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lunes, 4 de abril de 2016

Peligro: Biología Sintética

El peligro de las bacterias sintéticas diseñadas mediante bioingeniería

Victor de Lorenzo, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), afirma abiertamente que los "médicos del futuro" serán bacterias sintéticas diseñadas y fabricadas mediante bioingeniería capaces de transportar selectivamente fármacos por todo el organismo y llevarlos allí donde se requieran para combatir infecciones, regenerar tejidos y órganos, reprogramar células-madre y garantizar la seguridad de los medicamentos y los organismos transgénicos... entre otras cosas. Sorprendente afirmación ante la que cabe preguntarse si estamos ante uno de los mayores avances de la medicina y la biología o ante un nuevo peligro para la salud, la vida y el ecosistema. Y es que intentar manipular la naturaleza e incluso contrariarla -máxime con los escasos conocimientos actuales- se antoja muy peligroso.




El Grupo ETC -organización sin ánimo de lucro dedicada a la conservación y promoción de la diversidad cultural y ecológica que realiza una minuciosa labor de seguimiento de estas nuevas tecnologías así como del comportamiento de los gobiernos y las grandes corporaciones -en colaboración con la Fundación Heinrich Böll, el Partido Verde alemán y numerosas organizaciones y movimientos sociales de África, Asia e Iberoamérica- define la Biología Sintética en uno de sus documentos como “una ingeniería biológica asistida por ordenadores para diseñar y construir nuevas formas de vida sintéticas, partes vivas, artefactos y sistemas que no existen en la naturaleza” añadiendo que asimismo abarca “el rediseño de organismos ya existentes mediante esas mismas técnicas”. 

Pues bien, el Grupo ETC ya ha avisado de que, sin fundamento real. “los biólogos intentan convencernos de que es posible un enfoque predictivo de la biología al usar partes que supuestamente están bien caracterizadas y exhibirán pues el comportamiento predicho en el organismo de diseño”.

Con el fin de complementar el artículo entrevisté a Manuel Porcar, que coordina un grupo de investigación de Biotecnología y Biología Sintética en el Instituto Cavanilles, y a Emilio Cervantes, biólogo y jefe del servicio de Microscopía Confocal e Imagen del CSIC. El primero comenzó respondiendo razonablemente a las preguntas hasta el momento en que mencioné a la Dra. Mae-Wan Ho y al profesor Máximo Sandín a quienes dedicó descalificaciones impropias de un científico. Cuándo le pregunté por los peligros de la biología sintética explicándole las argumentaciones de científicos críticos con esa disciplina, su respuesta fue: “no tengo nada que decir sobre pseudociencias ni comentarios religiosos”.

Afortunadamente, no todos los científicos son iguales ni actúan del mismo modo. Emilio Cervantes nos explicó, entre otras cosas, que “la Biología Sintética es Ingeniería Biológica; es pues mera Biotecnología aunque algunos usen otros términos para plantear diferencias que no existen y hablar de una "nueva disciplina". No es así por muchos juegos de palabras que utilicen. Modificar seres vivos -microorganismos principalmente- es lo que lleva haciendo la Biotecnología desde su desarrollo. Y producir alimentos transgénicos, medicamentos, biocombustibles... Intentándose al principio que se trabajase de acuerdo con unos principios éticos y controles -los llamados Protocolos de Asilomar-  pero ahora parece que no hay límite”.

Jesús García Blanca
Discovery Dsalud, 192. Abril, 2016.

sábado, 2 de mayo de 2015

Los transgénicos alteran la flora intestinal

Los transgénicos pueden alterar la flora bacteriana intestinal y producir numerosas patologías.

La Comisión del Codex Alimentarius, organismo que sugiere los criterios por los que luego se rige la comunidad internacional en materia de seguridad alimentaria e integran personas designadas por la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ya reconoció en 2009 que los organismos genéticamente modificados no solo dañan el medio ambiente sino que pueden alterar la flora bacteriana intestinal dando lugar a numerosos problemas de salud: migrañas, alergias, dolores, cansancio crónico, depresión, patologías intestinales, cardiopatías, trastornos inmunes... ¿Por qué se permiten entonces? Y sobre todo, ¿por qué no se informa a la ciudadanía?




