martes, 24 de noviembre de 2020

Carta abierta de un maestro jubilado a un director de centro educativo en tiempos de Covid


Apreciado compañero:

Te escribo desde el respeto, desde la complicidad de haber compartido muchos años de trabajo contigo, años en los que he apreciado siempre tu sensatez, tu capacidad de liderazgo y tu flexibilidad para solucionar de modo pragmático situaciones con frecuencia complicadas; y todo ello con un espíritu de entrega y vocación por nuestra profesión muy superior al mío: ya sabes que yo siempre he tenido que lidiar con muchas contradicciones debido a mis enfoques críticos en materia de educación, algo que —estoy seguro— más de una vez ha debido darte quebraderos de cabeza.

Entiendo perfectamente tu situación: como la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, dentro y fuera de nuestro país, has confiado en las autoridades políticas, científicas o médicas. Es lógico: se supone que su misión es protegernos, que en los estados democráticos al menos, los hemos votado para que administren nuestro dinero y nuestra confianza, buscando el bien de la población, y esto con independencia de que gobiernen partidos de izquierda, de derecha, de centro o de los extremos.

Si además estás al frente de un equipo directivo en un centro público, con mayor motivo estás obligado a confiar en tus superiores y obedecer sus instrucciones que —das por sentado— se basan en decisiones tomadas a más alto nivel por responsables políticos estatales o autonómicos quienes —también das por supuesto— habrán sido asesorados por expertos independientes, honestos y rigurosos. De manera que, por mucho que nos moleste o por poco que nos guste, hay que hacer lo que nos dicen, cumplir con los protocolos y en definitiva, acatar las leyes y normativas pertinentes.

Si hay que obligar a los niños a llevar mascarillas, se les obliga. Si hay que obligarlos a mantener distancias, se les obliga. Si hay que recortar grupos, dividirlos, reagruparlos, impedirles relaciones sociales, delimitar zonas, crear burbujas… se hace. Si hay que tomar temperaturas sin intimidad, si hay que obligar a profesores o alumnos a hacerse test, si hay que ponerlos en cuarentena… se hace.

La pregunta es: ¿en qué momento, en qué punto de esta escalada de medidas siente uno que algo no va bien, que esto no es como nos lo cuentan, que estamos cruzando líneas rojas que jamás hubiéramos cruzado en otras circunstancias? ¿En qué momento nos planteamos si todo esto está justificado? ¿En qué momento nos paramos a pensar lo que estamos haciendo con nuestros alumnos, con nuestros niños y niñas? ¿En qué mundo los estamos forzando a vivir? ¿Qué valores les estamos transmitiendo y qué consecuencias tendrán todas estas medidas restrictivas y autoritarias, este desprecio y pisoteo constante de derechos y libertades… en definitiva, esta deshumanización?

Creo que el momento de plantearse todas esas preguntas y muchas más depende en gran medida de la información que a cada cual le llega y cómo la gestiona. Soy consciente de que esta crisis ha producido un efecto de confusión, de incapacidad para pensar con claridad, de paralización debido al miedo o la incertidumbre. Y en esas circunstancias es muy difícil ejercer eso que luce en los proyectos de centro y que enseñamos o deberíamos enseñar a nuestros alumnos: el pensamiento crítico, la capacidad de no aceptar afirmaciones porque sí o porque lo dice una autoridad, y hacerse preguntas que puedan conducirte a otro enfoque, a otra visión, a respuestas menos convencionales pero posiblemente más cercanas a la verdad.

Algunos lo hemos hecho, quizá porque llevamos muchos años haciéndolo y eso nos permite más desenvoltura, o quizá porque encontramos en nuestro camino a personas que nos abrieron los ojos. Y ahora tenemos la responsabilidad ética de zamarrear a otros para que también los abran, aunque eso suponga tener en contra a la mayoría, incluyendo personas muy cercanas, compañeros de trabajo, amigos e incluso familiares.

No tengo que explicarte que, por encima de esas consideraciones, está nuestro deber moral de ayudar a nuestros conciudadanos y, como educadores, un deber aún más elevado de proteger a nuestros alumnos. Y no me refiero a los que cada cual tiene ahora mismo en su aula —yo ya no tengo ninguno como bien sabes— sino a nuestros alumnos en todos los centros, en todos los pueblos, esos chicos, chicas, adolescentes que siempre han sido nuestra principal motivación ante las dificultades y sinsabores de nuestra tarea de cada día.

