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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Wilhelm Reich: Un científico rebelde contra la dictadura médica que amenaza la vida

Comparto el texto íntegro del artículo publicado en el número 78 (Octubre 2021) de la revista italiana Scienza e Conoscenza con motivo del relanzamiento por la Editorial Macroedizione de las traducciones italiana y francesa de mi libro Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía (publicado originalmente en castellano por la Cauac en 2017.




Wilhelm Reich: Un científico rebelde contra 
la dictadura médica que amenaza la vida


“Hay algo que no falla y es la convicción de que únicamente los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana. Porque a medida que nos relacionamos de manera más abstracta, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios”.

Ernesto Sabato. La Resistencia.


Dramáticas palabras por lo que tienen de profético escritas hace más de veinte años. Pocos podrán dudar de que estamos inmersos en una crisis sin precedentes que afecta a la totalidad del planeta y que no deja resquicio para escapar a la minoría de personas que por una razón u otra nos hemos hecho conscientes de la agresión brutal contra la humanidad que se desató en diciembre de 2019.

Por su propia naturaleza, es imposible comprender lo que está sucediendo desde una perspectiva médica o biológica, incluso científica en el sentido amplio de la palabra.

Estamos ante una herramienta de poder que solo puede analizarse desde una perspectiva global que incluya la mirada sociopolítica y el análisis de las relaciones de poder.

Y como suele suceder en estos casos, el reto no es explicar por qué mandan los de Arriba, sino por qué obedecen los de abajo, y la clave nos la dio Wilhelm Reich hace casi cien años, en un libro publicado originalmente en 1933 y ampliado años después, un libro que fundó una disciplina dedicada a la psicología social y que sigue siendo fundamental para entender el comportamiento de las sociedades humanas, incluyendo la aceptación resignada de la violación de derechos fundamentales y la agresión contra nuestra salud y nuestra vida. Se trata de Psicología de Masas del Fascismo que en un principio se refería al ascenso del nazismo en Alemania y que posteriormente Reich extendió a cualquier régimen político autoritario incluyendo la URSS y Estados Unidos.

MI “ENCUENTRO” CON REICH

Teniendo yo 17 años me encontré con un libro de cubierta aburrida y muy deteriorado perteneciente a la Biblioteca de Psicología Profunda de la Editorial Paidós cuyo título llamó mi atención por lo enigmático: La función del orgasmo. El descubrimiento del orgón. Aunque entendí bien poco de lo que allí se decía, el tono peculiar del texto —entre diario vital, reportaje científico y crítica filosófica— hizo que quedara fascinado para siempre por su autor: Wilhelm Reich.

Reich me llevó a A. S. Neill y su visión radical de la educación, lo que me impulsó a seguir magisterio y a desarrollar una vida profesional llena de contradicciones al convertirme en funcionario educativo estando totalmente en contra de la tarea que se supone debía realizar y del modo de realizarla. Pero además, la lectura de las obras de Reich —las pocas que en aquellos años se habían traducido al castellano— me impulsó a explorar una multitud de caminos en los campos de la educación, la ecología y la salud, lo que terminaría determinando mi actividad durante más de 25 años como escritor de investigación.

Pero la cosa no termina aquí. De alguna forma Reich ha venido influyendo en mi vida desde aquel 1977 y le debo sin duda la forma en que me he relacionado y me relaciono con mis hijos así como mi aproximación crítica a la realidad, mi rebeldía, mi cuestionamiento sin concesiones de la autoridad en todos los sentidos.

Se puede decir que Reich fue el primero de un puñado de autores que he ido conociendo, con los que he ido dialogando y que finalmente he ido guardando en una especie de “caja de herramientas” que utilizo habitualmente en mi trabajo de investigación social conectada con la salud, la enfermedad, la medicina, la biología y la vida en su sentido más amplio.

De hecho, el descubrimiento clave de Reich fue la presencia constante de la energía de la vida fluyendo en todas partes y conectando cada ser vivo con el cosmos. Esa energía, que Reich denominó Orgón, era al mismo tiempo la energía que tradiciones ancestrales habían llamado Ki o Prana, la fuerza de la que venían hablando las corrientes vitalicias y la Líbido que Freud concebía de un modo casi metafórico.

Reich consiguió hacer visible esa energía que relacionaba sus primeras inquietudes sobre la concepción freudiana de la neurosis, su teoría sexual, sus preocupaciones sociopolíticas, sus experimentos sobre el origen de la vida, su concepto de salud y enfermedad y la importancia crucial de la autorregulación en la crianza. Si fue perseguido hasta su muerte fue porque su lucidez ponía en peligro el statu quo de los poderosos al desvelar el origen del sufrimiento y de la sumisión.




EL ORIGEN DE LA OBEDIENCIA

La respuesta de Reich al enigma de la obediencia fue tan simple como profunda: “todo orden social produce en la masa de sus componentes la estructura de carácter que necesita para alcanzar sus fines” y puesto que los fines de la minoría en el poder consisten básicamente en mantenerse donde están, controlar al resto y disfrutar de sus privilegios, la estructura de carácter que necesitan es la sumisión, la obediencia, la incapacidad crítica…

Los antiguos helenos de las polis clásicas llamaban “ἰδιώτης” (“idiotés”, “idiota”), a los ciudadanos que no acudían a la asamblea y por tanto dejaban a los demás la decisión de los asuntos públicos. Por su parte, Reich, en su libro Escucha, pequeño hombrecito utiliza una expresión más precisa y radical: “esclavos de no importa quien”.

Es cierto que el falso relato en torno al coronavirus y el miedo que lo acompaña como ingrediente inexcusable, se ha impuesto por la manipulación de unos grandes medios de comunicación al servicio de grupos de poder que dominan el mundo, pero eso no es posible conseguirlo con miles de millones de personas si no existe una condición previa: que esas personas hayan sido moldeadas para aceptar cualquier cosa por absurda que sea y por mucho que pueda perjudicarles a ellos o a sus hijos. La manipulación y la mentira son reales pero no bastan; la presión y la amenaza no son suficientes; el miedo y la incapacidad para rebelarse no son fruto de la improvisación, son elementos que se implantan desde el mismo momento en que los seres humanos son concebidos. Solo así cumplen su función al servicio del poder.