"La salud ya no es un estado natural del ser humano, es un negocio". Entrevista a Jordi Medina

Hace 5 años, Jordi Medina abandonó su trabajo, se quedó sin un céntimo, tocó fondo y decidió recorrer el mundo sin dinero. Y sin los agobios y preocupaciones de la vida cotidiana empezó a hacerse preguntas esenciales de todo el que busca sentido a la vida iniciando así un viaje físico y espiritual en el que se replanteó sus creencias y convicciones. Y lo que fue encontrando le gustó cada vez menos dándose cuenta de que nuestra sociedad vive inmersa en una gigantesca trama creada y desarrollada por grupos que controlan el poder en todo el planeta. Interiorizados los nuevos conocimientos y habiendo expandido su conciencia se hizo vegano y ecologista, se declaró en rebeldía y terminó transformándose en un activista social dispuesto a luchar contra lo que denomina Sistema Mercantil Totalitario.


Jesús García Blanca
Los transgénicos pueden alterar la flora bacteriana intestinal
y producir numerosas patologías.
Entrevista a Jordi Medina: "La salud ya no es un estado natural
del ser humano, es un negocio".
Discovery DSalud, 182. Mayo, 2015.

viernes, 10 de octubre de 2014

Ébola: ¿otra falsa pandemia?

Todo parece indicar que varias multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas han implementado de nuevo -con la complicidad de las agencias estadounidenses de salud y de la desprestigiada Organización Mundial de la Salud- otra supuesta pandemia.

Con la habitual estrategia: sembrar el terror ante otra amenaza -tan invisible como incontrolable- que asegure el negocio a corto, medio y largo plazo. Terror con el que "animar" a millones de personas a vacunarse "preventivamente" o a tomar "novedosos" fármacos "experimentales" cuando estén infectados cuya eficacia solo se podrá constatar tras utilizarles como cobayas humanas.

Terror que en este caso quiere propagarse usando el Ébolavirus Zaire en una representación que va a contar con los mismos actores protagonistas y de reparto, y en la que miles de víctimas harán de extras prescindibles. ¿Volverá a caer la sociedad en la trampa como ya pasó con la gripe A? ¿Volverán los medios de comunicación al servicio del poder a hacerles el juego?



Jesús García Blanca
Artículo publicado en el número 175, octubre de 2014
de la revista Discovery DSalud.

viernes, 3 de octubre de 2014

El TTIP abrirá la puerta a los transgénicos

Estados Unidos forzará la entrada de transgénicos en Europa
Proyectos de Ley en Rusia para prohibir los transgénicos y potenciar la agricultura ecológica


El acuerdo de libre comercio que Europa está a punto de firmar con Estados Unidos -denominado Asociación de Comercio e Inversión Transatlántica- permitiría la comercialización en el viejo continente de productos transgénicos y sustancias peligrosas hasta hoy prohibidas -como algunos pesticidas y hormonas- lo que ha llevado a la aparición de un movimiento global de oposición y a un grupo de médicos y científicos a publicar una carta abierta dirigida a Ángela Merkel para que se impida tal posibilidad dado el peligro que representa para la salud.

Una reacción que también ha tenido lugar en Rusia, donde se han presentado ante el Parlamento varios proyectos de ley que intentan prohibir el cultivo y comercialización de organismos genéticamente modificados e impulsar la agricultura orgánica. Es más, el Consejo de la Federación Rusa solicitará a la ONU que se cree una agencia internacional que controle su distribución en el mundo y valore sus efectos negativos a largo plazo.

Jesús García Blanca
Artículo publicado en el número 175, octubre de 2014
de la revista Discovery DSalud.

miércoles, 2 de abril de 2014

La ingeniería genética no tiene base biológica

Desmontando la obsoleta base biológica de la tecnología transgénica.

