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viernes, 17 de mayo de 2019

¿"Pseudoterapias" o Pseudoperiodismo? (Entrevista a Jesús García Blanca)

Hace unos días, estudiantes de periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid me entrevistaron como parte de la documentación que reunían para la elaboración de un trabajo sobre la difusión de "pseudoterapias" en los medios de comunicación, centrándose especialmente en la homeopatía.

No me está permitido difundir el contenido del trabajo aunque, con permiso expreso de sus autoras, sí que puedo compartir públicamente la entrevista que me hicieron por lo que pueda aportar al debate en marcha sobre las mal llamadas "pseudoterapias" y en la que puntualizo algunas cuestiones básicas que me parecen de interés de cara al tratamiento de estas noticias por los medios de comunicación.



ENTREVISTA:


Preguntas sobre la difusión de información 
científica/pseudocientífica en los medios de comunicación:

¿Por qué es necesario el periodismo científico?

Entiendo que el tema específico de esta entrevista es el tratamiento periodístico de la homeopatía y que por tanto cuando me pregunta sobre “periodismo científico” no estamos hablando tanto de ciencia en general o de ciencias como la astronomía o la geofísica, sino de ciencias en el ámbito de la salud. En ese sentido me gustaría dejar claro desde el principio que yo no creo que la salud pueda abarcarla la medicina –cualquier clase de medicina- ni la ciencia, sino que se trata de algo mucho más complejo que debe abordarse desde múltiples disciplinas y enfoques.

En relación con esto y sin pretender extenderme, es preciso aclarar también que la ciencia –entendiendo aquí, claro, que hablamos de la ciencia moderna occidental- es una herramienta de conocimiento pero no la única ni la más completa o compleja. El problema de fondo en el tema que nos ocupa es que ciertas personas y colectivos pretenden imponerla como única via posible de conocimiento, de modo que, para ellos, aquello que la ciencia no puede conocer simplemente no existe o se considera superstición, religión, magia, esoterismo o simplemente estafa. Por supuesto estos colectivos o personas no solo son fanáticos que el profesor Emmanuel Lizcano denomina “fundamentalistas científicos”, sino que no tienen ni idea de lo que es la superstición, la religión, la magia ni el esoterismo. 

Una segunda aclaración, en este caso sobre el periodismo y sobre mi mirada a la sociedad en la que estamos inmersos: todo en ella está de un modo u otro, en mayor o menor medida condicionado por relaciones de poder. Sin ánimo de ponerme a desarrollar esto que no es el propósito de esta entrevista, sí diré de modo casi telegramático que lo que hace falta es periodismo científico –y no científico- independiente, crítico y honesto, tanto como hace falta que la investigación científica y la formación científica sean independientes, críticas y honestas.

Aclarado esto, la respuesta se hace más fácil, casi evidente: es necesario el periodismo científico con las características que le he citado para ser conscientes de esas relaciones de poder y para combatirlas, puesto que la información crítica, el conocimiento crítico y el pensamiento crítico suponen un mayor margen de libertad y de felicidad. Esto, que vale para cualquier cosa en la que pensemos, en el terreno de la salud llega a convertirse en vital, incluso en literalmente vital ya que un enfoque u otro, una decisión u otra sobre nuestras vidas o las de nuestros hijos pueden significar la diferencia entre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte. Y por si no ha quedado suficientemente claro, añadiré que, en general, el poder es el lado de la enfermedad y la muerte, y la oposición al poder, en la medida en que sea posible, es el lado de la salud y la vida.




¿Considera que la divulgación científica solo deben realizarla expertos científicos? ¿Por qué?

Creo que la divulgación científica crítica deben realizarla los expertos en divulgación crítica. Pero como sigo pensando que aquí hablamos de salud, esos expertos divulgadores deberán tener conocimientos de múltiples disciplinas y enfoques que atañen a la salud y por supuesto no pueden ser “expertos” en todo, pero es que la divulgación no es una tarea especializada sino todo lo contrario: se trata de acercar al gran público conocimientos que no pueden o no va a adquirir leyendo publicaciones especializadas. El punto clave aquí nuevamente es el poder, por eso insisto en “divulgación crítica”, porque la divulgación a secas ya sabemos lo que es: divulgación de lo que interesa al poder.

¿Cómo debe ser la comunicación científica para que la divulgación sea efectiva?

Siguiendo con el enfoque que he propuesto desde el principio, “efectiva” significa para mí que consiga que el gran público se replantee conocimientos, revise creencias, se pregunte cosas, encuentre nuevos caminos... y en definitiva, que se fomente el pensamiento crítico que capacite para tomar decisiones libres y fundamentadas. Lo que está muy claro es que la divulgación dirigida, controlada o influenciada por el poder no va a servir para eso, sino para que la gente continúe creyendo lo que interesa al poder, aceptando lo que le llega desde las instituciones del poder u otras controladas por él, e incluso defendiéndolo frente a las minorías críticas. Esto último sería “efectivo”, pero para los intereses del poder, no para los de la gente.