Los idiotas son pues el paradigma de la dejación, que juega un papel fundamental en nuestra historia, de hecho, la inmensa mayoría no es ignorante, por el contrario sabe lo que tiene que saber, es decir, lo que está mandado que sepa. La mayoría son más bien idiotas, es decir, pasivos, acríticos, incapaces de hacerse preguntas y tomar decisiones. Una vez fabricado el ciudadano idiota, esclavo de no importa quien, no existe dificultad especial en conseguir que acepte como dogma cualquier cosa por absurda que pueda ser.

FUNDAMENTALISMO CIENTÍFICO

Como explicaba el mismo Ernesto Sabato, el ser humano está más dispuesto a creer algo cuanto menos lo entiende, de modo que el discurso de la ciencia, controlado por el poder, progresivamente más abstracto y especializado, ha conseguido imponerse como discurso de verdad que la inmensa mayoría acepta sin discusión, dándose así la paradoja de que el método científico que se presentaba como contrapartida de la religión y las creencias se ha convertido él mismo en una creencia universalmente aceptada.

Durante los siglos de desarrollo de la ciencia moderna, el debate sobre el conocimiento de la naturaleza enfrentó las explicaciones teológicas, mágicas, sobrenaturales, con las materialistas, objetivistas y positivistas representadas por el método científico. Pero Reich encontró y desarrolló un camino intermedio para la observación, la experimentación científica y la elaboración de teorías, un camino que utiliza los elementos racionales del método científico pero sin caer en el mecanicismo, lo que le permitió señalar los errores de las dos posiciones extremas y mantener a lo largo de su vida un eje central de coherencia que conectaba sus descubrimientos entre sí y con el propio método de investigación.

Para Reich, el ser humano acorazado es un individuo-máquina que percibe las cosas desconectadas de modo que su concepción de la naturaleza y de los seres vivos no puede ser más que mecanicista, su pensamiento y las herramientas que construye para experimentar son mecanicistas y él mismo se concibe con una pieza de esa gigantesca máquina que sería el universo. Ese individuo-máquina no puede comprender el movimiento que es la esencia de lo viviente. De ahí que la ciencia moderna, huyendo del misticismo haya caído en el mecanicismo que ignora lo esencial de la vida: las emociones y el movimiento, el flujo y la pulsación.

Reich plantea que únicamente desde el contacto con lo vivo puede entenderse la vida. Por eso denominó a ese método funcionalismo orgonómico: orgonómico porque es la energía orgánica la que está en la base de todo lo vivo, y funcionalismo porque es precisamente el hecho de que todos los seres vivos funcionen con leyes comunes lo que facilita la conexión de un organismo vivo que investiga y busca respuestas con otros organismos y con la naturaleza en sí misma.

Ese método y su descubrimiento clave: la energía orgónica, le permitieron replantear toda su visión del psicoanálisis, de la sexualidad, de la psicología social y de la autorregulación como elemento básico de construcción de la armonía social y natural, y de la prevención del sufrimiento humano.

Las implicaciones de la energía orgánica en la salud y la enfermedad lo llevaron igualmente a cuestionar los dogmas que la investigación biomédica estaba imponiendo desde principios de siglo: la Teoría Microbiana de la Enfermedad y su complemento, la idea de Inmunidad, una teoría jamás probada aunque impuesta por motivos de poder y que ha servido de base para un concepto de salud pública basado en la paranoia del contagio que actualmente justifica todas las medidas que conculcan derechos y libertades fundamentales e imponen una dictadura sanitaria a nivel mundial.

Así, los descubrimientos de Reich podrían haber cambiado el mundo, y aún estamos a tiempo de aprovechar esta crisis para ponernos a la tarea: qué otro sentido tiene una crisis si no es precisamente el de provocar, facilitar, inducir, crear las condiciones para un cambio radical…

REICH: UNA ESPERANZA PARA EL FUTURO

A pesar de la enorme variedad de campos de investigación que abrió Reich o que contribuyó a ampliar, profundizar o conectar entre sí, toda su obra puede resumirse en una celebración de la vida, un intento de comprenderla, de contribuir a respetarla y protegerla, hasta el punto de descubrir la propia energía de la vida que denominó “orgón” y que conecta todos sus trabajos, sus preguntas y sus posibles respuestas.

Y a partir de esas preguntas y respuestas podemos comprender dos aspectos claves de la pandemia lanzada por la OMS siguiendo los dictados de sus dueños, la ínfima minoría que domina el mundo:

Por una parte, la cuestión científico-médica: las investigaciones de Reich en el campo de la biología permiten comprender el error mecanicista y la falsedad de la teoría que culpa a los microbios de las enfermedades a partir de unos hallazgos con los que Reich abrió la puerta a una visión simbiótica de los microbios como claves del origen de la vida.

Por otra, la búsqueda social de Reich conectada con la represión individual que utiliza como herramienta la familia autoritaria castradora, nos permite entender el origen de la sumisión, del sufrimiento emocional, de la propia maldad humana desde los orígenes de la civilización.

La medicalización del embarazo y del parto, la separación de las criaturas desde el momento mismo de nacer y durante todo el período que Reich denominaba “período crítico biofísico” durante el cual el bebé continúa siendo un feto a pesar de haber salido del vientre materno, las distorsiones durante la crianza que provocan la formación de la coraza impidiendo el contacto natural o saludable con uno mismo y con el exterior y crea una situación de carencia emocional y alteraciones en el desarrollo biofísico que se intensifica en los años posteriores, tanto en la etapa familiar como a través de la intervención de la escuela y sus múltiples versiones de educación represiva, creando así el ciudadano obediente, pieza perfecta de la maquinaria social al servicio del poder tal como han expuesto en detalle Casilda Rodrigañez y Ana Cachafeiro en su libro La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente.




UN APUNTE FINAL SOBRE EL KALI YUGA

Todas las civilizaciones concibieron la historia como algo cíclico con períodos de luz y oscuridad, fases en las que predomina la espiritualidad, la armonía y el equilibrio, y fases en las que domina lo material, la confrontación y el desequilibrio. La tradición hindú denomina a este último período Kali Yuga, la edad oscura, en cuyas etapas finales nos hallamos actualmente según los estudiosos de la tradición como René Guénon, lo que significa que muy posiblemente estemos viviendo el final de un ciclo y quizá —quién sabe— asistamos al comienzo de uno nuevo, o puede que lo hagan nuestros hijos o nuestros nietos.