Que la oposición a los alimentos transgénicos ha crecido en todo el mundo por los enormes riesgos de su consumo para la salud y el medio ambiente es bien conocido. Lo que no lo es tanto es que las llamadas "terapias génicas" y otras promesas de la Biotecnología tampoco están ofreciendo los resultados anunciados. Es más, empieza a plantearse seriamente que están detrás de muchas deformaciones, retrasos en el crecimiento, daños en el sistema inmune y patologías -cáncer incluido- entre otros problemas de salud y medioambientales.


La Nueva Biología reniega de los obsoletos conceptos mecanicistas y considera que la Ingeniería Genética no solo está condenada al fracaso sino que representa un enorme peligro para el futuro de la humanidad.

Jesús García Blanca. Artículo publicado en el número 170 (marzo, 2014) de Discovery DSalud.

Artículos relacionados:
http://saludypoder.blogspot.com.es/2013/12/creciente-rechazo-los-transgenicos.html


viernes, 6 de diciembre de 2013

Creciente rechazo a los transgénicos


El rechazo a los organismos géneticamente modificados crece día a día, incluso en España donde organizaciones campesinas y agricultores se oponen abiertamente a su cultivo. Es más, mientras algunos gobiernos prohíben ya experimentar con ellos y cultivarlos en sus territorios, organizaciones ecologistas denuncian abusos de las empresas que los comercializan y científicos independientes alertan de sus peligros a un público cada vez más concienciado que rechaza mayoritariamente su consumo. De hecho, numerosas naciones les han cerrado ya sus fronteras, incluyendo a los alimentos meramente sospechosos de estar contaminados. Lo singular es que ahora empieza además a saberse que su rendimiento es menor.

PRODUCTOS TÓXICOS Y MORTALES DE MONSANTO:
Los transgénicos son la última "aportación" de Monsanto en una larga lista de venenos lanzados al medio ambiente o introducidos en los organismos de millones de seres humanos sin que a sus responsables les haya pasado nunca nada. Estos son algunos de ellos comentados en el artículo: Bifenilos Policlorados (PCBs), Poliestireno, DDT, Dioxinas, Agente Naranja, Abonos a base de petróleo, RoundUp, Hormona de crecimiento bovino y Aspartamo.

Jesús García Blanca

Artículo publicados en el número 166 (diciembre, 2013) de Discovery DSalud
http://www.dsalud.com/index.php?pagina=sumario_166

lunes, 3 de junio de 2013

La pesadilla de los transgénicos

Clarificador y contundente artículo del bioantropólogo Máximo Sandín sobre la crisis alimentaria global y la capacidad destructiva de los transgénicos y sus impulsores.

Web del autor: Somos Bacterias y Virus: http://www.somosbacteriasyvirus.com/
Las imagenes pertenecen a las últimas movilizaciones contra Monsanto.
Galería completa: http://actualidad.rt.com/galerias/actualidad/view/95503-monsanto-gmo-transgenicos?i=118053



LA PESADILLA DE LOS TRANSGÉNICOS
Máximo Sandín


“Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población”. Henry Kissinger

La diversidad de los cultivos de todo el Mundo se está reduciendo a un ritmo de “extinción masiva”. Según informes de la FAO, en el último siglo se ha perdido el 75% de las variedades agrícolas que se cultivaban habitualmente. Desde el punto de vista ecológico, la pérdida de variedad en cultivos disminuye la capacidad de resistencia y adaptación a los cambios climáticos y a las enfermedades.  Es decir, la Humanidad se puede enfrentar, en pocos años, a una crisis alimentaria global.