¿Los medios combaten la homeopatía o contribuyen a difundirla? 

Aplicando una vez más el enfoque de las relaciones de poder, es fácil comprender que los grandes medios, por el hecho de pertenecer a los grupos de poder y defender sus intereses no pueden hacer otra cosa que combatir la homeopatía; otra cosa es discutir si con esos ataques contribuyen igualmente a difundirla y en qué medida. Por otra parte, muchos medios no tan grandes y que se presentan como independientes y llevan a cabo un encomiable trabajo crítico en terrenos como la política o la economía, se han alineado en los temas de salud y medicina con los intereses del poder. De modo que solo puede esperarse algo de información crítica o simplemente respetuosa con disciplinas como la homeopatía en un reducido número de medios, fundamentalmente digitales y especializados en temas de salud holística o alternativa.




¿Qué tratamiento deberían darle los medios de comunicación a la homeopatía?

Vivimos en el mundo que vivimos. Eso significa reconocer que los grandes medios dan a los temas el tratamiento que su línea editorial exige en función de los intereses de los grupos de poder a los que pertenecen. No hay más que leer los libros de Pascual Serrano sobre el tema para conocer con pelos y señales lo que la mayoría sospecha o intuye. En este contexto, solo cabe hacer uso de los medios alternativos o de contrainformación para que la gente pueda disponer de información crítica y llegar a sus propias conclusiones. Esa es la labor que procuro hacer desde hace años en diferentes planos y sobre temas más o menos relacionados con la salud, la medicina o la ecología. Por supuesto que enfrentarse a la influencia de los grandes medios es una labor muy dura e ingrata, pero al menos duermo con la conciencia tranquila.

¿Quiénes considera que son los responsables de la mala fama de la homeopatía?

Los ataques contra la homeopatía comenzaron hace más de un siglo en Estados Unidos cuando la medicina “alopática” o moderna se dio cuenta de que podían perder protagonismos y comenzaron a organizarse fundando la Asociación Médica Americana y otras organizaciones. Esto es una nueva versión de aquellos ataques pero adaptado a los tiempos.

¿Se encuentra con dificultades o reticencias a la hora de publicar un artículo que esté a favor de la homeopatía?

Personalmente no encuentro dificultades ni reticencias para escribir lo que quiero, pero eso es porque trabajo para medios independientes, críticos y honestos, que son las características que vengo repitiendo. Estoy prácticamente seguro de que ninguno de los grandes medios o incluso de los pequeños a los que he aludido antes publicaría las cosas que escribo sobre salud y medicina. Y añadiría que mis planteamientos, por ser radicales –en el sentido de que van a la raíz- se verían (y de hecho se han visto alguna vez) en apuros para aparecer en medios especializados en salud alternativa debido a la “caza de brujas” que se ha desatado en este terreno.

¿Cree que lo que difunden los personajes públicos tiene más impacto que lo que podrían difundir los profesionales de la información?

Creo que sobre todo suelen ser impactos de mucha intensidad inicial pero de corto recorrido. Claro que hay una diferencia: si lo que publicitan estos personajes públicos son consignas del poder, se verán reforzadas.




Preguntas sobre el interés 
científico de la sociedad:

¿Considera que la sociedad tiene el suficiente interés científico? ¿Por qué?

Como Ernesto Sabato, creo que la gente de a pie cree más en la ciencia cuanto menos entiende los conceptos científicos. Eso, junto con la reducción de lo científico a lo tecnológico y por tanto a las aplicaciones prácticas, hace que la ciencia se haya instalado en un lugar privilegiado que a su vez es utilizado por el Poder como discurso de legitimación, especialmente en el terreno de la medicina. De ahí la insistencia en hablar de “medicina científica”, como si ese adjetivo fuese un aval absoluto.

¿Qué pueden hacer los medios para fomentar el interés científico de la sociedad?
¿Cuál cree que es el papel de los medios de comunicación en la educación científica de la sociedad?


Creo que estas dos preguntas se responden solas repasando lo que he dicho antes sobre los medios y las relaciones de poder: en tanto que herramientas de poder, los grandes medios van a explotar y legitimar el discurso de la ciencia como metadiscurso de poder, mientras que, por el otro lado, los medios de contrainformación tendrán que decidir si apoyan ese discurso en el terreno de la salud-medicina o, como hacen en otros terrenos –economía, política, ecología, género- se oponen al discurso del poder y plantean un contradiscurso que pueda ayudar a la gente a escapar de la trampa de la medicina moderna farmacológica, responsable de la mayor catástrofe iatrogénica que conocemos.





