓCRATES: Y dime, Lycon, ¿dirías que en una escuela, en una escuela cualquiera en la que se aprenda un arte, una técnica, un oficio cualquiera, el maestro es una autoridad para el alumno?

LYCON: Sabes que sí, Sócrates.

SÓCRATES: Entonces, necesariamente, por todo lo que llevamos dicho, se sigue de ello que el alumno acepta las enseñanzas del maestro porque siendo él la autoridad sería imposible las cuestionase, del mismo modo que el ciudadano ignorante acepta la autoridad del médico, el médico aceptó a su vez la autoridad de su maestro; ¿no es así?

LYCON: Aparentemente, sí, Sócrates.

SÓCRATES: ¿Aparentemente?

LYCON: Quiero decir que sí, que es lógico que sea así.

SÓCRATES: Entonces, Lycon, decídete: ¿es así porque lo parece o es así porque la lógica nos dice que es así?

LYCON: Bueno… creo que… es así porque… es lógico.

SÓCRATES: Yo también lo creo. Es lógico que los alumnos no cuestionen la autoridad de su maestro, como es lógico que una vez convertidos en maestros ellos mismos obtengan el mismo resultado, es decir, que sus alumnos no los cuestionen, y así sucesivamente. De hecho, la historia nos enseña que cuando un alumno se atreve a cuestionar a sus maestros, no suele sucederle nada bueno: se ve indefectiblemente apartado de los círculos de sus colegas, encuentra dificultades de toda clase para ejercer su oficio y sus opiniones consideradas heréticas son ridiculizadas o condenadas, llegando incluso a correr peligro su vida si esas opiniones resultan ser perjudiciales para los poderosos. ¿Convienes en esto conmigo, Lycon? ¿Has conocido algunos de esos casos de los que hablo?

LYCON: Lo cierto es que sí. He conocido opiniones heréticas que han sido merecidamente condenadas en la polis.

SÓCRATES: Tu respuesta es asimismo un argumento más en favor de lo que digo: significa que los ignorantes en lugar de ponerse del lado de quien cuestiona a la autoridad lo hacen del lado de la autoridad que les ha impuesto una idea y apoyan cualquier clase de represalia contra quienes la cuestionan. Eso supone no solo que los ignorantes no se cuestionan las “verdades” impuestas sino que procuran impedir que otros más inquietos que ellos lo hagan reforzando así el estado de cosas de una determinada ciencia, arte u oficio y contribuyendo a que se perpetúen los errores.

LYCON: Yo pretendía decir eso…

SÓCRATES: Efectivamente, pero una vez más, como ignorante que acepta lo que no comprende, dices lo que no pretendes, que es lo que importa a quienes dominan el discurso de la polis, a saber: que digas lo que tienes que decir, lo que se espera que digas, lo que refuerza el discurso dominante de la autoridad… Pero ahora hagamos otro ejercicio, Lycon. Remontémonos a los orígenes de esa “verdad” repetida una y otra vez.

LYCON: ¿Qué quieres decir, Sócrates?

SÓCRATES: Quiero decir lo que digo, porque yo sí digo lo que quiero decir. Y te pregunto: Si cada generación de alumnos acepta lo que dice su maestro, que a su vez aceptó lo que dijo el suyo… ¿de dónde salió esta idea concreta que estamos juzgando aquí hoy, la idea que subyace a la acusación que has decidido, incautamente desde mi modesto punto de vista, sostener, Lycon?

LYCON: ¿Cómo voy a saberlo?

SÓCRATES: Exacto, ¿cómo vas a saberlo si te has declarado ignorante en lo que concierne a los asuntos relacionados con esta acusación que sin embargo no has tenido escrúpulos en apoyar?

LYCON: No puedo contestar a tu pregunta, Sócrates.

SÓCRATES: No sufras, Lycon, era una pregunta retórica. Yo mismo te daré la respuesta: alguien propuso una teoría falsa y consiguió que se aceptara porque encontró apoyo en quienes podían beneficiarse de ella.

LYCON: ¿Y quién podría beneficiarse de una teoría falsa?