Pero, ¿dónde está el origen de esta locura? Veamos algunos datos: La llamada “revolución verde” fue, posiblemente, el primer exponente a gran escala  de la estrecha y profunda relación entre las bases conceptuales del darwinismo y el modelo económico de Adam Smith, y de la similitud de sus consecuencias. Financiada por la Fundación Rockefeller y el Banco Mundial, e impulsada, a partir de los años 50 por Norman Borlaug (que recibió por ello el Premio Nobel de la Paz en 1970) y basada científicamente en el reduccionismo genético darwinista, consistió, esencialmente, en el uso de semillas seleccionadas de alto rendimiento, no importa cuales fueran las condiciones ambientales del terreno, y grandes cantidades de abonos químicos y pesticidas. Aunque, inicialmente se apreció un descenso en la proporción de personas desnutridas en el Tercer Mundo, que se estimó en un 16%, y fue el logro que justificó el Nobel para Borlaug, pronto, los efectos del “libre mercado” y del reduccionismo científico se hicieron patentes. El alto precio de las semillas mejoradas, de los fertilizantes y los pesticidas hizo que muchas pequeñas explotaciones no pudieran competir con los grandes propietarios. Sólo en Estados Unidos, el número de granjas se ha reducido a un tercio y la mayoría de las que hay son grandes empresas mecanizadas, en gran parte, propiedad de multinacionales de la alimentación. Los efectos fueron aún más desastrosos en el Tercer Mundo, en el que la concentración de la tierra en pocas manos ya era considerable, pero, además, aumentaron los precios por el alto costo en productos químicos y maquinaria, que fueron los auténticos beneficiarios de la “revolución”. Sin embargo este es sólo uno de los problemas derivados de la concepción reduccionista y mercantilista de la Naturaleza: la producción comenzó a disminuir en muchas partes y aumentaron las plagas. Como solución, tuvo que aumentarse de forma continua el uso de fertilizantes y plaguicidas. Y esto, para lograr, con suerte, los mismos resultados, porque los abonos químicos destruyen la fertilidad natural del suelo, en la que las bacterias y los hongos tienen un papel fundamental, y además, los plaguicidas “generan” plagas cada vez más resistentes. Con el tiempo, la tierra acaba por perder su capa orgánica y convierte a la tierra en inutilizable.

En otra vuelta de tuerca, desde mediados de los años 90, y también impulsadas por la Fundación Rockefeller, se comenzaron a cultivar semillas modificadas genéticamente y patentadas. El objetivo era claro, como se está demostrando por los resultados, si se consigue implantar este tipo de cultivo se puede llegar a controlar la alimentación mundial. En efecto, en 2009, las cinco mayores compañías agroquímicas, Monsanto, Du Pont, Syngenta, Dow Chemical y Bayer controlaban el 58% de las ventas mundiales de semillas, y diez empresas, el 95%, de las que el 21% eran, entonces, transgénicas. El cebo para atraer a los agricultores consistía en reducir el número de los perniciosos herbicidas que utilizaban en sus cultivos mediante semillas modificadas genéticamente para hacerlas resistentes a un potente y peligroso herbicida, el Glifosato bajo el nombre comercial de Roundup, que sería el único herbicida necesario. Esto obligaba a los agricultores a comprar a estas compañías los dos productos. Para asegurar las ventas anuales, Monsanto obligaba a firmar a sus clientes un contrato draconiano por el que se comprometían a no replantar, como se hacía tradicionalmente,  las semillas producidas y a comprarlas de nuevo al año siguiente. Por si esta estrategia no fuera suficientemente indicativa de sus verdaderas intenciones, después de persecuciones y presiones vergonzosas de tipo mafioso a los agricultores que utilizaban sus semillas para replantar, Monsanto introdujo un nuevo “monstruo” genético en sus semillas: el “gen terminator”, una secuencia genética que convertía a las semillas procedentes de sus cultivos en estériles.

El siguiente paso, una vez controlado el mercado de las semillas, fue subir progresivamente su precio. Por ejemplo,  el precio de semillas por acre cultivado (Fuente: USDA Economic Research Service) subió de 1975 a 2011 de 8,32 dólares a 56,58 para la soja, de 9,30 a 86,16 para el maíz, etc., lo que provocó la ruina de millones de pequeños agricultores en todo el mundo (principalmente en la India y Latinoamérica), al no poder hacer frente a los crecientes gastos. La consecuencia: una nueva expansión de grandes monocultivos industrializados pertenecientes a grandes corporaciones, también muchas veces de las propias compañías de semillas y agroquímicos. Actualmente, estas grandes compañías están comprando las mejores tierras de África para este tipo de cultivos, alejando aún más a la población de sus posibilidades de acceso a la alimentación. Un alejamiento acentuado porque productos básicos en la alimentación como trigo, maíz, azúcar… han pasado a cotizar en la Bolsa (véase la Bolsa de Chicago), donde se especula con los precios contando con información privilegiada procedente de los satélites artificiales.