REFERENCIA:

Título del trabajo: La difusión de pseudoterapias en los medios de comunicación: el caso de la homeopatía en El País Semana, La Ventana y El Programa de Ana Rosa entre 2016 y 2018.
Autoras: Alicia Calvo Hernández, Carla Colmenero Rodríguez, Ana María Criado Calvo y María Agustina Gómez Reggiani. 3º Periodismo y Humanidades. Grupo 61.


jueves, 18 de agosto de 2016

¿Es la homeopatía una estafa?


Algunos datos y reflexiones en relación con la homeopatía y en respuesta a quienes opinan que no funciona, que no se distingue del placebo e incluso que quienes la practican son poco menos que estafadores y quienes la utilizan en caso de tener problemas de salud un puñado de supersticiosos o incautos.



Invariablemente, estas acusaciones se hacen apoyándose en el Método Científico que, para muchos, en particular para los fanáticos cientificistas que pretenden que el mundo empieza y acaba en lo meramente material y cuantificable, es la única herramienta válida para conocer, analizar, valorar o juzgar, y por tanto, el único modo de establecer lo que “funciona” y lo que “no funciona”, frontera esta que según ellos delimita lo que es “medicina” y lo que no lo es.

Es lógico pensar que una herramienta concebida para actuar en un estrecho ámbito no puede utilizarse para conocer, valorar o medir cosas pertenecientes a otros ámbitos. Quienes se empeñen en hacerlo están condenados a falsear los resultados y si lo hacen a sabiendas simplemente estarán mintiendo y manipulando. A pesar de esto, hay quien da un paso más y afirma que todo aquello que su herramienta no puede conocer no existe, un ejercicio de totalitarismo intelectual, absurdo racional, mediocridad científica y deshonestidad manifiesta.

Ahora bien, aunque ciertas medicinas, ciencias de la salud y terapias tradicionales precisamente por su carácter holístico, no puedan ser medidas o valoradas mediante una herramienta que se limita un estrecho campo de acción, el método científico puede al menos abordar una parte de su funcionamiento y responder a las preguntas que en el terreno puramente material o fisiológico se planteen.

Aunque la homeopatía no es una medicina tradicional sí que comparte con ellas un enfoque holístico de la salud, y es por ello un ejemplo de lo que venimos explicando. El método científico —a menos que evolucione y se abra a territorios que ahora no aceptan la mayoría de los científicos— no puede estudiarla en su totalidad, pero puede responder a las descalificaciones usuales de sus críticos, en particular a la que considera que en los remedios homeopáticos no hay materia y por tanto sus efectos se deben al efecto placebo.

Experimentación de efectos en personas sanas:

Recopilación de materia médica de los autores clásicos describiendo los efectos de multitud de sustancias en personas sanas:

—Samuel Hahnemann. Organon der Heilkunst, Reine Arzneimittellehre, Die chronischen Krankheiten, ihre eigenthümliche Natur und Homöopathische Heilung (varias ediciones).
—Constantine Hering. The Guiding Symptoms of Our Materia Medica. Philadelphia: The American Homeopathic Publishing Society, 1879-1983.
—Timothy Field Allen. Encycklopedia of Pure Materia Medica. New York, Boericke and Tafel, 1874-1880.
—James Tyler Kent. Repertoy of the Homeopathis Materia Medica. Barthel Publishing, Berg 1987.
—James Stephenson. The Need for Provings of the Chemical Elements. Journal of the American Institute of Homeopathy, 50 (1957).
—William Boericke. Materia Medica with Repertory. Philadelphia, Boericke and Tafel, 1927.
—A. W. Blyth. Poisons, their effects and detection. London, Griffin, 1920.


EFICACIA DE LAS DOSIS HOMEOPÁTICAS:

De entre las numerosas demostraciones de la eficacia de las dosis infinitesimales cito las más significativas:

—El primer ensayo realizado conjuntamente por médicos homeopatas y alópatas se llevó a cabo en Glasgow en 1980 investigando el tratamiento homeopático de la artritis reumatoide. Se trataron a 46 pacientes que cumplían los criterios establecidos por la Asociación Americana de Reumatismo: todos los pacientes recibieron antiinflamatorios convencionales, pero la mitad fue tratada además con el preparado homeopático y a la otra mitad se les dio un placebo. El ensayo fue a doble ciego, es decir, ni los pacientes ni los médicos sabían quienes tomaban placebo y quienes el preparado.

—Investigaciones físicas: En 1948, Wurmser y Loch investigaron el efecto de microdiluciones de diversas sustancias sobre la longitud de onda y la intensidad de la luz detectando cambios relevantes y medibles; en 1963 mediante técnicas de resonancia magnética se observaron cambios estructurales en el alcohol con diluciones de azufre comparándolo con alcohol sin dilución y con diluciones sin sucusión.

—Investigaciones bioquímicas: En 1930, V.M. Persson obtuvo resultados significativos en estudios con controles del efecto del cloruro de mercurio en la fermentación de almidón; repitió los experimentos tres años después confirmando los resultados, y en 1954, William Boyd volvió a confirmarlos en Edimburgo. En todos los casos, las diluciones empleadas no deberían, según las teorías físicas clásicas contener ninguna molécula del cloruro de mercurio original.

