En el otoño de 1994 escribí mi primer texto sobre salud/poder, que apareció publicado en el diario gaditano Europa Sur como tribuna de opinión. Lo comparto por razones que se verán obvias al leerlo, incluyendo dos citas esperanzadoras de mis lecturas de entonces. Hasta donde yo sé, no está disponible en la red. Como también se verá enseguida he cambiado únicamente dos palabras [que indico entre corchetes], el resto creo que sigue siendo dramáticamente válido 26 años después. Salud. STOP MIEDO. STOP VACUNAS. STOP CONTROL.
Utopía contra el Estado Clínico
“Solo el error necesita apoyo del gobierno;
la verdad se defiende sola”.
Thomas Jefferson.
Urge tomar decisiones.
Podemos continuar creyendo —o haciendo como que nos creemos— lo que dicen alucinados ángeles custodios con bata blanca y microscopio bajo el brazo: que temibles enemigos exteriores amenazan nuestra salud, que ellos, y solo ellos, tienen los sofisticados artefactos para su destrucción, que la encarnación más última de ese enemigo inefable es el [nuevo coronavirus], que, en fin, los presupuestos epistemológicos y tácticos desde los que hay que encarar esta situación desesperada vienen a ser algo así como Rambo contra Terminator.
Pero podemos también pensar que el fin no justifica los medios, podemos incluso olvidarnos de los fines, o mejor imaginarlos a la manera de John Lennon: tramar una utopía que nos guíe y quedarnos en los medios: no hacer para, sino meramente hacerlo.
Quizá esto suponga pasar por alto un gigantesco error de cien años en la llamada —no se bien si por petulancia o por estupidez— ciencia médica, como si la salud no estuviera relacionada con fenómenos de intuición y sentimiento, como si no fuera algo que pertenece a seres humanos imperfectos y cambiantes.
Resumiendo: rechazo de este nuevo y especialmente ominoso aparato de normalización —que diría Foucault— que presenta una vez más como salvación/sanación lo que no es más que vigilancia/control, medicalización de la vida, hospitalización de momentos claves que delimitan emociones y desenfocan perspectivas para siempre: nacimiento, enfermedad y muerte —para más información consúltese a Thomas Szasz.

Entonces, ¿qué pasa con el [coronavirus]?
Procuremos otra vuelta de tuerca: el [nuevo coronavirus] es otro chivo expiatorio que sirve fundamentalmente a dos fines:
Uno, terror y explotación del terror —entiéndase: más control profiláctico, más campañas formativas, más venta de veneno adormecedor de las ya escasas capacidades de raciocinio.
Otro, delegación de responsabilidad —entiéndase: nosotros no tenemos nada que hacer excepto obedecer; la humanidad entera es ya un grupo de riesgo, así que debemos renunciar a nuestras costumbres pecaminosas y chutarnos la vacuna en cuanto nos la vendan por la tele —pago mediante tarjeta a precio módico de multinacional química IVA y VIDA incluidos.
Termino con Ernesto Sabato: “Esta civilización arrogante, superficial, que rompió la primigenia unidad entre el pensamiento mágico y el pensamiento lógico, ha perdido las viejas sabidurías de las culturas llamadas primitivas, que se basaban en esa armonía cósmica entre el cuerpo y el alma, entre la relatividad y la eternidad. Es el fin de los tiempos modernos, la tabla de valores está siendo reemplazada ya por los precursores, por los grandes soñadores”.
Jesús García Blanca.
La Línea, otoño, 1994.