Parece que ya tienen muy avanzado su objetivo. Pero esa es sólo una parte del problema, por grave que sea. La Evaluación Internacional del Papel del Conocimiento, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (IAASTD), llevada a cabo por más de 400 científicos independientes durante más de 4 años, han afirmado categóricamente que el futuro de la seguridad alimentaria no se encuentra en la ingeniería genética. “La ingeniería genética es una tecnología imprevisible, ya que se basa en malas prácticas científicas, reducionista y mecanicista, que no tiene en cuenta la complejidad y la autoorganización de los seres vivos”. El término “científico independiente” produce una cierta inquietud, porque implica que hay científicos “dependientes”, pero veamos en qué se basan esas afirmaciones: los datos científicos sobre la naturaleza y el control de la información genética están mostrando que es de una enorme complejidad imposible de controlar. Una secuencia genética puede dar lugar a cientos o miles de proteínas diferentes mediante la combinación de sus componentes en función de las condiciones ambientales. Por otra parte, su “significado” está controlado por el conjunto del genoma, por lo que la misma secuencia puede tener funciones diferentes según el organismo en que se exprese (se han encontrado en los erizos de mar y en las anémonas “genes” supuestamente relacionados en el hombre con enfermedades como distrofia muscular, corea de Huntington… incluso un supuesto “gen”  responsable del cáncer de mama). El reflejo de estos fenómenos en las prácticas de la llamada “ingeniería” genética se pudo comprobar, por ejemplo, cuando se intentó transferir el “gen” del pigmento rojo del maíz a la petunia; las flores se pusieron rojas, pero además las plantas tenían más brotes, más hojas, mayor resistencia a los hongos y baja fertilidad. Pero entre las consecuencias no buscadas, una muy digna de tener en cuenta son los nuevos productos derivados de una alteración genética no natural. Proteínas producidas por plantas modificadas genéticamente han mostrado tener una alta concentración de metabolitos tóxicos que han producido fuertes reacciones alérgicas y, en algunos casos, como en de la producción de L-Triptófano, “suplemento dietético” que se obtuvo en Estados Unidos a partir de bacterias modificadas genéticamente, la muerte de 37 personas y más de 1500 con daños permanentes. Y lo difícil es reconocer los efectos acumulativos o de consecuencias a largo plazo de estas proteínas “artificiales”. El 19 de Mayo 2009, la Academia Americana de Medicina Ambiental emitió un comunicado que, al parecer, pasó desapercibido para los medios de comunicación, en el que concluían: “hay más que asociaciones casuales entre los alimentos GM y efectos adversos en la salud” y que “los alimentos GM representan un serio riesgo en las áreas de la toxicología, alergias, la función inmune, la salud reproductiva, metabólica, fisiológica y genética”.

Por si estos peligros no fueran suficientes, el herbicida Roundup, derivado del “Agente naranja”, ya  producido por Monsanto y Dow Chemical, que devastó las selvas de Vietnam   y produjo graves malformaciones e incluso caída de la piel en miles de vietnamitas, está mostrando unos efectos cada día más alarmantes. Además de destruir la biodiversidad de plantas silvestres, como ha denunciado repetidamente la activista india Vandana Shiva, ha resultado, como era de esperarse, tóxico para las personas y animales en contacto con él o que consuman productos rociados con este herbicida. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Berkeley en 1999 “revela evidencias actualizadas de daños pulmonares, palpitaciones, náuseas, problemas de fertilidad, anomalías cromosómicas y otros muchos efectos sobre la salud debido a la exposición al herbicida Roundup”.