Y es por ellos que voy a ser claro y directo procurando el mayor rigor en lo que voy a trasladarte y que es el resultado de muchos años de trabajo y estudio, de investigación crítica, de contacto con toda clase de especialistas y activistas que —al contrario que los oficiales— sí que son honestos, independientes y rigurosos. En cualquier caso, pongo en tus manos esa información, muy diferente a la que difunden los grandes medios de comunicación, en los que se está censurando toda información crítica que pueda poner en peligro el relato oficial de la “pandemia” declarada por la OMS, un organismo que el público cree que es independiente y público cuando la realidad es que está financiado en más de un 80% por grupos privados cuyo interés no es precisamente la salud de la humanidad.

Es muy posible que hasta ahora no supieras nada de esto o quizá solo conocieras las voces críticas a través de la visión distorsionada de esos medios que las censuran o descalifican. Pero, una vez que avances unos párrafos, ya no habrá excusa: sabrás lo que estás haciendo o posibilitando por acción o inacción, y tendrás que tomar una decisión.

Las mascarillas y otras medidas de supuesta higiene o seguridad están arrebatando la vida a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a nuestros nietos. También al resto de la población, por supuesto, pero aquí me voy a limitar a defender a los que están en una posición de mayor debilidad y confían en quienes les están agrediendo. A pesar del poco tiempo transcurrido, ya hay una ingente cantidad de información de la que voy a sintetizar lo más esencial dejando que sigas el hilo de los enlaces para formarte una idea más completa sobre esta tragedia. Será duro, muy duro. Pero este es el desafío que nos ha tocado: podemos aceptarlo o podemos mirar a otro lado; esa es una decisión de cada cual. 


El informe Efectos del uso permanente de mascarillas. Contribución a su difusión como medio de prevención de pandemias en medios escolares, elaborado por Antonio D. Galera, de la Universidad Autónoma de Barcelona muestra en primer lugar la inutilidad de las mascarillas como barrera mecánica, para a continuación describir aportando las correspondientes referencias científicas los efectos fisiológicos que producen en aparato respiratorio, sistema nervioso, cerebro, corazón, sangre y conducción de oxigeno, musculatura, piel, nariz y boca, metabolismo y sistema motor.

Asimismo, el informe recoge daños en el ámbito afectivo y en el social, así como afectaciones neurovegetativas y hormonales. Por último, el informe cita las conclusiones de la doctora Margarete Griesz-Brizzon, especialista en neurología y neurotoxicología advirtiendo que el uso de mascarillas produce daños neuronales y degenerativos y que por tanto es un crimen contra la humanidad y un abuso contra la infancia. La doctora Griesz-Brizzon también advierte que “ninguna exención médica para el uso de mascarillas es infundada porque la falta de oxígeno es peligrosa para todos los cerebros. La deficiencia de oxígeno inducida sistemáticamente es una contraindicación médica absoluta”. Finalmente, declara: “somos nosotros los responsables de lo que hacemos en el trabajo, no nuestros superiores laborales”.

El Informe general sobre el uso de mascarillas para niños explica que su finalidad es: “justificar la incorrección ética del uso de mascarillas en los niños”. Detalla los daños fisiológicos y emocionales, incluyendo miedo, efecto de shock por aislamiento, ansiedad y depresión, bajo rendimiento, falta de concentración, mobbing escolar, deficiencia en el desarrollo de capacidades sociales, asociación cognitiva con represión… El informe ha sido elaborado por Psicólogos por la Verdad, junto a otro estudio: Impacto psicoemocional de la pandemia en los niños que concluye: “Si el futuro de la humanidad depende de nuestros hijos nos encontramos ante un hecho de una gravedad sin precedentes”.

En Euskadi, un grupo de médicos, psicólogos, enfermeros, sociólogos, abogados, ingenieros industriales, bioquímicos, padres y madres ha publicado un documento resumen de investigación analítica titulado: Niñ@s sin mascarillas, por favor en el que se recogen aspectos legales, científico-médicos, efectos perjudiciales del uso de mascarillas, tanto físicos como psicoemocionales, testimonios de alumnado y de profesionales.