SÓCRATES: Se ocurren al menos tres grupos de personas que lo harían, Lycon. Y creo, atenienses, que incluso siendo todos los aquí presentes ignorantes en lo que atañe a las enfermedades y sus misterios, se comprenderá e incluso se compartirá lo que voy a decir: los primeros interesados son los que siempre han querido someter a los hombres a su voluntad ya que el arte Esculapio se sitúa en la frontera entre la vida y la muerte, es un terreno que despierta la avaricia de quienes siempre ha hecho uso del miedo y la mentira para dominar a los otros ¡y qué idea puede combinar con tanto éxito el miedo y la mentira que esa según la cual unas criaturas invisibles nos amenazan sin cesar! Pero, atenienses, la cosa no acaba aquí: quienes propusieron y lograron imponer esta teoría consiguieron las simpatías de todos debido a un efecto quizá no de primera importancia, pero sí de profunda repercusión: el mero hecho de culpar a esas criaturas invisibles tenía como resultado absolver a cada individuo de su propia culpa, convenciéndolo por pura conveniencia de que sus trastornos y desgracias no se deben a su comportamiento, su actitud, sus costumbres higiénicas o sus vicios, sino a esas huestes invisibles que nos acechan y pasan al ataque sin aparente motivo. Esa falsa teoría, ha venido acabando poco a poco con el arte de cuidarse, con el aprendizaje de las virtudes del cuerpo y del alma, con el equilibrio prudente en nuestras acciones y con el cuidado de lo que comemos y bebemos. Pero hay un tercer grupo interesado, si no el que más, sí el que mayor peligro representa. Me refiero, atenienses, a quienes pretenden vendernos los remedios milagrosos para combatir a esas criaturas. Y por eso, mi última pregunta para ti, Lycon es ¿Se puede curar el cuerpo y el alma con venenos? ¿No es eso una contradicción? O dicho de un modo quizá más digno del poeta: ¿Se puede cuidar la vida atentando contra ella?


III

[Examinad conmigo, oh, jueces, por qué razón digo que se contradice. Responde] Lycon. [Jueces, que responda, mandádselo; y que acabe de una vez con sus murmullos.]

[Ya que tú no quieres responder, excelente] Lycon, [soy yo quien lo dice por ti y por todos los presentes. No necesito en verdad de larga apología para probaros, atenienses, que] esta criaturas no son [culpables en ninguna manera del crimen de que las acusa Lycon.]

[Así que, ¡oh, atenienses!, nada más lejos de mi ánimo que el defenderme por amor a mí mismo, como se pudiera creer; antes bien, me defiendo por el amor que] tengo a esas criaturitas invisibles que moran en mi interior —porque es ahí dónde viven y no amenazándonos desde el exterior— [no sea que de condenarlas ofendáis al dios desconociendo el don que os concede.] 

[Pruebas no me faltan de esto que os digo; pero no palabras sólo, sino hechos, que valen más, os lo probarán]. Aún así, [no me extraña que me hayáis condenado, atenienses. Lo esperaba], pues, como el mismo Lycon ha reconocido ante vosotros, quienes se oponen al discurso de la autoridad corren peligro de que sus principios éticos los lleven a la desgracia.

[La pena que ese hombre reclama contra esas criaturas invisibles es la de muerte. Está bien. Y yo, por mi parte, ¿a qué pena me condenaré? ¿A la que merezco? ¿Cuál? ¿Qué pena aflictiva, que multa puedo yo merecer, por no haber guardado para mí solo callándome lo que aprendí en el curso de mi vida].    

[Siento ahora un deseo, y es el de predeciros el porvenir que os espera a vosotros los que habéis condenado] a estas criaturas. [Os anuncio, que vosotros los atenienses que las hacéis morir que tan luego como mueran, vendrá sobre vosotros un castigo muy más duro que la muerte que habéis impuesto]. Porque esa saña, esa guerra de exterminio que hará palidecer el asalto de la ciudad de Troya o las guerras del Peloponeso o las más antiguas matanzas y campañas bélicas en la Hélade y fuera de ella, esa agresión sin límites contra las criaturas que nos dieron la vida, contra nuestras madres primigenias, se traducirá en nuestra propia calamidad, en la peor de las desgracias de la polis, de todas las polis y del mundo que hay más allá en toda la esfera de Crates.





BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS 
(NO DISPONIBLES EN 400 AC)

Obras releídas de Platón:
—Platón. Apología de Sócrates. Espasa-Calpe, 1978.
—Platón. Diálogos. Fedón o de la inmortalidad del alma, El banquete o del amor, Gorgias o de la retórica. Espasa-Calpe, 1980.

