lunes, 26 de febrero de 2024

Otra Biología, otra salud, otro mundo

Una última propuesta para el cambio de ciclo

Aunque dentro de poco se cumplen dos años desde que tomé la decisión de dejar mi labor como activista e investigador social, la publicación de mi último libro me ha obligado de alguna forma a un regreso puntual para presentarlo, responder a entrevistas y darlo a conocer en las redes sociales. Con motivo de una de esas entrevistas —la realizada por la bióloga Almudena Zaragoza para su proyecto Tejiendo la Red de la Vida— se ha generado un debate en internet en el que no todas las intervenciones parecen tener claro mi enfoque sobre los llamados "virus" y la propuesta de debate que he querido lanzar en el libro.

Con la intención de clarificar al máximo lo que he pretendido con esa propuesta y contextualizarla en el marco de una trayectoria de tres décadas trabajando en esa misma línea de pensamiento y acción, me ha parecido útil compartir estas palabras esperando que sirvan para impulsar la desobediencia, el debate crítico y en definitiva esa rebelión que constituye el meollo de mi último libro.



En 1992 me involucré en un proyecto para crear en Granada un centro dedicado a la salud natural que iba a llamarse Ecosalud y Armonía. Mi inspiración era Wilhelm Reich —a quien había conocido quince años antes— y sus visionarias investigaciones sobre la importancia de la autorregulación y el respeto por el desarrollo natural de las criaturas. 

Desde entonces vengo realizando un análisis crítico de los mecanismos de poder en los terrenos entrecruzados de la salud, la enfermedad, la crianza, la educación y la ecología, y trabajando activamente para impulsar otro concepto de salud que cambie radicalmente la práctica de la medicina y de todas las disciplinas relacionadas de una forma u otra con la salud, concebida desde una perspectiva holística, con el fin último de construir otro mundo para nuestros hijos y nietos.

En 1995 me uní a la Asociación COBRA, actual Plural-21, y comencé a colaborar en sus iniciativas, a hacer aportaciones y sobre todo, a aprender de una cantidad enorme de personas sabias que tuve el privilegio de conocer. A partir de entonces sentí que mi obligación moral era poner por escrito mis  investigaciones. y reflexiones, y desde 2008 comencé a publicarlas en artículos y libros, entre ellos Vacunas: una reflexión crítica (escrito a medias con el doctor Enric Costa), La Sanidad contra la salud, ambos en 2015, y Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía en 2017, que posteriormente se han traducido al catalán, italiano y francés.



A mediados de 2019 contacté con un puñado de personas comprometidas para proponerles crear un grupo dedicado a luchar de forma radical contra las consecuencias de la imposición de la Teoría Microbiana y en particular contra las vacunas. Se trataba de superar el planteamiento "vacunas buenas; vacunas malas" y confrontar directamente la herramienta vacuna en sí misma. Para ello, mi primera propuesta fue un manifiesto que, con las aportaciones de alguna de las personas que se fueron uniendo, se publicó en la web Peticion.es con el título Manifiesto por un mundo sin vacunas, que ha reunido a fecha de hoy 1681 firmas y 1684 comentarios.

En agosto de 2020 se presentó en Girona el grupo Stop Vacunas —que fue el nombre que propuse vía correo electrónico en diciembre de 2019 y que se ganó la aceptación del resto de los compañeros autodenominados entonces Los siete samurais. Durante la grabación que envié para estar presente en tan señalada fecha, hice una propuesta más ambiciosa para crear la Plataforma La Salud es Nuestra a partir de un llamamiento de Stop Vacunas a personas y colectivos que llevaban años trabajando en los campos de la salud, la crianza, la educación y la ecología desde perspectivas críticas y holísticas. 

El llamamiento incluiría a otros grupos que luchaban por mejorar el mundo y oponerse a la injusticia y a la destrucción del planeta y de la vida, y la finalidad sería unirnos conservando cada cual su identidad y sus objetivos, pero desarrollando juntos una labor que sumara nuestros conocimientos y experiencias.

