Mostrando entradas con la etiqueta Ernesto Sabato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ernesto Sabato. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de abril de 2020

Sabato, la resistencia y la esperanza

Hoy, 30 de abril, se cumplen nueve años de la muerte de uno de mis más queridos escritores, Ernesto Sabato. No diré nada más. Dejaré que sus palabras hablen hoy por mí, o hablaré yo a través de ellas, extraídas todas de ese librito que publicó hace veinte años, cuando parecía que ya no le quedaba más por decir y resultó que aún le restaba lo más importante: La Resistencia.



Hay días que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días.

Hay algo que no falla y es la convicción de que --únicamente-- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.

Porque a medida que nos relacionamos de manera más abstracta, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios.

La falla central que sufrió la medicina proviene de la falsa base filosófica de los tres siglos pasados, de la ingenua separación entre alma y cuerpo, del cándido materialismo que conducía a buscar toda enfermedad en lo somático. El hombre no es un objeto físico, desprovisto de alma, ni siquiera un simple animal: es un animal que no solo tiene alma sino espíritu, y el primero de los animales que ha modificado su propio medio por obra de la cultura. Como tal, es un equilibrio --inestable-- entre su propio soma y su medio físico y cultural. Una enfermedad es, quizá, la ruptura de ese equilibrio.

El hombre no ha tenido tiempo para adaptarse a las bruscas y potentes transformaciones que su técnica y su sociedad han producido a su alrededor y no es arriesgado afirmar que las enfermedades modernas sean los medios de que se está valiendo el cosmos para sacudir a esta orgullosa especie humana.

La educación no está independizada del poder y por lo tanto, encauza su tarea hacia la formación de gente adecuada a las demandas del sistema.


Asistimos a una quiebra total de la cultura occidental. El mundo cruje y amenaza con derrumbarse, ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación.

Muchos afirmarán que lo mejor es no involucrarse, porque los ideales finalmente son envilecidos como esos amores platónicos que parecen ensuciarse con la encarnación. Probablemente algo de eso sea cierto, pero las heridas de los hombres nos reclaman.

Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.

El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.

[Salvo la introducción en cursiva, todo el contenido de esta entrada está extraído de "La Resistencia" en su edición de Seix Barral de 2000, que aparece en la fotografía]

En Las Escrituras de la noche:
Sabato ha muerto