—Investigaciones botánicas: existen numerosas investigaciones con plantas que obviamente descartan el efecto placebo: Kolisko mostró en 1923 como el sulfato de hierro, el trióxido de antimonio y la sal doble de cobre en diluciones bajas promovían el crecimiento del trigo;  en 1965, Wilhelm Pelikan y Georg Unger comprobaron un efecto similar con microdosis de nitrato de plata repitiendo el experimento con controles 240 veces; experimentos similares con iguales resultados se han hecho con microdiluciones de plantas de cebada, de arseniato de sodio de sulfato de cobre o de azufre.

—Investigaciones zoológicas: ya en 1923 Krawkow demostró el efecto relajante de diversas microdiluciones en conejos comparándolas con controles; han seguido numerosas experiencias: reducción de tasas de mortalidad de moscas con nitrato de mercurio, variación de efectos según los grados de dilución en renacuajos con nitrato de plomo y de plata, alteraciones de la excitabilidad neuromuscular en corazones de rana y tortuga, reducción de efectos tóxicos del estradiol en ratas, eliminación de venenos utilizando microdosis del mismo veneno.


REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA:

Harris L. Coulter. Ph. D. Ciencia homeopática y medicina moderna. El arte de curar con microdosis. Mallorca, José de Olañeta Editor, 1995. Sin ser ni mucho menos exhaustivo, este manual básico incluye una amplia bibliografía y referencias de numerosos artículos y estudios sobre los aspectos básicos de la homeopatía (entre los que se incluyen las investigaciones citadas):

—Estudios que revelan los mecanismos biológicos de reacción: 30 referencias.
—Reexperimentación con diversos remedios: 6 referencias.
—Hipersensibilidad a la sustancia semejante: 5 referencias.
—Evidencia de fuerza en las dosis homeopáticas más allá del Número de Abogadro: 42 referencias.
—Evidencia del principio de similitud, efecto opuesto y acción bifásica de los medicamentos: 47 referencias.
—Evidencia empírica de la necesidad de respeto de los procesos biológicos (mal llamados enfermedades): 19 referencias.
—Ensayos clínicos: 24 referencias.

Bibliografía adicional:

—Hans Selye. The Stress of Life. New York, McGraw Hill, 1978.
—Alexis Carrel. Man, the Unknown. New York, MacFadden, 1961
—F. P. Gay. Agents of Disease and Host Resistance. Springfield, Thomas, 1935.
—Linn J. Boyd. A Study of the Simile in Medicine. Ann Arbor, University of Michigan, 1936.
—Joseph Wilder. The Law of initial value in neurology and psychiatry: facts and problems. J. Nervous and Mental Disease, 125 (1957).



LOS PREPARADOS HOMEOPÁTICOS 
CONTIENEN MATERIA

El Número de Avogradro: 6,023 x 1023 está considerado el límite de la materia, es decir, si vamos diluyendo progresivamente cualquier sustancia aumentando la cantidad del líquido, se considera que una vez que se sobrepasa la cifra de Avogadro ya no hay rastro de esa sustancia. Los fármacos convencionales están todos por encima de ese límite, mientras que existen preparados homeopáticos tanto por encima como por debajo, por lo que algunos consideran que se trata de simple agua con azúcar que tan solo puede producir efecto placebo.

Sin embargo, varios artículos científicos publicados en los últimos cinco años demuestran que incluso por debajo de ese número hay materia en las disoluciones: se trata de nanopartículas, partículas diez mil veces más pequeñas que un milímetro que explicarían en parte la eficacia de la homeopatía, al menos en la parte que puede ser conocida, identificada e incluso fotografiada por los extremistas del método científico.

Tecnologías muy avanzadas han permitido a los equipos que realizaron esos estudios el análisis de las muestras: microscopía electrónica de trasmisión de alta regulación (conocida por sus siglas en inglés como HRTEM) y espectrografía de energía dispersiva (EDS) que permiten fotografiar las nanopartículas.


REFERENCIAS:

Prashant Satish Chikramane, Akkihebbal K Suresh, Jayesh Ramesh Bellare and Shantaram Govind Kane. Extreme homeopathic dilutions retainstarting materials: A nanoparticulate perspective. Homeopathy (2010) 99, 231e242
  
Rajendra Prakash Upadhyay, Chaturbhuja Nayak. Homeopathyemerging as nanomedicine. Int J High Dilution Res 2011; 10(37): 299-310

Prashant S. Chikramane, Dhrubajyoti Kalita, Akkihebbal K. Suresh, Shantaram G. Kane, and Jayesh R. Bellare. Why Extreme Dilutions Reach Non-zero Asymptotes: A NanoparticulateHypothesis Based on Froth Flotation. Langmuir, 2012, 28 (45), pp 15864–15875.