En 2022, como remate a mi labor de 30 años y teniendo ya tomada la decisión de retirarme, quise despedirme con un último libro de batalla. Por una parte, se trataba de recoger mi investigación de la falsa pandemia COVID publicada en la revista con la que venía colaborando desde junio de 2010: Discovery DSalud, y ello gracias a la confianza depositada en mi enfoque radical por su director Jose Antonio Campoy, y que mantuvo a la revista como el único medio de comunicación que desde el principio y durante meses desmontó las mentiras y falsedades claves, y desveló quiénes y por qué estaban detrás.



Por otra parte, la idea era contextualizar la falsa pandemia en el marco de las relaciones de poder que había investigado durante tres décadas y hacer un llamamiento para impulsar una rebelión que salte de los límites de las minorías críticas y tenga como protagonistas a los ciudadanos obedientes fabricados por los engranajes del Poder. De ahí que el libro —escrito finalmente entre abril y mayo de 2022 y revisado un año después— acabara titulándose La Rebelión de los Idiotas: Contra el Aparato Sanitario Global e incluyera asimismo una última propuesta para el inminente cambio de ciclo que recoge y supera a todas las anteriores: Otra Biología, otra salud, otro mundo, cuyos elementos esenciales son:

PUNTO DE PARTIDA: DOS CONCEPCIONES DE LA SALUD

El modelo imperante: mecanicista, neodarwinista, a partir de una genética determinista y una biología reduccionista basada en la antibiosis, que ha generado una visión de la enfermedad como opuesta a la salud y una medicina dirigida a luchar contra la primera para supuestamente recuperar la segunda casi exclusivamente a base de fármacos, y enfrentada a la Naturaleza en un modelo sanitario controlado por la industria.

El modelo alternativo: dinámico y holístico, tendría como referencia la nueva biología basada en la simbiosis y la epigenética con una visión de la enfermedad como parte de procesos de desequilibrio y reequilibrio, y una medicina que no combate la enfermedad sino que se esfuerza por entenderla y colaborar en los procesos naturales a partir de una posición de responsabilidad de la persona sobre su salud y la salud colectiva.

ALGUNOS CAMBIOS GLOBALES PARA IR HACIENDO CAMINO

Investigación independiente. Pluralidad de enfoques. Educación para la autogestión de la salud. Transformación del "consentimiento informado" en "decisiones responsables". Evolución del papel paternalista/autoritario del médico a actitudes de colaboración y asesoramiento.

UN COMPLEMENTO IMPRESCINDIBLE: CAMBIAR EL LENGUAJE

Hace tiempo que vengo planteando en mis libros que los cambios en la base teórica y sus repercusiones en la práctica de la medicina y de cualquier orientación en la implementación de una salud holística deben ir acompañados de cambios en el lenguaje que se correspondan con los nuevos descubrimientos y aplicaciones. 

Una vez demostrada la falsedad de la Teoría Microbiana, me parece de pura lógica relegar todas las denominaciones belicistas y paranoicas que se desprenden de ella: "patógenos", "infección", "contagio", "defensas", "inmunidad"... Y otros descubrimientos en otras disciplinas deberían provocar otros cambios relevantes en términos como "genética", "enfermedad", "virus" y así sucesivamente. 

Como ejemplo, he tenido el atrevimiento de proponer algunos de esos cambios, como "Sistema de Regulación de la Simbiosis" para el obsoleto "Sistema Inmunitario" o "Fluidoma" para el obsoleto "Genoma". 

Obviamente son propuestas que forman parte de la propuesta global que La Rebelión de los Idiotas hace para iniciar un debate profundo, multidisciplinar y de trascendencia a largo plazo sobre el que quiero insistir en este breve texto y concretar al menos como punto de partida.



EL ASUNTO DE LOS "VIRUS"

Con carácter general se puede decir que es imposible demostrar que algo no existe. Lo que sí es posible es refutar las pruebas o argumentos presentados por quien afirma que algo existe. O bien, demostrar que su existencia entraría en contradicción con algo que ya hemos demostrado previamente.