En Cataluña, se ha creado la Plataforma COVIDA por iniciativa de padres y madres de alumnos con el objetivo de estar informados e informar, velar por los derechos y libertades y exigir responsabilidades a quienes actúen en contra del deber de auxilio y protección del ciudadano. COVIDA ha elaborado un modelo de solicitud para los colegios en el que, tras dejar constancia de que las asociaciones médicas y científicas no apoyan las medidas tomadas desde el inicio de la pandemia, y recopilar una serie de leyes y normativas, solicitan la posibilidad de pedir la exención del uso de mascarillas por los motivos justificados en la ley, que se informe a los padres de los posibles daños que las mascarillas pueden causar y de la falta de evidencia científica para justificar su imposición, que no se aísle a ningún menor ni se le obligue a seguir las clases a distancia, advertir al profesorado sobre la aplicación de normativas, y en definitiva a abrir un debate sobre todos los temas implicados.

El documento Lista de delitos cometidos todos los días en los colegios por los protocolos Covid-19, recoge una primera relación de comportamientos y actuaciones que muy probablemente son constitutivas de delitos y que se están poco a poco normalizando en el día a día de los centros. Entre ellas, las siguientes:

  • Imponer mascarillas, tomar la temperatura y obligar al uso de hidrogeles son acciones invasivas que violan el Código Penal y Civil así como la Ley de Autonomía del Paciente.
  • Obligar a menores de 6 años a llevar mascarilla va contra la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla cuando se mantiene la distancia va contra la normativa; es el centro el que debe acondicionar los espacios para permitir esa distancia.
  • Obligar a llevar mascarilla a quienes tengan alguna enfermedad o dificultad respiratoria es incumplir la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla en horas de recreo, deporte o clases de educación física es incumplir la normativa, además de actuar en contra de las indicaciones de la OMS.
  • Impedir que los niños puedan respirar la cantidad de oxígeno que necesitan es una violación de los derechos humanos y de la convención sobre los derechos del niño.

El documento señala las posibles responsabilidades penales en las que incurriría el profesorado de los centros, aclarando que no podrán acogerse a “las órdenes que vienen de arriba” cuando tengan que responder ante un tribunal. Las responsabilidades podrían incluir delitos de coacciones, delito de tortura, y delitos de omisión del deber de socorro, entre otros, dependiendo de las circunstancias y la denuncia que se presente.

Otros grupos creados por profesionales de la enseñanza, la abogacía o por familias preocupadas y dispuestas a actuar incluyen: El Tercer Grupo, Docentes por la Verdad o Scabelum en cuyas webs pueden consultarse iniciativas de distinto tipo incluyendo un Manifiesto en el que se declara: “la mascarilla es contraria al aprendizaje porque no nos permite ver la mitad del rostro de los alumnos. Eso elimina el lenguaje no verbal. No podemos saber hasta qué punto un alumno entiende lo que decimos o no, porque no podemos ver su rostro. Los estudios en neurociencia explican que sólo aprendemos aquello que realmente nos apasiona y nos emociona. Con la mascarilla se elimina la sonrisa de nuestro rostro y eso elimina la empatía y la conexión emocional; que son claves para emocionar a los alumnos con aquello que están aprendiendo; por lo tanto, la mascarilla elimina la posibilidad que el alumno pueda aprender nada de una manera que perdure en el tiempo. Además, la distancia social rompe el juego y las relaciones entre ellos, que es clave para que un alumno pueda aprender de otro”. Y finaliza: “Si eres docente, piensas como nosotros, pero no te has atrevido a dar el paso porque te crees que estás solo, te decimos: No estás solo o sola. Apúntate a “Docentes por la Verdad”, trabajaremos juntos para encontrar los recursos legales para desobedecer estos protocolos y ganar un juicio si llegara el caso. Trabajaremos junto con los abogados por la libertad y ganaremos. Todos los protocolos son inconstitucionales y lo podemos demostrar”.

Hay quien piensa —o quiere pensar— que los niños se adaptan fácilmente a todo. La psicóloga y terapeuta familiar Esther Ramirez Matos opina lo contrario, y así lo explica en un estremecedor artículo titulado No, los niños no se están adaptando bien y publicado en la web del Instituto Europeo de Salud Mental y Perinatal: “Hablan de agobio, de sensaciones de no poder respirar, de angustia porque creen que, si tienen el bicho, les sale respirando y les viene rebotado por la propia mascarilla y de nuevo para adentro […] Dicen que tienen miedo a que les pase algo a sus seres queridos, ni uno solo habla de morir él o ella mismo, me dicen que les preocupa ser los causantes de que los mayores que aman perezcan, ¿qué les hemos hecho creer? ¿Cuánta culpa habrán de sanar estas personas?”.