Sobre la Teoría Microbiana:
—Béchamp: http://www.whale.to/v/bechamp1.html y http://www.whale.to/w/kal.html
—Pleomorfismo: http://www.whale.to/p/bird.html y http://homeopatiaahora.blogspot.com.es/2012/09/del-origen- endogeno-de-los.html

Tres clásicos desmontando a Pasteur:
—HUME, Ethel Douglas. Béchamp or Pasteur? A lost chapter in the History of Biology, 1923.
—PEARSON, R.B. Pasteur: Plagiarist, Impostor. The Germ Theory Exploded, 1942.
—GEISON, Gerald L. The private science of Louis Pasteur. Princeton University Press, 1995.
Dos capítulos claves disponibles en la red: http://www.mini4stroke.tweakdsl.nl/Histmedsc/Geison.pdf

Sobre Simbiosis:
—CAPRA, Fritjof. La trama de la vida. Barcelona, Anagrama, 2009.
—HIGA, Teruo. Una revolución para salvar la tierra. Okinawa, EM Research Organization, 1993.
—MARGULIS, Lynn y SAGAN, Dorion. ¿Qué es la vida? Barcelona, Tusquets, 1995.
—MARGULIS, Lynn. Planeta simbiótico: un nuevo punto de vista sobre la evolución. Madrid, Debate, 2002. —SANDÍN, Máximo: Pensando la evolución, pensando la vida. Ediciones Crimentales, S.L., 2006.
—SERALINI, Gilles-Éric. ¿Nos envenenan? Transgénicos, pesticidas y otros tóxicos. Barcelona, Nedediciones, 2013.
—SHELDRAKE, Rupert. El espejismo de la ciencia. Barcelona, Kairos, 2013.
—VARIOS AUTORES. Microbiótica. Nutrición simbiótica y microorganismos regeneradores. Madrid, Ediciones I, 2014.
—VARIOS AUTORES. Ecofilosofías: diseñando nuevas formas de vida. Cuadernos integral, Barcelona, 1984. —WALLIN, Ivan Emmanuel. Symbionticism and the origin of species. Baltimore, Williams & Wilkins Company, 1927.

Simbiosis en la red:
—Página de Máximo Sandín: http://www.somosbacteriasyvirus.com/
—Gaia: formulación: Lovelock y Margulis: http://www.mountainman.com.au/gaia.html —Gaia: actualización: http://www.gaiatheory.org/ y http://www.gaia.org/gaia/
—Océano interno: http://www.aquamaris.org/cronologia-del-metodo-marino-de-rene-quinton/
—Institute of Science in Society (Mae Wang Ho): www.i-sis.org.uk
—Noticias de abajo: noticiasdeabajo.wordpress.com
—Blog de Emilio Cervantes: www.madridmasd.org/blogs/biologia_pensamiento/author/pensdamiento
—Los secretos del segundo cerebro: http://neurosciencestuff.tumblr.com/post/38271759345/gut-instincts-the- secrets-of-your-second-brain
—Efecto Warburg: http://www.jmordoh.com.ar/clases/metabtumor2013.pdf http://www.biounalm.com/2009/05/entendiendo-el-efecto-warburg.html http://cancerintegral.com/las-causas-del-cancer-el-efecto-warburg-i-el-metabolismo-tumoral/#sthash.men5138F .dpbs —Heinrich Kremer: http://ummafrapp.de/skandal/heinrich/kremer_the_lifesaving_knowledge_on_healing.pdf

Los virus están en todas partes:
—WILLIAMSON, K.E. et al (2003) "Sampling Natural Viral Communities from Soil for Culture-Independent Analyses". Applied and Environmental Microbiology 69 (11): 6628-6633.

Sobre el origen viral de nuestro genoma:
—BELL, P.J. (2001) "Viral eukaryogenesis: was the ancestor of the nucleus a complex DNA virus?" Journal of Molecular Evolution 53 (3): 251-256.
—GARCÍA-FERNÁNDEZ (2005) "The genesis and evolution of homeobox gene clusters". Nature Review Genetics 6: 881-892.
—THE HUMAN GENOME SEQUENCING CONSORTIUM (2001) "Initial sequencing and analysis of the human genome". Nature 409: 860-921.
—SANDÍN, M. (2002) "Hacia una nueva biología". Arbor 677 (Tomo CLXXII), CSIC, Madrid.