¿Se puede entonces decir que "los virus no existen"? Estrictamente hablando, no. Y yo por mi parte he hecho todo lo posible por evitar expresiones como "el VIH no existe" o "el coronavirus no existe" o "los virus no existen". Pero como lo que sí se ha hecho es refutar las pruebas presentadas por quienes afirman que los virus existen, he dedicado mucho tiempo y energía a dar a conocer esas refutaciones y a pedir e incluso exigir a quienes defendían la existencia de los virus que respondiesen a los argumentos críticos. 

Empecé haciéndolo con el supuesto VIH, después con el supuesto Poliovirus, después con el supuesto Virus del Sarampión, después con el supuesto Virus del Ébola, después con el supuesto Virus de Zika y más recientemente con el supuesto SARS-CoV-2 y el resto de los supuestos Coronavirus humanos.

ENTONCES ¿LOS VIRUS EXISTEN O NO?

Como acabo de explicar, no es posible demostrar que algo no existe. Ahora bien tenemos al menos cinco elementos relevantes en relación con los denominados "virus":

1. La hipótesis de los virus se plantea desde el principio en el marco de enfermedades de las que serían causantes, de ahí el nombre que se les dio. Pero desde ese primer momento, el trabajo experimental del que se partió —realizado por John Enders en los años cincuenta del siglo XX—fue realizado de modo erróneo, lo que supone que todo el desarrollo posterior está lastrado por ese error inicial. 

2. Como consecuencia de ello, todas las propuestas posteriores de nuevos virus causantes de nuevas enfermedades han sido refutadas. Es decir, no es que se haya demostrado ocasionalmente la falsedad de esta o aquella afirmación de que tal o cual virus existe, sino que disponemos de una refutación nítida, rigurosa y contundente para absolutamente todas las veces que se ha anunciado el descubrimiento de un nuevo virus declarado culpable de provocar una nueva enfermedad.

3. Ninguno de estos anuncios de nuevos virus ha sido realizado por investigadores independientes. Todos se han producido en el marco de un entramado de Poder perfectamente documentado y analizado. Por añadidura existen elementos suficientes en todos los casos para poder afirmar que no estamos ante errores, sino ante operaciones y montajes realizados de modo consciente y con objetivos de poder.

4. Todos los montajes destinados a plantear el descubrimiento de un nuevo virus han seguido un modus operandi similar con la única salvedad de incluir elementos provenientes de nuevas tecnologías desarrolladas con el paso del tiempo.

5. Todas las afirmaciones relacionadas con los supuestos nuevos virus descubiertos y su capacidad para provocar enfermedades entran en contradicción con conocimientos que ya tenemos provenientes de diversas disciplinas y que han sido suficientemente probados (para más detalles y una exposición de los más relevantes, consultar la Segunda Parte de Vacunas: una reflexión crítica).

Dicho de otro modo: para que un nuevo virus que nos anuncien que han descubierto tenga posibilidades de ser realmente existente, deberían cumplirse al menos cuatro condiciones:

1. Que no se basen en el modus operandi repetido hasta el momento, que ha sido refutado en múltiples ocasiones y que puede seguir siendo refutado en todos los futuros casos en los que vuelva a utilizarse.

2. Que el trabajo de experimentación, descripción y publicación no se realice dentro del marco aludido del entramado de Poder que en mis libros he denominado Aparato Sanitario Global.

3. Que las afirmaciones, hipótesis, conclusiones y planteamientos de los autores no contradigan ninguno de los conocimientos y conclusiones previamente demostradas y suficientemente documentadas.

4. Que una vez publicado el trabajo correspondiente los autores sean capaces de responder adecuadamente a las críticas que se planteen o a las posibles refutaciones que otros autores e investigadores realicen.