Existen centenares de estudios científicos muy bien documentados sobre todos estos aspectos que, extrañamente, o quizás, no tanto, si tenemos en cuenta el inmenso poder económico y, por tanto, político, de las grandes corporaciones de los transgénicos (que, mediante la política de “puertas giratorias” se han infiltrado en los organismos internacionales),  son ignorados por los grandes medios de información, incluidas revistas científicas “prestigiosas”, y cuando alguno de ellos logra llegar a la opinión pública es ferozmente atacado y devaluado científicamente por los “rigurosos”  e “imparciales” medios “oficiales”, como ha ocurrido recientemente con un estudio que demostraba fehacientemente que el consumo de maíz transgénico provocaba, a largo plazo, cáncer en ratones.  Pero hay algunos que, por su repercusión económica, que es, al parecer, la única que resulta digna de atención, sí ha llegado a los medios de comunicación: en 2009, en Estados Unidos, una planta considerada como “mala hierba”, el amaranto, una planta sagrada en las culturas precolombinas y con un considerable aporte proteico, adquirió, por “transferencia horizontal” el “gen” de resistencia al Glifosato de la soja transgénica e “invadió” los cultivos (una especie de “justicia poética”), con lo que, en aquellas fechas, tuvieron que abandonar 5.000 hectáreas de cultivo y otras 50.000 estaban gravemente amenazadas. Esta “contaminación genética” ya ha dado muestras de su peligro en otras ocasiones: en 2011 se informó de que el gusano del maíz había desarrollado resistencia a la proteína Bt del maíz transgénico de Monsanto, que contiene una proteína de la bacteria Bacillus thuringiensis tóxica para el gusano. Es decir, los “genes” introducidos en los organismos transgénicos mediante bacterias, virus y plásmidos escapan de las plantas y  pasan  otros organismos y a las bacterias del suelo, ya que están optimizados para transferir información genética.

Y este es uno de los más graves peligros de estas prácticas de supuesta “ingeniería” genética a los que nos enfrentamos, porque las consecuencias de esta “contaminación genética” son imprevisibles. Los suelos están repletos de millones de bacterias y virus que intercambian información genética y cumplen una función esencial en los ecosistemas. Se han estimado hasta cien millones de bacterias por gramo de tierra, sin las cuales no podrían existir las plantas. Las bacterias del suelo “reciclan” los productos de desecho y los organismos muertos y “limpian” las sustancias tóxicas y hacen disponible el nitrógeno de la atmósfera para las plantas. Entre ellas siempre están los virus, en una cantidad entre cinco y veinticinco veces mayor, que son, junto con los plásmidos bacterianos,  los que intercambian información genética entre las bacterias y controlan sus ecosistemas. Sencillamente, no podemos prever a dónde nos va a llevar este envenenamiento progresivo de los ecosistemas terrestres, pero seguramente las consecuencias no van a ser precisamente positivas.


Una información más, para finalizar. En el resto de Europa, los transgénicos están desapareciendo por el rechazo político y social. En Alemania, el maíz transgénico Bt de Monsanto está prohibido por la constatación de que contaminaba campos vecinos, y se han encontrado restos de maíz transgénico en la miel de las abejas de la zona además de que también mataba a abejas, mariposas y otros insectos. En España, no se puede saber si por ignorancia o por corrupción de sus responsables (no se puede decir cuál de los motivos es peor), sólo de maíz, hay más de 116.000 hectáreas de cultivos transgénicos, en las que se experimenta con más de 16 variedades, y se importan millones de toneladas de soja transgénica. También se está experimentando con el cultivo de patatas transgénicas, y las mieles contaminadas por transgénicos están causando el rechazo a este producto en Europa.

Las pesadillas tienen la ventaja de que se puede despertar. En nuestro caso, no podemos despertar, porque se trata de una terrible realidad. Y si no nos enfrentamos con decisión a este envenenamiento ecológico, orgánico y mental a que nos tienen sometidos las grandes corporaciones y sus acólitos, el futuro de nuestros hijos estará gravemente comprometido.

Me voy a permitir finalizar con un comunicado emitido por el Foro Internacional Sobre Soberanía Alimentaria del año 2002: «La Soberanía Alimentaria es el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, pesqueras, alimentarias y de tierra que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias únicas. Esto incluye el verdadero derecho a la alimentación y a producir los alimentos, lo que significa que todos los pueblos tienen el derecho a una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, y a la capacidad para mantenerse a sí mismos y a sus sociedades».

lunes, 27 de mayo de 2013

¿Quién está detrás del Codex Alimentarius?