Sobre vacunas y otro paradigma de la salud:
—GARCÍA BLANCA, J. COSTA VERCHER, E. “Vacunas: una reflexión crítica desde la historia de la medicina y los descubrimientos de la biología”. Madrid, Ediciones i, 2015.
Presentaciones y reseñas.
Vídeos.
—Artículo-resumen de los autores: ¿Son necesarias las vacunas? publicado inicialmente en el número 62 de la revista Scienza e Conoscenza, en septiembre de 2017, con el título "I vaccini: sono davvero necessari?".

miércoles, 22 de abril de 2020

¿Es la COVID19 una enfermedad contagiosa? (1)



¿Es la COVID19 una enfermedad contagiosa?

UNA ARENGA EN FAVOR DE LA LIBERTAD DE LOS DE ABAJO
Y POR UN CAMBIO DE PARADIGMA HACIA LA MICROECOLOGÍA

[Episodio piloto]

En apenas cuatro meses han pasado muchas cosas, la mayoría dramáticas y amenazadoras, pero también hay cada vez más personas que comienzan a reaccionar y aportar sus reflexiones y su trabajo abriendo puertas a la esperanza. En mi caso, me he concentrado en responder a esta simple pregunta: ¿Es la COVID19 una enfermedad contagiosa? Y eso implica considerar las relaciones de Poder, y hablar, en lo inmediato, de aislamiento/purificación y de Postulados de Koch, y en lo global, de la Teoría Microbiana y de la Microecología, es decir, de la Ecología de nuestro medio interno. Vamos allá…


“Esto lo entendería un niño de cuatro años… 
¡Por favor, tráiganme un niño de 4 años!”
Groucho Marx. 


Han pasado muchas cosas en apenas cuatro meses, desde que unos “casos de neumonía de origen desconocido” llegaron a la oficina de la OMS en China y una terrible maquina de Poder se puso en movimiento. La mayoría de esas cosas han sido dramáticas, tristes, amenazadoras… pero también hay cada vez más personas y colectivos que dudan de la información oficial y otras comienzan a reaccionar y a aportar datos, análisis, opiniones, valoraciones, en el terreno de la salud y la medicina, de la ciencia y la biología… y más allá, puesto que esta crisis tiene múltiples repercusiones, muy especialmente en el terreno legal al estar sometidos a un Estado de Alarma que muchos juristas consideran ilegal.

En mi caso, he concentrado el esfuerzo, el tiempo y la energía en lo que podríamos llamar el meollo del asunto, es decir, en responder a esta simple pregunta: ¿Es la COVID19 una enfermedad contagiosa? Y pongo el acento en las tres últimas palabras: “una”, “enfermedad” y “contagiosa”. Para responder “sí” a la pregunta, es decir, para defender la versión oficial, hay que demostrar al menos tres cosas: que hay un nuevo virus, que hay una nueva enfermedad y que el nuevo virus es la causa de la nueva enfermedad. Y eso implica en lo inmediato hablar de aislamiento/purificación y de Postulados de Koch; y en lo global, hablar de la Teoría Microbiana y de los nuevos descubrimientos de la biología. Pero entretanto y para arrojar luz, vamos a hablar de relaciones de Poder.

Parece complicado, pero en realidad es muy sencillo: en lo inmediato, si no se demuestra que se ha encontrado un nuevo virus y que es el culpable de la nueva enfermedad, toda la versión oficial se cae arrastrando todas y cada una de las medidas que se han tomado apoyándose en ella. Y en lo global, si desmontamos la Teoría Microbiana y la gigantesca maquinaria de Poder montada sobre ella, no solo acabaríamos con esta falsa pandemia, sino con las pasadas y las futuras, abriendo así una puerta a otra visión de la salud y de la vida.



LOS VIRUS ¿SON “BICHITOS” QUE VIENEN DE AFUERA
O PARTE DE NUESTRO ECOSISTEMA INTERNO?


Para los virólogos, los virus son microbios, es decir seres vivos microscópicos y, se lo crean o no, llevan un siglo como poco trasladando a la gente la idea de que son como las bacterias solo que más pequeños… y mortíferos. Y la gente, que ya interiorizó la idea de Pasteur de que las bacterias eran “patógenos” aceptó con facilidad la idea de otros “patógenos” más pequeños y temibles.