Concentrando toda su obra en unas pocas palabras que nos alienten en estos tiempos de incertidumbre podríamos decir que se trata de recuperar nuestra parte salvaje y animal precisamente para sentirnos más humanos, para conectar con los ritmos naturales y la espontaneidad de lo vivo.

Una transformación radical desde el mecanicismo a la orgonomía, a la pulsación de la vida, que acabe con el fundamentalismo científico imperante; desde la antibiosis a la simbiosis que destierre para siempre la teoría microbiana y nos enseñe a convivir con nuestros microbios que han sido la clave del origen de la vida y que siguen siendo fundamentales para la salud y el mantenimiento de nuestro equilibrio interno; desde la represión a la autorregulación que supondría el fin de los idiotas y el retorno de la ética aristotélica y su búsqueda del bien supremo como fin de la política entendida como la gestión de los asuntos de la polis, de los grupos humanos… y en definitiva, una transformación desde el totalitarismo sanitario, la corrupción, los sobornos y el control de los organismos públicos de salud a la autonomía y capacidad de decisión de la gente sobre nuestra propia salud, no como una concesión que se pueda limitar o incluso retirar si interesa al poder, sino como un derecho básico intocable: en vez de un pasivo “consentimiento informado” una activa “decisión informada”.

Quizá las ideas y los descubrimientos de Reich sufrieron un rechazo tan terrible y radical porque eran la semilla de un nuevo ciclo de la humanidad y debían esperar su momento.

Ese momento ha llegado.


BIBLIOGRAFÍA BÁSICA Y LECTURAS RECOMENDADAS

    • García Blanca, J. Wilhelm Reich: Il genio dell'energia orgonica e della liberazione sessuale. Macro Edizioni, 2018.
    • Reich, W. The Mas Psychology of Fascism. Farrar, Straus and Giroux. 1998.
    • Reich, W. Listen, Little man! Farrar, Straus and Giroux, 2013.
    • Reich, W. Children of the Future. Farrar, Straus and Giroux, 1983.
    • Rodrigañez, C. y Cachafeiro, A. La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Cauac Editorial Nativa, 2020.
    • Sandín, M. Pensando la evolución, pensando la vida. Cauac Editorial Nativa, 2019.
    • Manrique, M. Ciclos Cósmicos de la Humanidad. 

Información básica para un análisis crítico de la crisis COVID:
    • García Blanca, J. Mi investigación de la falsa pandemia: 
    • Lanka, S. Artículos sobre la Corona-crisis y el desmontaje de la Virología (WissenschafftPlus)
    • Botinas Montiel, Ll. Llamamiento a la acción adecuada: actuemos para ganar 



jueves, 11 de abril de 2019

Wilhelm Reich, un himno a la libertad


Casi simultáneamente con la publicación de la traducción italiana de mi libro sobre Reich, el grupo editorial Macro dedicó un dossier especial a Reich en su revista Scienza Conoscenza para el que me pidieron un texto especial que relatara cómo decidí escribir un libro sobre el descubridor de la energía orgónica. Reproduzco aquí la versión en castellano de ese texto.


Reich llegó a mis manos por primera vez allá por 1977. Se trataba del libro La función del orgasmo. El descubrimiento del orgón, publicado en España por la Editorial Paidos en su Biblioteca de Psicología Profunda. Aquel libro -que aún reposa protegido por un forro de plástico en mi biblioteca- me fascinó. Entendí muy poco, pero aquella mezcla de reportaje científico, diario vital y crítica filosófica me dejó atrapado y me impulsó a seguir leyendo lo que pude encontrar de su autor.

La lectura de su obra me impulsó a recorrer una multitud de caminos en los campos de la educación, la ecología y la salud, que con los años determinaron mi actividad como escritor de investigación. Reich me condujo a Neill y su carismática visión de la educación que me impulsó en su día a estudiar magisterio y que inspiró la forma en que me he relacionado con mis hijos. Y no solo eso, le debo a Reich mi aproximación crítica a la realidad, mi rebeldía y el cuestionamiento sin concesiones de la autoridad.

Y aquí estoy, cuarenta años después, procurando compartir lo que he aprendido y conseguir que este personaje excepcional logre hechizar a la mayor cantidad de gente posible. Con ese ánimo me decidí a escribir un libro que reuniera dos características básicas: que respetara al máximo las ideas y los descubrimientos de Reich con el rigor que él siempre se exigió en sus investigaciones, y que fuera accesible para personas sin formación especializada en las materias que Reich abordó.

UN LIBRO RIGUROSO Y DIDÁCTICO

Con esos objetivos me planteé un libro con tres partes bien diferenciadas en cuanto a tono, contenido y tratamiento. Una primera parte para contar la historia de Reich, en un tono novelístico que trasmite todo el dramatismo de su peripecia vital a partir de las biografías ya publicadas y de los diarios y la autobiografía del propio Reich.

En la segunda parte hago un recorrido por lo que denomino doce descubrimientos que hubieran podido cambiar el mundo... y que de hecho pueden cambiarlo si conseguimos que se abran paso entre la maraña de relaciones de poder que obstaculizan el acceso a conocimientos vitales. Cada uno de estos descubrimientos va enlazado con un itinerario de lectura que permite acceder a la obra clave de Reich y a otros libros suyos o de otros autores que profundizan en ese tema concreto.
Por último, en la tercera parte explico cual ha sido el destino del archivo de Wilhelm Reich con todo su legado intelectual, científico y humano, así como la influencia que ha tenido su obra a nivel internacional en las disciplinas en las que hizo aportaciones relevantes e incluso trascendentales: psicoterapia, psicología social, educación, medicina, microbiología, biología, ecología y muchas más.