Las mascarillas hacen visible el miedo, permiten visualizarlo y lo trasmiten en el trato diario mientras caminamos entre figuras sin rostro convertidas en un peligro inminente.

Las mascarillas son un símbolo de autoridad. Incluso quien no la usa debe someterse a la autoridad que se lo permite. Los estudios que ya comienzan a publicarse consideran las mascarillas como un factor de incomunicación que contribuye a segregar, a apartar, a discriminar a quien no la lleva… un paso de gigante en la deshumanización.

Si las terribles noticias que se han publicado en diversos medios y en redes sociales se confirman han muerto al menos cinco niños —dos en China, dos en Alemania y una niña en Portugal— casi con toda seguridad a causa de las mascarillas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Tardo cinco segundos en contarlos. Pero esos cinco segundos suponen el derrumbe de cinco familias, el dolor de cinco familias… y debería suponer el dolor de todos los que aún conservamos un resto de humanidad.

Lo voy a dejar aquí. Creo que es más que suficiente para abrir una brecha en la indolencia que está atrapando a los educadores y a la mayoría de una sociedad que ahora muestra claramente que nunca fue libre, nunca fue crítica, nunca tuvo capacidad de acción frente a la opresión y las mentiras. Te he dejado pistas para profundizar y quedo a tu disposición para seguir ampliando la información y la documentación críticas, esa que circula a pesar de la censura, a pesar de la infame pantomima de los grandes medios de comunicación al servicio de sus amos.

Decía Sabato:

“Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa”
. ¿Qué vas a hacer tú, compañero?


21 de noviembre, 2020.
Jesús García Blanca.
keffet@gmail.com


Crédito de imagen: Archivo Agencia EFE 
(manipulada por el autor del blog).

jueves, 22 de octubre de 2020

Mascarillas obligatorias a partir de 6 años: ¿crimen de lesa humanidad?



El primer y fundamental motivo por el que las mascarillas son inútiles en el caso de la COVID-19 es que no se ha probado que exista esa nueva enfermedad ni que la cause un supuesto coronavirus que jamás se ha aislado ni se podrá aislar del mismo modo que no se han aislado ninguno de los llamados “coronavirus humanos”.



Este solo motivo hace que todas las recomendaciones sobre uso de mascarillas carezcan de justificación, y con más motivo aún todas las medidas obligatorias y represivas, muy en particular las que embozan a niños y adolescentes en una agresión global sin precedentes contra nuestros hijos y nietos que plantea un reto moral a nuestras sociedades.





La documentación científico-médica que demuestra que las mascarillas no sirven y por el contrario son enormemente peligrosas es apabullante. Se han documentado hipoxia, disminución de moléculas de energía ATP, degradación de la glucosa que reduce la energía celular, caída del PH intracelular y formación de ácido láctico con debilitamiento y atenuación de los sentidos, mareos, pérdida de consciencia, reducción de hasta un 20% de oxigenación de la sangres, deterioro del sistema inmune, generación de cataclismo y estrés celular, y daños neurológicos que pueden ser graves, incluyendo la muerte.


En estas circunstancias, se hace evidente que las mascarillas son un elemento fundamental del montaje perpetrado con esta falsa pandemia. Y puesto que no hay razones científico-médicas para recomendarlas, está claro que los motivos son muy otros:


MIEDO


Las mascarillas hacen visible el miedo, escenifican el miedo, permiten visualizarlo allá donde vayas, lo trasmiten en el trato diario, lo convierten en una imagen clara y nítida que envía un mensaje inmediato a todo el que contempla una figura humana irreconocible, un rostro oculto que se acerca y te mira mientras estás ingresado en un hospital y te pregunta si se trata de alguien que te teme y se protege o de alguien que quiere protegerte porque tiene miedo de transmitirte algo maligno… el miedo es irracional y las mascarillas lo perpetúan y multiplican de modo irracional, emocional, descontrolado. Y el hecho de que se haya generalizado añade un elemento extra de espanto e inquietud: caminar por calles pobladas de espectros, de figuras deshumanizadas que no sabes si conoces o no, si siguen siendo tus vecinos de ayer o no, si pertenecen al escenario de una pesadilla o si son el mundo real transformado por quienes se han arrogado el poder absoluto sobre lo que ellos decretan que es un peligro mortal.