Debido a que la idea de Pasteur le pareció utilísima a la industria farmacéutica y utilizó por tanto todo su poder para inculcarla en las mentes y emociones de la gente, la investigación se desarrolló durante decenios a la contra de los microbios, como parte de una lucha heroica contra las huestes de ese submundo invisible que en el imaginario colectivo debía consistir en una amenaza ominosa que de tanto en tanto se materializaba en forma de grandes epidemias que dejaban miles, decenas de miles de cadáveres.

Así que solo gracias a unos pocos investigadores rebeldes que han ido inspirando a otros que a su vez han animado a otros, y así sucesivamente, en los últimos decenios hemos comenzado a saber la verdad.


Hay un episodio de esa inquietante serie Black Mirror, titulado en España “La ciencia de matar” que constituye una perfecta alegoría de lo que estoy tratando de explicar. La historia se desarrolla, como casi todas las de la serie, en un futuro distópico postapocalíptico y su protagonista forma parte de una organización militar cuya misión es exterminar “cucarachas”, seres mutantes parcialmente humanoides considerados monstruos temibles que amenazan a la humanidad. Los soldados se lanzan a sus misiones de exterminio tras recibir un implante neuronal que denominan “máscara” y que les confiere una serie de facultades especiales que les ayuda en su tarea de exterminio pero que en un determinado momento de la historia descubrimos que es precisamente lo que les hace ver a los mutantes como terribles monstruos cuando en realidad son personas inocentes. La analogía es tan nítida que me ahorro la explicación. En esa terrible alucinación colectiva estamos.

¿CONSPIRANÓICOS O REBELDES?


¿Cómo ha sido esto posible? ¿Se trata de una conspiración? ¿Están todos los médicos, enfermeros y personal sanitario en general, junto con los científicos, editores de revistas médicas, cargos políticos relevantes en el campo de la sanidad y una legión de periodistas vendidos a Bill Gates y las multinacionales farmacéuticas? Yo creo que la respuesta a esa pregunta es que algunos, muy pocos y muy influyentes, sí que lo están, pero la inmensa mayoría no. ¿Por qué no? Porque no es necesario: lo hacen gratis. O dicho de otro modo: lo hacen por otros motivos, motivos que solo se pueden entender conociendo las herramientas de Poder que actúan no ya en el terreno de la salud/enfermedad sino mucho más allá, en el terreno de la educación, es decir, de la fabricación de piezas de la maquinaria, más en estilo ciberpunk, de circuitos de Matrix.


"El futuro destino de la raza humana será creado 
por la estructura caracterial de los niños del futuro. 
En sus manos y corazones estará esta gran decisión. 
Tendrán que limpiar el caos del siglo XX. 
Esto nos concierne a nosotros, los que vivimos en medio de este caos”.























No le hicimos ni puñetero caso a Reich y ahora, casi setenta años después, las consecuencias arrasan el planeta. Los “niños del futuro” de los que hablaba Reich se fueron haciendo adultos modelados por las herramientas de Poder que el propio Reich denunciaba y otras mucho más terribles y perversas que vinieron después. Solo unos pocos sobrevivieron: los pocos que ahora gritan aquí y allá sin que nadie los escuche o los entienda. Nadie limpió el caos del siglo XX porque la mayoría estaban contribuyendo a expandir ese caos o haciéndose cómplices con su silencio.

Permitimos que el aparato médico-farmacológico arrebatara el parto a las mujeres provocando alteraciones de la energía vital y un encogimiento biológico en las criaturas, la perpetuación de las corazas, la distorsión de la capacidad para el placer, la predisposición a la enfermedad, a la dependencia, a la sumisión o, por otros caminos, la expansión de la perversidad.

Abandonamos nuestra salud en manos de ese mismo aparato cuya parte visible es el conjunto de los sistemas sanitarios modernos farmacológicos reduccionistas mecanicistas deshumanizados que, desde hace un siglo como poco viene transformando la vida en protocolos sanitarios que generan control y beneficios económicos a los de Arriba y dependencia y pérdida de derechos, libertades, autonomía, decisiones… a los de abajo, a cambio de migajas tóxicas para seguir acallando los gritos de nuestro cuerpo y de nuestra alma, un arsenal químico y biotecnológico para continuar destrozando el ecosistema Gaia y el micro ecosistema interno en el que convivimos con los habitantes que hace miles de millones de años comenzaron la aventura de la vida.

Y en eso estamos: en ese monumental caos emocional.