ORGÓN: LA ENERGÍA PRIMORDIAL

Desde que comenzó sus estudios de medicina, Reich se sintió atraído por la sexualidad y el psicoanálisis y desde el principio se esforzó en plantear los trastornos y el sufrimiento de sus pacientes en términos de energía, traduciendo a una fórmula de economía energética la salud y la enfermedad, la capacidad de sentir placer o la incapacidad que se traduce en angustia debido a las defensas que la persona levantó para protegerse primero del exterior y después de sí mismo y a las que Reich denominó "coraza".

Pero Reich consideraba que los problemas no provenían de la estructura humana sino del entorno social; en otras palabras, lo que había que "curar" no era a las personas sino a una sociedad autoritaria y represora que los enfermaba. De ahí que se convirtiera en un pionero de la psicología social y planteara muy pronto cambios radicales en la forma de concebir, parir y criar a las criaturas basándose en el respeto de la autorregulación de sus impulsos y necesidades.

Huyendo de la `persecución del nazismo recorrió varios países europeos y se estableció un tiempo en Noruega donde llevó a cabo experimentos con bioelectricidad y cruzó la frontera de la biología descubriendo los fundamentos de la formación de materia viva, lo que le condujo a su descubrimiento más importante y clave de su obra posterior: la energía vital cósmica que denominó orgón.
La energía orgónica era la energía de las antiguas tradiciones, la líbido que Freud concebía de un modo casi metafórico y la fuerza de la que venían hablando las corrientes vitalistas desde hacía siglos. Reich consiguió hacerla visible y describir sus propiedades: libre de masa, presente en todas partes, en constante movimiento, puede manipularse y controlarse mediante dispositivos especiales, constituye el medio en el que se producen los fenómenos electromagnéticos y gravitacionales, forma unidades de funcionamiento tanto vivas como no vivas y es anterior a la materia que se crea a partir de ella.

Este descubrimiento lo llevó a reformular toda su teoría psicoanalítica y psicosocial y avanzar abriendo puertas insospechadas para mostrarnos las relaciones ocultas entre fenómenos aparentemente inexplicables y dispersos: las neurosis, el masoquismo, la escisión esquizofrénica, la maldad humana, la violencia, la indolencia de las masas, su abandono en manos de líderes autoritarios, la represión de la sexualidad, el maltrato a las criaturas, la educación coercitiva, el origen de la vida, los interrogantes del cáncer, los fenómenos atmosféricos, el comportamiento de los tornados o la formación de las galaxias.

CAMBIAR LA SOCIEDAD

Desgraciadamente, su honestidad provocó su trágico final: por una parte su coherencia científica y moral que lo impulsó a no detenerse jamás; por otro, fue víctima de la lógica destructiva que había cartografiado y que denominó plaga emocional, una biopatía crónica que se implanta en el ser humano desde que nace y que se manifiesta tanto a nivel individual como social pudiendo adquirir las proporciones de una pandemia, como es el caso de la Inquisición en los siglos XV al XVII o el fascismo de los años treinta del siglo XX.

Y es que todos los descubrimientos de Reich ponen en cuestión o atacan directamente las bases del sistema, y, más allá, aportan herramientas para enfrentarnos a él, argumentos para la desobediencia, conocimientos para la rebeldía.

De hecho, Reich predijo con impasible serenidad lo que iba a sucederle debido a las reacciones de la plaga contra lo viviente y contra quienes -como el propio Reich- pusieran en evidencia esas reacciones y sacaran a la luz los fundamentos de las funciones naturales del vivir. Los continuos y violentos ataques de la plaga hasta acabar con su vida demostraron efectivamente el descubrimiento social más dramático de Reich: como individuos acorazados, aislados de la naturaleza, aterrorizados de sus propios deseos, atrapados por la ira ante su impotencia, desatan el infierno de la envidia, de la difamación, de la represión contra la espontaneidad, la honestidad, la salud, la racionalidad y la verdad conectada con la naturaleza.

Son los mismos que en todas las épocas separan a los bebés recién nacidos de sus madres, los mismos que castran sus impulsos sexuales y amorosos, los mismos que destruyen su creatividad, los mismos que reaccionan con indiferencia al llanto de un bebé... son los que difaman, persiguen, queman en las hogueras reales o simbólicas a los investigadores honestos y sirven como brazos ejecutores contra la verdad al servicio de los poderes que llevan demasiado tiempo controlando el mundo.

CRIANDO A LOS NIÑOS DEL FUTURO

Frente a esos brazos ejecutores que atentan contra la vida, debemos recuperar nuestra parte animal, la que nos conecta con los ritmos naturales, con los flujos de energía, la espontaneidad y, en definitiva, con lo vivo. Reich estableció con precisión el papel de la familia patriarcal autoritaria que niega o reprime la sexualidad infantil y adolescente perturbando los flujos energético y provocando disfunciones físicas, mentales o emocionales; una labor complementada cada vez a más temprana edad por sistemas educativos basados en la disciplina, el castigo y la autoridad, la medicalización del embarazo y el parto -arrebatados a la intimidad y la sexualidad de las mujeres- y una crianza presidida por la separación de la diada madre-bebé, la imposición de protocolos médicos y el empeño en que los bebés se acostumbren, se plieguen, se amolden, se sometan de modo que los adultos acorazados satisfagan sus frustraciones y su miedo a lo vital y espontáneo y que ha dado como resultado una sociedad enferma e incapacitada para abandonarse a las emociones, a la libertad y a una sexualidad sana.

Para ello, Reich nos señaló una responsabilidad inexorable: criar a nuestros hijos en esa "tierra de nadie" entre el presente acorazado y el futuro regido por las leyes de la naturaleza; una responsabilidad que recae sobre quienes vivimos en la confusión, rodeados por la plaga, cuestionados por ese orden social que él combatió hasta su muerte.

La tarea es por tanto proteger a nuestras criaturas de la plaga emocional, construir un refugio con las herramientas que Reich nos dejó: contactar con nuestro lado salvaje para que los cachorros humanos se mantengan a salvo en su ecosistema primario: el cuerpo de la madre conectados primero a través del cordón umbilical y luego en el exterior por ese otro cordón que es la leche materna, el contacto piel con piel, la conexión orgonótica, la mirada, las caricias, el pezón vivo.