AUTORIDAD


Las mascarillas son una señal, una marca, un símbolo de autoridad. Dejan bien claro quien manda y quien obedece. Materializa la obediencia incluso para aquellos que han buscado un certificado médico que los exima porque también se han sometido a la autoridad médica que tiene la potestad de liberarte de la máscara pero imponiéndote igualmente su autoridad en virtud de artículo tal de la correspondiente orden estatal o autonómica que te concede ese privilegio debido a tu incapacidad, enfermedad o debilidad del tipo que sea, pero entendida siempre como una condición que ellos deciden.


DOGMA DE LA INFECCIÓN


El mero hecho de llevar la mascarilla y ver como otros la llevan ya contribuye a interiorizar la idea de miedo a la infección, miedo al contagio, miedo al contacto, posibilidad de que el mal se extienda, y refuerza por tanto uno de los dogmas fundamentales de la medicina moderna industrial: el de la falsa Teoría Microbiana de Louis Pasteur, Robert Koch y otros, que a su vez sirve de sostén al enorme negocio de las vacunas en general y de la vacuna contra esta falsa pandemia en particular.


INCOMUNICACIÓN, SEGREGACIÓN Y DESHUMANIZACIÓN


Ya se están haciendo estudios sociológicos sobre la falsa pandemia y sus consecuencias. Parece evidente que las mascarillas contribuyen a incomunicar o dificultar enormemente la comunicación por razones obvias, así como a segregar, apartar, discriminar negativamente como apestados a quienes no las llevamos, contribuyendo en definitiva a dar un paso más en la deshumanización que ya de por sí venía lastrando esta sociedad que nos ha tocado vivir.






Y en el caso de niños y adolescentes —incluyendo los menores de 6 años a los que sus padres ponen la mascarilla creyendo que así los protegen— voy a ser muy escueto y directo para no regodearnos en algo que está meridianamente claro: 


La Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal (BOE 24 de noviembre de 1995) establece en su artículo 174.1: “Comete tortura la autoridad o funcionario público que, abusando de su cargo […] por cualquier razón basada en algún tipo de discriminación, sometiere [a cualquier persona] a condiciones o procedimientos que por su naturaleza duración u otras circunstancias le supongan sufrimientos físicos o mentales, la supresión o disminución de sus facultades de conocimiento, discernimiento o decisión o que, de cualquier otro modo atenten contra su integridad moral”.


Y en su artículo 173: “El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando su integridad moral será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años. Con la misma pena serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que sin llegar a constituir trato degradante supongan grave acoso contra la víctima".


Si las terribles noticias que se han publicado en diversos medios y en redes sociales se confirman —y parece que así es en algún caso— han muerto al menos cuatro niños —dos en China y dos en Alemania— casi con toda seguridad a causa de las mascarillas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Tardo cuatro segundos en contarlos. Pero esos cuatro segundos suponen el derrumbe de cuatro familias, el dolor de cuatro familias… y debería suponer el dolor de todos los que aún conservamos un resto de humanidad.


Jesús García Blanca



NOTA: Este texto es una reflexión desde el punto de vista filosófico, psicológico, emocional y político-social. Para los argumentos científico-médicos contra las mascarillas: Jesús García Blanca. Las mascarillas no son eficaces y además son peligrosas para la salud. Discovery Salud, 342, noviembre, 2020.


CRÉDITO IMÁGENES: Diarios UNO y Público; autores no identificados.

jueves, 15 de octubre de 2020

Destrucción de lo materno y sometimiento de las criaturas

El origen de las Relaciones de Poder en el Kali Yuga,

(o por qué la gente obedece órdenes absurdas 

y consiente el maltrato de los niños)


Jesús García Blanca.

keffet@gmail.com



“Hemos entrado de hecho en la última fase del Kali Yuga, el período más oscuro de la "edad oscura”. René Guénon.


“Al producirse el parto de manera violenta y a continuación negar a la criatura recién nacida el cuerpo materno, al prohibir el acoplamiento de flujos y deseos, se produce en los pequeños seres humanos la primera y más imperdonable carencia (…) que Michael Balint llamó la falta básica”. Casilda Rodrigañez y Ana Cachafeiro.