Anup Sharma and Bulbul Purkait. Identification ofMedicinally Active Ingredient in Ultradiluted Digitalispurpurea: Fluorescence Spectroscopic and Cyclic-Voltammetric Study. Journal of Analytical Methods in Chemistry, Volume 2012 (2012).

Rajesh Barve1 and Ramesh Chaughule. Size-dependent invivo/in vitro results of homoeopathic herbal extracts. Journal Of Nanostructure in Chemistry 2013, 3:18


sábado, 11 de junio de 2016

Fundamentalistas científicos contra la salud

El pasado 29 de febrero, apareció en la sección de Opinión del diario de contrainformación Rebelión un artículo de Rosa Guevara Landa titulado "El lado oscuro, crematístico y criminal de las pseudociencias", en el que hace suyos los planteamientos de un colaborador pseudoescéptico del diario El País que en un reportaje-entrevista titulado "A mi hijo lo ha matado la incultura científica".

Tras mi réplica "El lado oscuro, crematístico y criminal de los gestores de la ciencia", en la misma sección de Rebelión, la autora, Rosa Guevara Landa publicó su propia respuesta, "Las ciencias, las prácticas científicas y el poder político y corporativo". Va mi segunda réplica.


Fundamentalistas científicos contra la salud
Segunda réplica a Rosa Guevara Landa

Jesús García Blanca
keffet@gmail.com

“Lo que mueve a la Ciencia no es la voluntad de saber sino la voluntad de dominar”
Humberto Galimberti

“Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares, lo que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica”.
Emmanuel Lizcano


Apreciada Rosa:

Creo sinceramente que has cometido un error. Me lo dice tu trayectoria en Rebelión. Quiero creer que has cometido un error quizá por desconocimiento, quizá por precipitación, quizá porque este no es un terreno en el que te hayas movido lo suficiente según veo en el histórico de los artículos que firmas.

Si se adopta el discurso de un determinado grupo o corriente, se está dando de una forma u otra cobertura a sus planteamientos, incluso si no se defienden de modo explícito. Y eso es lo que ocurría en tu artículo.

Hablo de los autodenominados “escépticos” que yo prefiero denominar –siguiendo a Lizcano- fundamentalistas científicos y cuyas características y pautas de actuación resumo:

Proclaman constantemente su supuesto escepticismo mientras su actitud, comportamiento e ideas lo traicionan dejando al descubierto su auténtica naturaleza de cerrado dogmatismo. 
Conceden a la ciencia el mismo estatus que una religión poseedora de la verdad absoluta fuera de la cual no existe salvación. Para ellos la Ciencia es la única vara de medir, el único camino al conocimiento.

Se consideran inmersos en una guerra santa. Su vocabulario, discurso y concepto de la realidad es de corte religioso-paranoide. Por supuesto, ellos están en el bando correcto y en posesión de la verdad frente a un enemigo que es irracional y a quien hay que combatir o convertir al precio que sea. 
Su discurso está impregnado de intolerancia, fanatismo, etnocentrismo científico y fascismo subyacente. 
No buscan la verdad sino defender lo establecido. No dudan, niegan.
Su estrategia básica es la descalificación, el ataque personal, la ridiculización y la difamación.

Su “argumentación” –cuando la hay- es una suma de falacias y prejuicios: apelación a la autoridad, a la mayoría, al consenso, al academicismo y hasta a la generalización más burda. 
Carecen de capacidad de autocrítica. Todas las cualidades que proclaman como necesarias -dudar, analizar, examinar y racionalizar- jamás las utilizan con sus propias creencias que, curiosamente, coinciden siempre con lo establecido, con los intereses del Poder.

Un campo de actividad particularmente intenso es el de la salud. Los fundamentalistas son una pieza clave de la guerra contra cualquier alternativa al modelo médico dominante y vienen desplegando una gran actividad en ese sentido: artículos en sus webs, participación en medios de comunicación, intervención en redes sociales, intentos de boicot a todo tipo de actos relacionados con las medicinas naturales...

Sin duda, Rebelión haría muy mal poniéndose de espaldas a la ciencia. Pero no es eso lo que digo que me preocupa. Lo que me preocupa es que una autora que ha demostrado en estas páginas ser una persona crítica con el poder, reproduzca de modo directo o indirecto las diatribas de grupos y personas que se amparan en la ciencia para atacar otras formas de conocimiento y en particular otros enfoques de la salud.

Y añado: no solo es que yo crea que hay científicos honestos, es que llevo treinta años apoyándome en ellos para llevar a cabo mi análisis de los mecanismos de poder en los terrenos de la salud, la educación y la ecología.

En cuanto a tu ejemplo: no, no es un invento del periódico citado, ni yo lo acuso de eso. El diario imperial simplemente repite incorrecciones, mentiras y manipulación pisoteando una regla fundamental del periodismo que es contrastar la noticia.