Posibilitar la autorregulación no consiste en seguir un conjunto de normas, una técnica artificiosa ni un proceso intelectual, sino justo lo contrario: implica buscar las grietas en nuestra propia coraza para comunicarnos con nuestras crías y entender que deben seguir su propio camino. Supone un doble sufrimiento: el de abrir nuestras heridas, que tanto nos costó cicatrizar, y el de aprender a soportar la libertad y la capacidad de decidir su destino de esos hijos que quisiéramos poseer para siempre pero que "son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma" -unas palabras que podría haber escrito Reich, pero que escribió en 1923 el poeta libanés Jalil Yibran.

Artículo escrito para la revista Scienza e Conoscenza
Traducido por Valerio Pignata y publicado en el número 67, marzo 2019.


MÁS INFORMACIÓN:

Libro Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía (Murcia, Cauac Editorial Nativa, 2018)
Edición italiana Wilhelm Reich, il genio dell'energia orgonica e della liberazione sessuale (Cesena, Macroedizioni, 2018).

martes, 6 de febrero de 2018

Una mirada al futuro, con esperanza



Introducción del libro
Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía
Murcia, Cauac Editorial Nativa, 2017.



Una mirada al futuro, con esperanza


Los logros en verdad grandes 
los alcanzan individuos humanistas 
que trabajan honrada, incansable y humildemente 
mientras mantienen la conciencia mucho más despierta que los demás, 
lo que los hace susceptibles de volverse locos.

W, citado por Kenzaburo Oe
en ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!




Debió ser hacia 1977 cuando cayó en mis manos un libro ya entonces deteriorado, con una cubierta verde pálido, sin ilustración alguna, perteneciente a la Biblioteca de Psicología Profunda de la Editorial Paidós. Su título: La función del orgasmo. El descubrimiento del orgón. Confieso que entendí muy poco de lo que allí se decía, pero el tono peculiar del texto —una mezcla entre diario vital, reportaje científico y crítica filosófica— hizo que quedara para siempre fascinado por su autor: Wilhelm Reich.

Durante los 40 años transcurridos hasta hoy, la arrolladora propuesta intelectual y vital de Reich ha venido influyendo de una forma u otra en mi vida.

Para empezar, me condujo a Neill y su carismática visión de la educación, que a su vez me empujó a estudiar magisterio y a desarrollar una vida profesional plagada de contradicciones —con lo que ello supone en cuanto a frustraciones y satisfacciones, amargos obstáculos y retos estimulantes.

Pero la lectura de las obras de Reich también me impulsó a recorrer una multitud de caminos en los campos de la educación, la ecología y la salud que terminarían determinando mi actividad como escritor de investigación.

Y hay mucho más: le debo a Reich la forma en que me he relacionado y me relaciono con mis hijos así como mi aproximación crítica a la realidad; quizá parte de mi rebeldía, de mi cuestionamiento sin concesiones de la autoridad en todos los sentidos.

Cuento todo esto porque el objetivo fundamental de este libro es ofrecer a más personas la posibilidad de conocer a este personaje excepcional y dejarse hechizar por él y por una obra caleidoscópica y fascinante que abarca todos los misterios de la vida.

De hecho, el descubrimiento clave de Reich, el que lo llevó por una parte a volver sobre sus pasos y replantear toda su teoría psicoanalítica, y por otra a avanzar y abrir puertas a múltiples caminos que aún hoy permanecen inexplorados, fue la presencia constante de la energía de la vida fluyendo en todas partes y conectando cada ser vivo con el cosmos.

La energía orgónica —que es como Reich la denominó— era al mismo tiempo la energía que tradiciones ancestrales habían llamado Ki o Prana, era la libido que Freud concebía de un modo casi metafórico y etéreo, y la fuerza de la que venían hablando diferentes corrientes vitalistas de los últimos doscientos años.

Reich consiguió hacer visible esa energía que respondía a las preguntas que se había hecho durante años y que ponía en relación sus primeras inquietudes sobre la concepción freudiana de la neurosis, su desacuerdo frontal con Freud respecto a lo que éste denominaba instinto de muerte, su teoría sexual, sus preocupaciones sociopolíticas que lo llevaron a su expulsión del Partido Comunista, sus experimentos sobre el origen de la vida, su concepto de salud y enfermedad o la importancia crucial de la autorregulación en la crianza y la educación de los niños.

La tragedia de Reich es que la mayor confirmación práctica de sus ideas fue precisamente la persecución constante que sufrió en todos los países en los que vivió y que se vio obligado a abandonar. Y es que sus planteamientos ponían de manifiesto las raíces de la dominación, la sumisión y el sufrimiento social atacando duramente las bases de mecanismos de poder que aún continúan vigentes.

Si Reich fue perseguido hasta su muerte fue porque sus ideas ponían en peligro el statu quo de los poderosos, fueran estos unos u otros. Lo admirable es que tuviera energía suficiente no sólo para llevar a cabo descubrimientos trascendentales que apuntan a un nuevo paradigma científico y de salud, sino para mantener su enorme capacidad de trabajo a pesar de la presión a la que estuvo sometido toda su vida. Incluyendo los múltiples intentos de hacerlo pasar por paranoico o por esquizofrénico. Si la aceptación de las infamias, el sufrimiento y la injusticia es un indicativo de insania mental y la salud mental viene dada por la capacidad para rebelarse, no cabe duda de que Reich gozaba de buena salud y por eso mismo inspira rebeldía.



Una parte de ese enorme trabajo ha calado profundamente en diversas disciplinas y saberes, incluso sin reconocer su autoría: terapias corporales y energéticas, reivindicaciones ecologistas, el despertar de la psico-neuro-inmunología, la incipiente dimensión social de la medicina, la lucha contra la familia patriarcal autoritaria, los movimientos de liberación sexual... representan algunas de esas influencias que debemos a Reich.

Pero es mucho más lo que nos queda por asimilar, por explorar, por impulsar: la crianza ecológica, la autorregulación de los niños y las niñas como clave para su felicidad, para la salud y para el cambio social, profundizar en la sexualidad como elemento de regulación vital, aprender a conocer y respetar su importancia en relación con los flujos energéticos y en las etapas del desarrollo infantil, integrar el funcionalismo como herramienta de conocimiento que supera el viejo dilema objetividad-subjetividad en la investigación científica de los fenómenos naturales, promover un cambio de paradigma en la medicina que contemple la salud desde un enfoque holístico basado en el equilibrio, la pulsación vital y el flujo de energía, y la enfermedad como una ruptura de ese equilibrio, una fase necesaria en los procesos dinámicos inherentes al hecho de vivir y relacionarnos...