“Eres el hombre común, un esclavo de no importa quién”. Wilhelm Reich.


“Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es tarea asignada en los actuales Estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los directores de periódicos y los maestros de escuela”. Aldous Huxley.


“Nuestro enemigo es Falsimedia —el conjunto orgánico, estructurado, de los grandes medios de comunicación, o de los medios institucionalizados—. Falsimedia es el poder no contabilizado del estado, o el poder enmascarado. Su función prioritaria es la fabricación de opinión pública, y la fabricación también de emoción pública, un componente muy importante de la manipulación de los ciudadanos y ciudadanas”. Antonio Maira.


“There is a crack, a crack in everything: thats how the light gets in” (“Hay una grieta, una grieta en cada cosa: así es como entra la luz”). Leonard Cohen.


“Desenmascarar al demonio es vencerlo”. San Ignacio de Loyola.





La destrucción de lo materno, de las culturas matrilineales, de ese hábitat que el antropólogo suizo Johann Jakob Bachofen llamó muttertum [1], supuso una alteración del ecosistema básico en el que se desarrollan las criaturas, la relación entrañable de la que aquellos grupos humanos entre finales de Paleolítico y comienzos del Neolítico extraían su energía nutricia y que no era en absoluto una organización jerárquica sino una fuerza espontánea que representa lo viviente contra el orden impuesto por los pueblos nómadas, guerreros y esclavistas que transformaron el mundo inaugurando la edad oscura que la tradición hindú llama Kali Yuga [2].


No hay arquitectura defensiva, ni señales de casas quemadas, ni motivos militares, ni fabricación de armas desde lo que conocemos como Paleolítico Medio y durante los dos mil primeros años del neolítico hasta la llegada de los pueblos indoeuropeos a lo que la antropóloga Marita Gimbutas llama Vieja Europa [3] conformada por asentamientos urbanos de hasta 20.000 habitantes de la que nos han llegado muestras artísticas simbólicas, escritura, monumentos megalíticos y evidencia de comercio y navegación en una franja temporal que va del 7500 al 5000 antes de Cristo. Las sucesivas invasiones de pueblos indoeuropeos nómadas, guerreros, patriarcales, jerarquizados y adoradores de dioses masculinos transformó radicalmente esta forma de vida y dio lugar a las grandes ciudades-estado en las que unas relaciones de poder cada vez más complejas terminarían desembocando en los primeros imperios históricos en Egipto, Akad, Asiria o Babilonia.


En todos ellos se conservó de una forma u otra la figura de la madre con diferentes nombres y asociada a diferentes símbolos y ritos: la Ishtar acadia, la Inanna sumeria, la Astarté fenicia, la Asherá semita, la Anatu Cananea, la Ashtar árabe, la Isis egipcia o la Afrodita helena… todas ellas guardianas de las leyes cósmicas, hijas de la Luna, trasuntos de Venus, la primera estrella que surge cada día antes que el sol para guiar a todos los astros y luego se esconde en un descenso al mundo inferior donde reposan las semillas de la vida.


En esa transformación progresiva de las relaciones de poder desde los jefes o cabecillas de los primeros poblados —de los que el antropólogo Marvin Harris dice que daban pocas órdenes porque no tenían manera de castigar a quienes desobedecían [4]— hasta los Amos del Mundo en la sombra de nuestra civilización actual moderna hipertecnologizada y a un paso del totalitarismo virtual absoluto, el poder se ha ido reordenando, reorganizando, replanteando, recomponiendo, y en definitiva adaptándose a las condiciones en que podía ejercerse o creando él mismo esas condiciones en un proceso de retroalimentación permanente.


Podríamos decir que en todo ese tiempo, en esos miles de años, ha habido muchos momentos de Nuevo Orden Mundial. El nacimiento de las primeras ciudades —como Jericó o Catal Huyuk— con una economía basada en la agricultura, representó un Nuevo Orden Mundial; el surgimiento de los primeros Estados agrícolas y ganaderos alrededor de la Torre de Babel en Mesopotamia, o en las orillas del Nilo, representó un Nuevo Orden Mundial; el fugaz imperio de Alejandro estableció un Nuevo Orden Mundial; la conquista del mundo conocido por la República y luego el Imperio romano impuso un Nuevo Orden Mundial; el Feudalismo supuso un Nuevo Orden Mundial; las Monarquías Absolutas constituyeron un Nuevo Orden Mundial, la Revolución Francesa provocó el comienzo de un Nuevo Orden Mundial… y así sucesivamente hasta el Orden Mundial distópico de nuestro Mundo Feliz, mucho más perverso que el de Orwell [5], más sutil, más perfecto, más oscuro… como corresponde a la etapa final del Kali Yuga.