La posibilidad de que esto ocurra es tan absolutamente remota que creo que puede decirse con propiedad y rigor que nadie ha demostrado que los virus existan y que nadie lo va a demostrar. Si alguien, allá por el año 5793 llegara a aislar un virus y demostrarlo correctamente, pues se hace la correspondiente rectificación donde haga falta.


Conclusiones

Propongo reservar el término "virus" —o, en su caso "retrovirus", "coronavirus" o el resto de sus denominaciones taxonómicas y clasificaciones varias— exclusivamente para referirnos a la hipótesis o idea propuesta por determinadas personas y que se ha demostrado falsa —expresándolo en términos académicos— o más gráficamente, mentiras o montajes —si se adopta una perspectiva social. 

Así, por ejemplo, serviría para decir: "El virus de la polio nunca se aisló", o "nadie ha demostrado que exista el virus del sarampión" o "la afirmación de que se ha aislado el virus del SIDA es falsa", y así sucesivamente.

En cuanto a los mal llamados "virus" y sus términos derivados: "partículas semejantes a virus" o "retrovirus endógenos", "material viral integrado en el genoma", y otros, propongo un cambio de denominación que se ajuste a las verdaderas funciones o características de estas estructuras.

Concretando la propuesta: Congreso Internacional Interdisciplinar

Creo que lo más apropiado para iniciar el proceso de cambios que aquí esbozo es la organización y celebración de un congreso internacional multidisciplinar en el que personas provenientes de todos los campos de trabajo implicados en el tema expongan sus enfoques y propuestas con el objetivo de llegar a la mayor cantidad posible de acuerdos y consensos, marcando así un hito histórico que sirva como punto de partida de un cambio de paradigma en todas las ciencias afectadas.

Jesús García Blanca.
26 de febrero de 2024.


7 comentarios:

Alvaro dijo...

Espero con ansiedad ese congreso mundial de la salud que estructure un nuevo concepto y definición no sólo con términos claros científicos médicos sino de la medicina en general devolviéndola a su naturaleza holística universal. Gracias por sus aportaciones.

Anónimo dijo...

Almudena Zaragoza sigue sin entender.

Anónimo dijo...

Gracias por tanto. Jesús García Blanca

Franju Serra dijo...

En un artículo que escribí en 2020, propuse también un cambio de nombre a los virus, basándome en la cuarta y quinta ley de Hamer y en las posibles funciones comunicativas de estos posibles elementos; considerando también que traen código genético en su interior, podrían ser cartas biológicas, con instrucciones genéticas para estimular la reproducción celular de tejidos epiteliales (ectodérmicos) previamente ulcerados. Desde la clasificación histológica, embrionaria y cerebral que hizo Hamer, estas posibles estructuras ("virus"), en caso de existir, destacarían por participar en las fases restaurativas de tejidos ectodérmicos, controlados desde la corteza cerebral.
La palabra que se me ocurrió para renombrarlos a la luz del paradigma hameriano fue: ¡EPISTOLIS! -carta en griego-.

Comparto el artículo con una explicación un tanto más extensa:
https://ar.magazine.5lb.eu/2020/04/renombrando-virus-cuarta-ley-5071.html?m=1

Alvaro dijo...

Por qué no denominarle "letrinas" haciendo alusión a la transformación (abono), endotelial, de una célula en extinción, eliberando los restos celulares aprovechables. Y al código genético en forma de carta, en español, letra. O en latín, litera. Entiendo en todo caso que es una aportación muy interesante desde el principio hammeriano.

Gabriela dijo...

Jesús: muchas gracias por tanto!

Si el Dr. Hamer descubrió las leyes biológicas de la naturaleza y precisó el desarrollo de los seres vivos, tus investigaciones han significado para mi, comprender las relaciones de poder que hay detrás de todo el sistema político y económico de nuestra sociedad.

Doy las gracias también a Almudena, por su sabiduría.
He tenido la suerte de seguir su trayectoria desde comienzos de la plandemia y he visto su humildad para abrirse al conocimiento de la naturaleza.

Abrazos.

Jackpot City dijo...

Gracias por transformar el aprendizaje en una aventura emocionante.