Las directrices impuestas por el Codex Alimentarius y la OMC benefician al modelo médico dominante reforzando sus dogmas y criminalizando las terapias naturales y tradicionales.


El Codex Alimentarius se presenta en su propia página web como una institución creada por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura con el fin de establecer criterios internacionales que regulen la producción y comercialización de alimentos con vistas a velar por la salud de los consumidores.

Sin embargo, son numerosas las evidencias que apuntan a que más bien se trata de un instrumento de poder en manos de las mismas familias que crearon el imperio de la industria farmacéutica y actualmente controlan también la industria alimentaria y la biotecnológica ejerciendo una influencia destructiva determinante


Y el engranaje en el que está atrapada la alimentación mundial tiene otras piezas. Es el caso del papel protagonista que juega otro organismo internacional creado por los dirigentes de las grandes corporaciones y entidades financieras y que se caracteriza por su total falta de transparencia: la Organización Mundial de Comercio.


Jesús García Blanca.

Artículo publicado en el número 161 (junio, 2013) de Discovery DSalud.
www.dsalud.com

Artículos relacionados:

sábado, 27 de abril de 2013

Big Food: contaminación y corrupción


Adulteración y contaminación intencionada del agua y los alimentos
CIENTÍFICOS CENSURADOS POR DENUNCIARLO




Algunas multinacionales están adulterando y contaminando alimentos y suministros de agua amparadas por leyes que permiten incluso encarcelar a quienes se atrevan a criticar sus productos una vez los han aprobado los gobiernos.

Así lo denuncia el microbiólogo Shiv Chopra, asegurando que son ya 76 millones de personas en Estados Unidos las que padecen cada año infecciones de origen alimentario de las que 5.000 mueren; añadiendo que en Canadá la tercera parte de la población sufre asimismo patologías originadas por la alimentación.

Cada vez son más lo científicos perseguidos por denunciar un peligro que solo se explica porque la corrupción alcanza incluso a la judicatura.

Según la FAO, 868 millones de personas sufren hambre y desnutrición; mientras que según la OMS hay 1400 millones de adultos mayores de 20 años con exceso de peso de los que 500 millones son obesos.

Relatamos los casos de Shiv Chopra, Arpad Pusztai, Ignacio Chapela, Andrés Carrasco y Gilles-Eric Seralini, cinco científicos de primera línea censurados y presionados por desvelar los peligros de hormonas, antibióticos, pesticidas, residuos de mataderos y organismos modificados genéticamente, y poner de manifiesto la corrupción existente en instituciones, organismos internacionales y gobiernos.


Jesús García Blanca.

Artículo publicado en el número 160 (mayo, 2013) de Discovery DSalud.
www.dsalud.com

jueves, 28 de marzo de 2013

Guerra global contra Monsanto


España, país europeo con más cultivos transgénicos



Monsanto es la primera multinacional fabricante de transgénicos y además -según el grupo ETC- la principal empresa de semillas del mundo, ocupando ya el quinto lugar en la producción de agroquímicos a pesar de que cada año se acumulan más denuncias contra ella porque sus semillas y transgénicos se relacionan cada vez más con enfermedades, muertes, contaminación, destrucción del medio ambiente, privatización de tierras, amenazas a campesinos y desplazamientos de pueblos indígenas.

Hay iniciativas populares surgidas en Iberoamérica (Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Guatemala y Haití), la India, África, Europa y Estados Unidos, puestas en marcha para luchar contra una multinacional que no ha dudado en imponerse a la comunidad internacional usando su poder económico y político.


Los gobiernos españoles -tanto los del PSOE como los del PP- se han puesto simple y llanamente al servicio de las multinacionales como Monsanto, siguiendo instrucciones del gobierno estadounidense. Somos el único país de Europa con cultivos transgénicos a gran escala y, peor aún, el mayor campo de experimentación de las empresas de biotecnología. El gobierno español dedica sesenta veces más dinero a financiar transgénicos que a investigar en agricultura ecológica.



Jesús García Blanca.

Artículo publicado en el número 159 (abril, 2013) de Discovery DSalud.