¿Y la esperanza? ¿Es un espejismo sin sentido ante un destino ya escrito? ¿Tiene sentido plantearse siquiera cómo será el mundo, este mundo, cuando ya no estemos? ¿Tiene sentido preguntarse qué mundo dejaremos a nuestros hijos y nietos? ¿Podemos hacer algo o estamos sometidos a esa dualidad que parece ignorar a la insignificante especie humana, esa rueda invisible del Karma y el Dharma que algunos nos esforzamos en comprender más allá de las contingencias materiales en esta existencia insignificante a la que nos sentimos atados?


BUSCO LAS GRIETAS


Yo me aferro a la esperanza con ese pesimismo lúcido que a Sabato se le escapaba entre líneas [6] a pesar de su constatación de que vivimos en un mundo jodidamente cruel pero en el que a veces, más de las que creemos, te topas con uno de esos héroes anónimos, uno de esos seres repletos de ternura, que te salva de la oscuridad que te rodea. Busco las grietas, quiero creer que podemos mejorar incluso un mundo ensombrecido que toca a su fin y quizá, quién sabe, preparar la semilla secreta para el próximo ciclo… quizá era eso lo que Wilhelm Reich quería decir con “los niños del futuro” [7] y no lo comprendimos…


Pero mejorar el mundo supone, claro está, enfrentarse con lo que tenemos: mirar directamente la maldad, venga de donde venga —y en la edad oscura, dominada por relaciones de Poder, siempre viene de Arriba— y luchar sin medida contra ella, actuar sin calcular los beneficios, sin pretender nada concreto, sin poner en una balanza esto y aquello para ver si me es rentable… actuar por imperativo ético. Actuar sin más.


Y aquí estamos, ante otro posible Orden Mundial, ante otra vuelta de tuerca que, como corresponde a los tiempos, tendrá un carácter global y tecnológico. Y no es que los anteriores órdenes mundiales no tuvieran también esos atributos, es solo que, desde nuestra perspectiva no se acaba de apreciar con la misma nitidez que si pudiéramos estar allí y entonces. El imperio romano fue global y se basaba en la tecnología. Y lo mismo podemos decir del resto: todos dominaban el mundo conocido y todos se apoyaron en los últimos desarrollos tecnológicos de cada momento histórico. Exactamente igual que sucede ahora. 


Podemos discutir si este es el Orden Mundial definitivo o si esto va a ser el último Orden Mundial de este ciclo. Pero quizá sea una pérdida de tiempo. Quizá sea mejor guardar las fuerzas para actuar frente a él, tanto da que sea el último o el penúltimo. Es el que nos ha tocado.


LECCIONES DEL MONTAJE SIDA


Yo empecé a vislumbrar hace veintiséis años que se estaba desplegando sobre nuestras cabezas una terrible herramienta de poder que había surgido a finales del siglo XIX con materiales dispersos provenientes de al menos dos siglos antes. Una herramienta que había comenzado poco a poco a actuar en el terreno de la salud/enfermedad y que a mí particularmente se me hizo visible de modo nítido con el Montaje SIDA [8].


En 1993 comencé a analizar lo que denominé el “caso SIDA” y casi inmediatamente comprendí que no estaba ante un asunto científico-médico, sino frente a un efecto de poder, una maquina de producir —escribí entonces— dinero, terror y control. Desde entonces he dedicado energías, tiempo, esperanzas y esfuerzo, no solo al “caso SIDA”, sino al asunto mucho más global, temible, amenazador y —como se ha demostrado en estos meses— destructivo, de las herramientas de poder en el terreno de la salud y la enfermedad —que es el subtítulo de mi primer libro, publicado en 2010 en el que sinteticé dieciséis años de reflexión, aprendizaje, activismo y replanteamiento crítico, y que titulé El rapto de Higea [9].