Ahora que se entiende mejor por qué no hacen falta conspiraciones para que la humanidad esté en peligro, podemos volver a nuestro tema inmediato: los “virus”, claro, entre comillas, porque precisamente vamos a cuestionarlos desde la misma etimología de la palabra y veremos que en vez de andar poniendo comillas lo que hay que hacer, como con tantos otros términos engañosos, manipuladores, que bloquean la posibilidad de pensar, es cambiarlos radicalmente, buscar palabras que expresen mejor la verdad en lugar de seguir usando las que alimentan la mentira.

Baste por ahora. Cliffhanger. Seguimos…


Jesús García Blanca

[En el próximo episodio: ¿Qué hay que hacer para anunciar que se ha descubierto un nuevo virus? Y algunas cosas más para ir abriendo la mente, iluminando la oscuridad.]

"Microecología". Alish entrevista a JGB.




domingo, 5 de abril de 2020

Utopía contra el Estado Clínico



En el otoño de 1994 escribí mi primer texto sobre salud/poder, que apareció publicado en el diario gaditano Europa Sur como tribuna de opinión. Lo comparto por razones que se verán obvias al leerlo, incluyendo dos citas esperanzadoras de mis lecturas de entonces. Hasta donde yo sé, no está disponible en la red. Como también se verá enseguida he cambiado únicamente dos palabras [que indico entre corchetes], el resto creo que sigue siendo dramáticamente válido 26 años después. Salud. STOP MIEDO. STOP VACUNAS. STOP CONTROL.




Utopía contra el Estado Clínico


“Solo el error necesita apoyo del gobierno; 
la verdad se defiende sola”.

Thomas Jefferson.


Urge tomar decisiones.

Podemos continuar creyendo —o haciendo como que nos creemos— lo que dicen alucinados ángeles custodios con bata blanca y microscopio bajo el brazo: que temibles enemigos exteriores amenazan nuestra salud, que ellos, y solo ellos, tienen los sofisticados artefactos para su destrucción, que la encarnación más última de ese enemigo inefable es el [nuevo coronavirus], que, en fin, los presupuestos epistemológicos y tácticos desde los que hay que encarar esta situación desesperada vienen a ser algo así como Rambo contra Terminator.

Pero podemos también pensar que el fin no justifica los medios, podemos incluso olvidarnos de los fines, o mejor imaginarlos a la manera de John Lennon: tramar una utopía que nos guíe y quedarnos en los medios: no hacer para, sino meramente hacerlo.

Quizá esto suponga pasar por alto un gigantesco error de cien años en la llamada —no se bien si por petulancia o por estupidez— ciencia médica, como si la salud no estuviera relacionada con fenómenos de intuición y sentimiento, como si no fuera algo que pertenece a seres humanos imperfectos y cambiantes.

Resumiendo: rechazo de este nuevo y especialmente ominoso aparato de normalización —que diría Foucault— que presenta una vez más como salvación/sanación lo que no es más que vigilancia/control, medicalización de la vida, hospitalización de momentos claves que delimitan emociones y desenfocan perspectivas para siempre: nacimiento, enfermedad y muerte —para más información consúltese a Thomas Szasz.






Entonces, ¿qué pasa con el [coronavirus]?

Procuremos otra vuelta de tuerca: el [nuevo coronavirus] es otro chivo expiatorio que sirve fundamentalmente a dos fines:

Uno, terror y explotación del terror —entiéndase: más control profiláctico, más campañas formativas, más venta de veneno adormecedor de las ya escasas capacidades de raciocinio.

Otro, delegación de responsabilidad —entiéndase: nosotros no tenemos nada que hacer excepto obedecer; la humanidad entera es ya un grupo de riesgo, así que debemos renunciar a nuestras costumbres pecaminosas y chutarnos la vacuna en cuanto nos la vendan por la tele —pago mediante tarjeta a precio módico de multinacional química IVA y VIDA incluidos.

Termino con Ernesto Sabato: “Esta civilización arrogante, superficial, que rompió la primigenia unidad entre el pensamiento mágico y el pensamiento lógico, ha perdido las viejas sabidurías de las culturas llamadas primitivas, que se basaban en esa armonía cósmica entre el cuerpo y el alma, entre la relatividad y la eternidad. Es el fin de los tiempos modernos, la tabla de valores está siendo reemplazada ya por los precursores, por los grandes soñadores”.


Jesús García Blanca.
La Línea, otoño, 1994.