Así expone el caso de Mario, Julián Rodríguez, su padre, en la web de la esperpéntica Asociación para Proteger al Enfermo de TerapiasPseudocientíficas (APETP) una asociación supuestamente creada por él y que calca el discurso pseudoescéptico y pretende tipificar como delito la práctica de cualquier terapia natural y prohibir hasta el uso de términos como “medicina, curación, sanación, salud, terapia” sin estar licenciado en medicina:

“El hospital Arnau de Vilanova le hizo a Mario una propuesta coherente de sesiones de quimioterapia y trasplante de médula o sea, pero Mario estaba en una situación complicada e hizo caso a quien creía que era un médico naturista. La persona que se presentó a Mario como médico naturista convenció a este de abandonar su tratamiento en el hospital diciéndole que la quimioterapia no era efectiva y que no aguantaría más sesiones. La leucemia de Mario estaba en remisión tras la quimioterapia pero después de un tiempo en el que su único tratamiento fue el de este terapeuta, a Mario le volvió a brotar la leucemia: tuvo que ingresar de nuevo en el Arnau de Vilanova. Fue entonces cuando descubrimos que el terapeuta no era médico. Al no seguir el tratamiento en el momento adecuado la leucemia se complicó enormemente”.
 
Por su parte, el diario El País titula citando a Julián Rodríguez: “A mi hijo lo ha matado la incultura científica”. Y en entradilla, añade: “Se reabre el caso de un joven que murió tras abandonar la quimioterapia por culpa de un curandero, según denuncia su padre”. A destacar que el autor del reportaje es Javier Salas, colaborador habitual de los círculos pseudoescépticos desde el El País y otras tribunas como el diario Público o el propio Escéptico digital.

Desde el titular ya se plantea –de un modo visiblemente sensacionalista- la tesis fundamental de los falsos escépticos: la ciencia como criterio para establecer lo que es correcto y lo que no. La entradilla añade otro elemento clave: los profesionales que no aplican la medicina farmacológica son “curanderos”. Atención porque el periódico no entrecomilla esta palabra y por tanto no se trata de una cita del entrevistado, sino de una afirmación del diario. Pero la entradilla hace algo mucho más grave: acusar al “curandero” de la muerte del joven, sin mencionar por supuesto que el profesional en cuestión, José Ramón Llorente posee una licenciatura por la Universidad de Ecuador y un doctorado por la Universidad de Columbia además de una sólida formación y una larga experiencia como docente y terapeuta desde 1976.

A continuación, y abusando claramente de términos truculentos para referirse a la enfermedad de Mario como “calvario” o “martirio”, el diario mezcla inexactitudes y flagrantes mentiras que además implican al doctor citado en una desagradable situación. Dice el diario:

“Su error: abandonar el tratamiento médico de su leucemia para abrazar una pseudoterapia recomendada por un curandero que asegura ser capaz de curar el cáncer con vitaminas. El calvario de Mario duró seis terribles meses hasta que falleció en julio de 2014.Según el médico que trataba a Mario —el de verdad—, no sólo le convenció para que se negara a un trasplante y a darse la quimio, sino que le prescribió un tratamiento que interfería en su recuperación con elementos contraproducentes, como hongos y alcohol. En su martirio, a Mario hubo que intervenirle en el intestino por una infección”.

Por mi parte sí que he contrastado la noticia, y –aunque el caso está aún pendiente de juicio- puedo adelantar que en la declaración del Dr. Aurelio López Martínez, el oncólogo de Mario al que El País se refiere como “el médico de verdad” se dejan claras algunas cosas que demuestran la manipulación e incluso las mentiras que se están difundiendo interesadamente sobre el caso: El Dr. López dio el visto bueno al tratamiento recomendado por el “curandero” con la excepción de dos productos que Mario no tomó y así se refleja en su historia clínica. Esto exculpa totalmente al Dr. Llorente ya que de haber habido algo peligroso o sospechoso en esas recomendaciones parece lógico suponer que su oncólogo no lo hubiera aprobado e incluso hubiese tenido la obligación de denunciarlo.

El expediente judicial incluye asimismo un escrito firmado por el Jefe del Servicio de Inspección de Servicios Sanitarios de la Generalitat Valenciana en el que certifica que no hay constancia de que el Dr. José Ramón Llorente incitase al abandono de la propuesta hospitalaria. Lo que sí sabemos, y parece razonable que jugara un importante papel en la decisión de Mario es que tenía un hermano pequeño que padecía leucemia y que murió a pesar de haber seguido el tratamiento a base de quimioterapia que le prescribieron sus médicos.