Quienes miramos el mundo fascinados y descontentos a un tiempo, quienes luchamos contra la opresión y mantenemos la esperanza de una sociedad mejor nos hemos preguntado muchas veces por qué se marchita la formidable curiosidad de los niños al poner el pie en la escuela, o por qué no cesan de aparecer enfermedades a pesar de los espectaculares avances de la medicina y la tecnología, o cómo es posible que la especie supuestamente más inteligente que habita este planeta, la humana, sea precisamente la responsable de su brutal degradación, cómo es posible que el ser humano repita una y otra vez los mismos errores y que después de miles de años de civilización no consiga resolver sus problemas fundamentales y ser feliz.

La obra de Reich y su propia trayectoria vital, con sus luces por momentos cegadoras y sus zonas oscuras, con su apasionada mirada de perseguidor de los secretos de la naturaleza y sus obsesiones a veces incomprensibles, con su genialidad teñida de cierta ingenuidad, pero sobre todo llena de esperanza y de capacidad de mirar al futuro, nos ofrece pistas y herramientas para comenzar a responder esas y otras muchas preguntas que en definitiva son la pregunta por el sentido de la vida.


Almuñécar, 24 de marzo, 2016.
En el 119 aniversario del nacimiento de Reich.
Jesús García Blanca.

jueves, 23 de abril de 2015

Cada uno a su ritmo

¿Por qué pensamos que todos los niños crecen igual y tienen las mismas necesidades? Respetar sus ritmos es nuestro modo de ayudarlos a convertirse en adultos felices.




Casi la cuarta parte de nuestros escolares no acaba la ESO. Todos los expertos coinciden en que este "fracaso" tiene su origen en la primaria. Cualquier persona que pise las aulas de un instituto se da cuenta perfectamente de lo poco que motivan las clases a los alumnos. Incluso los que sacan buenas notas -un grupo cada vez más reducido- lo hacen por presión de padres y maestros, miedo al fracaso o sentido del deber.

Y luego están los "inadaptados", que cada vez ocupan más tiempo de orientadores y psicólogos. Se calcula que entre un seis y un diez por ciento de niños mayores de seis años presenta Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Eso en España supone más de 600 mil niños y niñas, y gran parte de ellos con otros diagnósticos asociados: "Trastorno Oposicionista Desafiante" y una larga lista de trastornos disociales, emocionales, de la comunicación o de aprendizaje.

Estos datos nos están diciendo a gritos que no solo el sistema educativo, sino toda nuestra concepción de la crianza y la educación, está fracasando estrepitosamente. ¿Es posible romper este círculo vicioso en el que adultos infelices deciden cómo educar a hijos que terminan convirtiéndose a su vez en padres y madres infelices?

Artículo completo:

Jesús García Blanca
Cada uno a su ritmo.
Tu bebé, 260, mayo 2015.

miércoles, 9 de abril de 2014

Contra la educación

La educación es una herramienta de poder que las élites utilizan para perpetuar su dominio y está en la raíz de los desequilibrios y la violencia. Propongo por tanto despojarla de su actual reputación como instrumento liberador al servicio del ser humano. 



Para batallar contra la educación como productora de piezas para el engranaje, propongo otro concepto que implica al mismo tiempo protección de la vida y esperanza de futuro: el concepto de autorregulación, en la senda de Wilhelm Reich y Alexander Neill.

Video completo de la Charla-Debate celebrada en los locales de Plural-21. Asociación para el cuidado de la vida en un planeta vivo, el pasado 18 de octubre de 2013 en Barcelona.



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Niños libres para construir una sociedad libre. Artículo en la revista Ekintza Zuzena:
http://saludypoder.blogspot.com.es/2014/03/una-arenga-contra-la-educacion.html

Confiar en los niños. Aportación al Encuentro de familias por alternativas a la escuela tradicional:
http://saludypoder.blogspot.com.es/2013/09/confiar-en-los-ninos.html



sábado, 15 de marzo de 2014

Una arenga contra la educación

Niños libres para construir una sociedad libre

El embarazo, el parto, la crianza, los primeros años de vida, son cruciales para el animal humano, pero también lo son para la clase de sociedad que construirá. Quienes queremos cambiar la sociedad en la que vivimos, tenemos que empezar por las raíces.

En la presente situación, defender el sistema educativo público es defender el modelo educativo uniformizador que lo domina y que cumple funciones claves de sometimiento del ser humano y de mantenimiento de una sociedad injusta.

La autorregulación respeta el desarrollo vital y facilita el flujo energético y la pulsación que lleva al placer y a una coraza flexible que permite el contacto en condiciones de salud y equilibrio.

Jesús García Blanca.
Artículo publicado en el número 41 de Ekintza Zuzena.






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sábado, 14 de septiembre de 2013

Confiar en los niños

Aportación al Encuentro de familias por alternativas a la escuela convencional

Jesús García Blanca. Gandía, 27 de agosto, 2013


En 1952, Wilhelm Reich escribió:

El futuro destino de la raza humana será creado por la estructura caracterial de los niños del futuro. En sus manos y corazones estará esta gran decisión. Tendrán que limpiar el caos del siglo XX. Esto nos concierne a nosotros, los que vivimos en medio de este caos. No debemos ser nosotros los que edifiquemos ese futuro. No podemos decir a nuestros hijos qué clase de mundo habría que construir, pero podemos equiparlos con el tipo de estructura caracterial y el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir de una manera racional su propio futuro y el de sus hijos.

Sesenta años después, la sociedad occidental moderna —de la que algunos están tan orgullosos— continúa siendo el mayor enemigo de los niños y las niñas y por lo tanto de un posible futuro en armonía para el planeta.