Conste que no creo que cualquier cosa sea válida y menos aún en el campo de la salud y de su cuidado y prevención, pero teniendo en cuenta el evidente fracaso de una medicina que se autodenomina científica mientras mantiene su alianza con una industria que pisotea los más elementales criterios del método científico controlando toda la cadena –investigación, publicación, autorizaciones de agencias, formación e información de masas- para que sirva a los fines económicos de unos y académicos de otros, teniendo en cuenta la innegable catástrofe sanitaria que esto viene provocando y teniendo presente las enormes posibilidades de numerosas disciplinas y técnicas alternativas honestas, eficaces y seguras, esta lucha contra ellas es una guerra contra nuestra propia salud.


jueves, 2 de junio de 2016

Contra los extremistas científicos

¿Cómo es posible que tantos grandes medios de comunicación den cabida y crédito a cualquier ignorante indocumentado sin formación universitaria ni estudios científicos que en el ámbito de la salud pontifique sobre lo que es o no correcto, científico y admisible?

¿Cómo asumen acríticamente que puede tacharse de "curandero" o "estafador" a todo profesional de la salud -médicos incluidos- que utilice terapias, métodos o productos no convencionales cuando los mismos están avalados hasta por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa?

¿Qué clase de majaderos se ocupan hoy en ellos de la "información" sobre salud y asumen que son aceptables la calumnia, la injuria, la difamación y el desprestigio personal y profesional de personas manifiestamente preparadas y honestas?

En España la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) reúne a casi 600 periodistas especializados en el tema que llevan a cabo su labor en todo tipo de soportes -agencias de prensa, periódicos, revistas, radio, televisión e Internet- aglutinando también a representantes de la comunicación de servicios y centros sanitarios, instituciones, entidades, empresas sanitarias y gabinetes de comunicación. Pues bien, sus “socios protectores” -así lo define la propia entidad- son los laboratorios farmacéuticos Pfizer, Janssen, Roche y Abbvie además del lobby más potente de la industria alimentaria: la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB). Estando en calidad de “socios colaboradores” Farmaindustria -la patronal farmacéutica española-, la multinacional Merck Sharp & Dohne, el grupo médico privado Eresa y un grupo proveedor de servicios médicos de atención domiciliaria, Oximesa, que fue recientemente absorbido por uno de las mayores multinacionales proveedoras de gases industriales: Praxair.



Los pseudoescépticos hablan hasta de crear una especie de ejército de "cruzados de la ciencia" y “escuelas de pacientes” en las que adoctrinar a los enfermos sobre lo que deben o no hacer con su salud y a quienes deben o no acudir para ello. Siendo ellos obviamente quienes tal cosa decidirían. Es decir, se hallan en las antípodas de las múltiples propuestas e iniciativas actuales de autogestión con las que se pretende generar responsabilidad y dar a los enfermos capacidad real para que puedan tomar libremente las decisiones que les parezcan oportunas en relación a su salud. Son en suma fanáticos que quieren impedir que la gente se informe de forma libre y plural y luego decida sobre su propia vida.

Pretenden que los enfermos sean borregos dispuestos a ponerse en manos "de los que saben" aunque hoy esté constatado que se desconoce la causa de la inmensa mayoría de las llamadas enfermedades y por tanto los médicos no pueden prevenirlas ni curarlas con las informaciones y protocolos oficiales de tratamiento que se les han impuesto (al menos en los servicios públicos del sistema sanitario). En todo el mundo. La pintoresca Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas (APETP) hasta propone establecer un premio para los pacientes más obedientes. ¿Cabe mayor desfachatez?



Hablamos en suma de propuestas esperpénticas que se añaden a la de que se considere delito -como antes adelantamos- “cualquier actividad y publicidad de terapias que se presenten como curativas sin serlo y que no estén experimentadas bajo criterios científicos”. Y por si fuera poco añaden en su web esta "perla" de lo que quieren conseguir: "Que las palabras medicina, curación, sanación, salud, terapia (o cualquier otra expresión que pueda hacer creer a un enfermo que está ante un profesional de la salud) no puedan ser empleadas si quien se anuncia no tiene una titulación oficial de médico ni sigue métodos de curación elaborados bajo criterios científicos”.

En pocas palabras, quieren demonizar y criminalizar a todo profesional de la salud que practique cualquier disciplina terapéutica no médica del más centenar que existen y hoy ejercen cientos de miles de profesionales en todo el mundo. Exigen que el tratamiento de los problemas de salud sea en exclusiva para los médicos formados en las facultades de Medicina; sin duda porque saben que sus planes de estudio los han desarrollado los laboratorios farmacéuticos con la complicidad de sus testaferros en las universidades y los ministerios de Educación y Sanidad. ¿Que ni siquiera la OMS -y eso que está controlada hoy por la gran industria- avala tamañas sandeces y avala lo que ellos demonizan? Les da igual. ¡Qué sabrá la OMS! ¡Son ellos quienes están en posesión de la verdad!


Jesús García Blanca
Campaña de desprestigio contra todo profesional que no se someta al modelo médico imperante
Discovery DSalud, 194. Junio 2016.

martes, 19 de abril de 2016

Contra el integrismo científico

El lado oscuro, crematístico y criminal de los gestores dela ciencia

Réplica a Rosa Guevara Landa

“En tanto que la razón científica se ha constituido en la más eficaz retórica de la verdad de nuestros tiempos también debe constituirse en el blanco principal para quienes pretendemos luchar contra los dispositivos de sumisión. Atacar la razón científica es hoy una necesidad, no para acabar con el conocimiento científico sino para romper su funcionamiento como retórica de la verdad”.
Tomás Ibáñez. Archipiélago, 20: El cuento de la ciencia.

El pasado 29 de febrero, apareció en la sección de Opinión del diario de contrainformación Rebelión un artículo de Rosa Guevara Landa titulado El lado oscuro,crematístico y criminal de las pseudociencias, en el que hace una crítica que me veo obligado a calificar de severa y arrojada, pero también de totalmente desafortunada y falaz.

Que este tipo de diatribas aparezcan en la prensa sistémica es algo que podríamos considerar connatural con el ejercicio del poder, pero que lo haga en las páginas —tan queridas y respetadas— de este medio rebelde y de la mano de una autora que ha demostrado sobradamente su compromiso y capacidad crítica resulta cuando menos preocupante y muestra hasta qué punto es necesario y urgente atender al llamamiento de Tomás Ibáñez con el que he querido arrancar estas reflexiones.

Guevara no parece consciente del papel que el discurso científico tiene como sostén del discurso ideológico del capitalismo, tal y como advierten y analizan autores como Paul Feyerabend, Humberto Galimberti, Roger Garaudy, Emmanuel Lizcano o Tomás Ibáñez.

Guevara obvia la diferencia fundamental entre la Ciencia y sus gestores. Como toda idea, la idea de Ciencia puede ser maravillosa; pero como toda idea, el problema viene cuando se encarna en seres humanos imperfectos y por desgracia poco maravillosos. No desconfío de la Ciencia como tal —siempre y cuando permanezca dentro de los límites que le corresponden— desconfío de quienes gestionan su discurso, sus aplicaciones, sus resultados. Y rechazo absolutamente que pretendan convertirla en la única herramienta de conocimiento posible en un alarde de etnocentrismo cuyo único fin es el dominio y el mantenimiento de la desigualdad y los privilegios de los de siempre.

Guevara refuerza el modelo médico dominante industrial y enraizado en el capitalismo: ese modelo surgió durante el siglo XIX al confluir los intereses de la industria farmacéutica y los de la clase médica dominante, se consolidó a lo largo del siglo XX, favorecido por la reconversión de las multinacionales farmacéuticas tras la Segunda Guerra Mundial y su control de la formación, información, investigación y servicios sanitarios (tanto los privados como los mal llamados “públicos”), y mantiene una amplia credibilidad e influencia debido, no a razones científicas sino socio-políticas: son los enormes intereses de poder —no sólo económico— los que mantienen vigentes los dogmas de un modelo que ha fracasado a la hora de resolver los problemas de salud crónicos y degenerativos que él mismo ha contribuido a provocar y que está haciendo que cada vez más gente acuda a otras terapias, lo que ha desatado una guerra contra ellas.

Guevara se hace cómplice de lo que Emmanuel Lizcano llama fundamentalismo tecno-científico, reproduciendo en este artículo su discurso integrista que pretende imponer lo que ellos definen como “medicina científica”, considerando el resto como “magia” y “estafa”, con la paradoja añadida de que es precisamente la medicina moderna, industrial, farmacológica, reduccionista, la que adolece de base científica estricta.

Y por último, Guevara nos pone como ejemplo un caso que está siendo utilizado de modo absolutamente rastrero por los mencionados grupos de integristas científicos –más o menos organizados, más o menos “incrustados” en instituciones científicas, universidades y medios de comunicación- tomando como base un artículo publicado por el diario que ella denomina “global-imperial” y a cuyos jerifaltes ha denominado “derecha extrema más literal”. El caso está aún en instancias judiciales tras haber sido desestimado en primera instancia, y me consta que se avecinan novedades que pondrán en claro todos los detalles sacando a la luz las manipulaciones y mentiras que se han vertido y que Guevara reproduce sin contrastar.

En el mejor de los casos, el artículo de Guevara peca de una peligrosa ingenuidad que no podemos permitirnos en estos tiempos en que nos encontramos en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta. En palabras de Paul Feyerabend, “la ciencia [...] ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes”.

Quienes queremos cambiar la sociedad y entretanto luchar contra quienes ostentan poder y privilegios, tenemos la obligación de atravesar ese muro de falsa legitimidad que pretende conferir el discurso científico para producir Verdad: detrás –o mejor dicho, por encima- de quienes controlan el modelo médico dominante están los mismos que declaran las guerras, arrasan nuestro ecosistema, controlan los recursos y administran la muerte. Mucho cuidado a la hora de elegir compañeros de batalla.


Jesús García Blanca
Publicado en Rebelión, 19 de abril, 2016: http://rebelion.org/noticia.php?id=211336