Desde mi particular experiencia de treinta años conviviendo con mis alumnos, mis hijos y mi nieto, voy a permitirme ser sincero, directo, casi brutal: no podemos darnos el lujo de perder el tiempo con bonitas palabras o artificios técnicos porque el caos del que hablaba Reich se ha multiplicado por mil y amenaza con asfixiar lo viviente: esos refugios de espontaneidad encerrados en el interior de cada criatura y en unos pocos, poquísimos, desgraciadamente contadísimos adultos, algunos de los cuales estamos aquí estos días, compartiendo nuestras dudas, nuestro dolor y nuestras esperanzas.

Empezaré por lo primero, por el dolor, por el rechazo, no sólo a la escuela convencional, sino a todos los aparatos de normalización más o menos encubiertos, al acecho en cada etapa de nuestras vidas; y acabaré por lo último, por la esperanza, que he ido renovando —a pesar de las dudas, de los temores, de la inseguridad, de las contradicciones— con la llegada a mi vida de cada nueva criatura: hace treinta años, veinte, diecinueve, diez... y finalmente año y medio.

LIMPIAR EL CAOS

Estando aún a mitad de mis estudios de magisterio tomé posiciones en lo que considero una batalla por la vida. Unos pocos autores me ayudaron en esa tarea: las investigaciones de Wilhelm Reich para dilucidar el origen de los trastornos mentales lo llevaron a la conclusión de que el problema no estaba en la gente, sino en la sociedad —nuestra sociedad, claro.

Por otro lado, Bronislaw Malinowsky y Margaret Mead observaron cómo esos trastornos no aparecían en las pequeñas sociedades de las islas Trobriand y Samoa que no se basaban en la autoridad, la rigidez y la castración. Y Alexander Neill fue el primer educador que se atrevió a poner en práctica la autorregulación con resultados que confirmaban desde un tercer punto de vista la misma idea: lo que falla es la sociedad, la cultura, y no el ser humano.


WILHELM REICH Y A. S. NEILL

Otros autores, anteriores y posteriores, aportaron ideas complementarias o profundizaron en estos enfoques: William Godwin, a finales del siglo XVIII ya denunciaba el control dogmático que ejercían los entonces nacientes sistemas educativos de cara a producir ciudadanos para el Estado; Francisco Ferrer consideraba inconcebible que un gobierno creara un sistema educativo que pudiera conducir a cualquier cambio radical; Ivan Illich evidenció la alienación producida por la educación para destruir la capacidad de actuación del individuo y cómo el proceso de socialización de la escuela creaba un tipo especial de carácter que se ajusta a las necesidades del poder...

Llegados a este punto, el objetivo estaba claro: había que cambiar la sociedad desde la raíz. Pero nuestra sociedad no es destructiva y negadora de los viviente por casualidad o porque así lo hayan establecido los dioses del Olimpo, sino por decisión de las minorías que detentan el poder desde tiempo inmemorial —muy probablemente desde que las hordas guerreras patriarcales arrasaron las comunidades matricias en los comienzos del Neolítico. Eso quiere decir que luchar por una vida saludable, armónica, feliz... supone luchar contra engranajes de poder creados para perpetuar el dominio.

Esos engranajes actúan en todos los puntos del arco vital, pero son especialmente agresivos los que abarcan la concepción, el embarazo, el parto y los primeros años de vida, precisamente porque se trata de un período crítico a la hora de condicionar el desarrollo del ser humano. La intromisión del estamento médico en lo relacionado con la concepción y el embarazo, la medicalización de los partos y las pautas pediátricas establecidas para condicionar la crianza perturban o bloquean procesos cruciales, rompen los vínculos biológicos y emocionales de las criaturas y preparan el terreno para posteriores intervenciones psicopedagógicas, entre ellas, fundamentalmente, la escuela.

A pesar de los cambios y reformas interminables, la escuela sigue siendo básicamente un centro de encierro y normalización: aburre, disciplina, fracciona el pensamiento, difunde la incultura, reprime la sensibilidad, promueve la insolidaridad y la competitividad, mata la espontaneidad y alimenta la frustración y el odio; eso sí, todo ello cuidadosamente cubierto bajo una cínica fachada de progresía y buenos propósitos. En estas condiciones, discutir sobre el carácter público o privado de la educación es hacerle el juego a los que se benefician de su función clave: fabricar ciudadanos obedientes, indolentes, incapaces de pensamiento crítico y en consecuencia, fácilmente manipulables al servicio de los poderes establecidos. 

Por estas razones —apuntadas ya por pensadores anarquistas como Stirner, Tolstoy, Goodman y el propio Illich— es evidente que los cambios radicales —desde la raíz— que la humanidad necesita no se van a producir desde Arriba, sino que tendremos que forzarlos desde abajo, y para eso, además de información liberadora, necesitaremos tener la capacidad biológica y emocional —Reich diría caracterial— para sembrar la semilla de la libertad en la siguiente generación.

CONFIAR EN LOS NIÑOS

En los treinta años que llevo dando clases como funcionario he pasado por distintas fases: desde la ingenuidad de pretender cambiar el sistema desde dentro, hasta conformarme con "salvar" a unos pocos alumnos de entre los miles que pasaran por mis clases. Cometí la ingenuidad de presentar proyectos educativos alternativos a la administración sin entender que mi definición de "alternativo" obviamente tenía muy poco que ver con la de la administración educativa. Y he participado en intentos de montar proyectos al margen del sistema; desgraciadamente todos fracasaron antes de comenzar porque una vez superada la fase de crítica a lo convencional llega el momento de ponerse de acuerdo sobre qué construir... Me retiré o me negué a participar en iniciativas que pretendían montar escuelas Waldorf, escuelas Montessori, escuelas Decroly... en el fondo, la mayoría de la gente que criticaba la escuela convencional buscaba otra escuela, otro lugar en el que le dijeran lo que hacer y encauzaran a sus hijos.


ASAMBLEA EN SUMMERHILL

Esa es la incapacidad biológica y emocional de la que hablaba: el peso abrumador de la educación que hemos recibido y que nos incapacita para la libertad. Es la misma situación de quienes desconfían o critican la medicina moderna y buscan un médico alternativo que les diga lo que hacer, porque no pueden romper los lazos de dependencia; por eso es tan difícil construir un sistema de salud basado en la autogestión, porque implica confianza en lo viviente. Y por las mismas razones es tan difícil construir un proyecto educativo basado en la autorregulación, porque implica confianza en los niños —lo que convierte en admirables los que en este momento se mantienen vivos contra viento y marea, como Els Donyets en Valencia o Ojo de agua en Alicante.

He conocido a demasiados militantes en organizaciones políticas, ciudadanas, ecologistas, supuestamente progresistas, que tienen entre sus objetivos la creación de un mundo mejor, más justo, más libre, en el que se respete a la naturaleza... pero que, en su día a día, en la relación con sus hijos, en esa pequeña pero importante parcela en la que podían hacer algo para comenzar a cambiar el mundo, asomaba su auténtica naturaleza represora, su condicionamiento caracterial, la coraza que les impide poner en práctica con sus hijos las ideas que esgrimen en artículos, panfletos, páginas web, talleres y conferencias.

Esta claro que serán precisos grandes cambios estructurales, empezando por los legales, por derogar las leyes que en estos momentos criminalizan a quienes queremos educar a nuestros hijos al margen del aborregamiento y la manipulación. Pero independientemente de lo que cada cual decida hacer en esa lucha, de las energías y el tiempo que quiera dedicarle, está la otra lucha, la del día a día, la que nos exige mucho más que leer libros, escribir o debatir, la que nos exige confiar en nuestros hijos.

CRIANZA ECOLÓGICA Y AUTORREGULACIÓN

Considero que esa confianza es fundamental: la autorregulación supone una conexión con lo espontáneo, con la energía que sustenta la vida y la organiza, con las fuerzas que palpitan en cada ser vivo y lo conectan con el ecosistema. Lo que hace posible la autorregulación es la capacidad de conectar con la vida y sentir cómo ésta se construye a sí misma, siguiendo un orden misterioso que se traduce en armonía. La autorregulación comienza desde el momento en que los padres se plantean tener a un hijo poniendo ya una determinada energía en el deseo de concebirlo.


Durante el embarazo, la capacidad de la madre para asimilar la carga energética que representa el nuevo ser vivo, así como la posibilidad de mantener unas relaciones sexuales sanas con su pareja, puede ser determinante en el futuro desarrollo del bebé. Otro momento crucial es el parto. La posibilidad de un parto natural puede representar para la madre una experiencia activa de descarga energética y para el bebé una experiencia libre de traumas que permita el libre funcionamiento biológico. Posteriormente, el contacto con la madre mediante el amamantamiento, permite prolongar el intercambio energético y el desarrollo neuroinmunológico y enzimático, el desarrollo de las percepciones, que en principio son orales y visuales, y el inicio de la autorregulación del sueño, la alimentación y otros ritmos biológicos.

A partir de ahí escuchar, respetar a los niños, valorar sus intereses y sus ideas, facilitar el contacto con los elementos: que lo toquen todo, que se arrastren, se manchen, se mojen, exploren... Dejar que lleguen a controlar sus esfínteres de modo natural, cada cual a su ritmo. Respetar igualmente el desarrollo de su capacidad para caminar erguidos, sin intervenciones ni aparatos de ayuda, permitiéndoles que se arrastren por el suelo, que gateen mientras tengan esa necesidad hasta que consigan por sí mismos la seguridad necesaria para levantarse. Estar siempre a su lado cuando lo necesiten, escucharlos, acompañarlos cuando lo pidan, consolarlos, apoyarlos, pero siempre sin imponerles nuestras necesidades, nuestro ritmo, ni siquiera nuestra ayuda o nuestro cariño. Permitir que tomen sus decisiones, que expresen libremente sus emociones: la alegría, el asombro, la satisfacción; pero también el llanto, el enfado, el miedo... Reich decía a su hijo Peter: “no tengas miedo de tener miedo”. 

MIS DOS FRENTES DE BATALLA

Como he dicho, cada cual tendrá que elegir su lugar en esta lucha por la vida. En mi caso, en estos momentos, mis frentes de batalla son dos: Uno es el de mi hijo Nilo: nos negamos a mantenerlo escolarizado cuando, tras un año de preescolar aceptable, tuvo que comenzar la primaria obligatoria. Eso desencadenó tres años de persecución legal que trajo como resultado una orden judicial de escolarización en diciembre de 2012. Pero el pulso legal no ha terminado: esperamos resultados de la apelación y entretanto buscamos los resquicios para neutralizar los efectos normalizadores de la escuela y continuar dentro de lo posible con lo que veníamos haciendo antes de la orden judicial de reclusión, algo que llamábamos "investigar" pero que igualmente podríamos llamar simplemente "vivir", es decir: dejarnos llevar por la imparable curiosidad por conocer lo que nos rodea... y es que —después de todo lo dicho— se entenderá que el término "homeschooling" signifique más bien "el enemigo en casa".


El otro frente consiste en compartir los resultados de mi búsqueda: hace años que vengo manteniendo una colaboración cada vez más profunda y enriquecedora con varias revistas divulgativas centradas en temas de educación, ecología y salud, especialmente con Discovery DSalud y Mente Sana, he publicado un primer libro —El rapto de Higea— con mis reflexiones y tengo en marcha otros proyectos editoriales en la misma línea, además procuro mantener al día mi blog Salud y Poder. Finalmente, desde enero de este año me he implicado en el proyecto formativo de la Escuela Española de Terapia Reichiana formando parte del equipo docente que viene impartiendo el curso sobre Ecología de Sistemas Humanos, un concepto desarrollado por el psicólogo y psicoterapeuta Xavier Serrano y que recoge treinta años de trabajo clínico e investigación encaminada a preparar padres, educadores, personal sanitario, y en general a todas aquellas personas que tengan relación con cualquier aspecto del desarrollo vital para aprender a respetarlo, a entenderlo intelectual y emocionalmente, y contribuir a esa tarea de la que hablaba Reich: equipar a nuestros hijos con las herramientas que les permitan limpiar el caos.


MÁS INFORMACIÓN

—Teo no va a la escuela. Artículo publicado en la revista Mente Sana, núm. 85, diciembre, 2012.
—"El debate no es educación pública contra privada sino por una educación liberadora". Entrevista en Insurgente.org.
—Ecología de Sistemas Humanos.