En esos dieciséis años habían pasado muchas cosas. El Montaje SIDA se quedó pequeño. Digamos que cuajó y cumplió gran parte de sus objetivos, pero no consiguió un efecto de poder global. Necesitaron más. Las epidemias y pandemias se multiplicaron: vacas locas, fiebre del Nilo, fiebre aftosa, SARS, gripe aviar, gripe porcina, MERS, Ébola, Zika… la OMS llega a alertar de la “enfermedad X”, es decir, una epidemia desconocida aún. Y ahora, esto. 


La falsa pandemia COVID-19 es un compendio de todos los horrores anteriores: los que les salieron bien y los que les salieron mal. Ha recuperado recursos que demostraron funcionar una y otra vez y han mejorado, afinado, precisado, otros que fallaron en su día y que ahora están demostrando plena eficacia. Y en este disparatado maelstrom de información, manipulación, desinformación, censura o saturación de datos o de falsos datos o de datos que nadie sabe de dónde provienen, mi pregunta no es tanto quienes y por qué están perpetrando este crimen sino cómo es posible que la mayoría lo consienta y se convierta en cómplice pasivo o activo. Repito: cómo es posible que la mayoría lo consienta, obedezca las órdenes más absurdas y contrarias a su salud, a su tranquilidad, a su misma supervivencia, y en el colmo del sadismo consienta e incluso participe en el maltrato de sus hijos y nietos, en una tortura a cámara lenta de la infancia encerrada a merced de las “autoridades sanitarias” como ejecutoras de los dogmas y mentiras que estamos analizando.


No pretendo hacer una descripción exhaustiva porque necesitaría un grueso volumen solo para una primera aproximación. Voy a centrarme en unas pocas cosas que me parecen las más básicas y significativas, o al menos, que yo conozco mejor debido a mis lecturas o mis autores de referencia. 


Diría que hay tres herramientas de poder superpuestas que se retroalimentan entre sí en un juego complejo que voy a esbozar, casi sugerir, invitando a quien lea a que continúe por otros caminos, otros libros, las palabras de otros o incluso las mías en otros tiempos y lugares. Esas herramientas son: Educación, Sanidad, Falsimedia. Las describo brevemente.


CONTRA LA EDUCACIÓN, 

RESPETAR LA AUTORREGULACIÓN


Se trata de explicar, no por qué mandan los de Arriba, sino por qué obedecen los de abajo. Y la clave la expuso, con todo lujo de detalles, Wilhelm Reich en un libro publicado en 1933 [10] y ampliado años después, un libro que fundó una disciplina dedicada a la psicología social: Psicología de Masas del Fascismo, una herramienta fundamental para entender, no ya fenómenos como la guerra o el ascenso al poder de líderes autoritarios, sino la estrategia de fondo del Poder en las últimas décadas y en particular la que se está desplegando en estos momentos sobre nuestras cabezas y almas.


En síntesis, la respuesta de Reich fue: “todo orden social produce en la masa de sus componentes la estructura de carácter que necesita para alcanzar sus fines”. Dicho de otro modo: los centros de reclusión y represión desbordan ampliamente el reciento de la cárcel: las guarderías, las escuelas, la familia autoritaria, los hospitales o los manicomios. No solo forman parte de la vieja lógica disciplinaria de las sociedades antiguas o medievales sino que constituyen una pieza clave en el origen del control característica básica de la sociedad moderna. Así, cuando el maestro pregunta al alumno cuánto son dos más dos, lo de menos es que sepa la respuesta correcta, lo verdaderamente importante es que interiorice quién hace las preguntas y quién debe responder; quién se limita a responder cuando le preguntan y quién decide si la respuesta es o no correcta.


Resultado: ciudadanos indolentes, incapacitados para la crítica, para pensar por sí mismos, para cuestionar, para desobedecer, para dudar, para buscar grietas… piezas de la maquinaria, “esclavos de no importa quién” o lo que los helenos de las polis clásicas llamaban Idiota (διώτης) designando a los ciudadanos que no acudían a la asamblea y dejaban a los demás la decisión de los asuntos públicos. Y no se trata de una mera cuestión de opinión política o ideológica. Reich explicaba con detalles y profundidad estremecedora que, como buenas piezas de un engranaje, son incapaces de sentir de verdad, de emocionarse hasta el tuétano, de entregarse a sentimientos y emociones, de compartir, de relacionarse y vivir de verdad.


Y junto a Reich, Nils Bergman, Fréderick Leboyer, Michel Odent, Casilda Rodrigañez, Adolf Portman [11]… partos naturales y ecológicos, partos armónicos, partos desmedicalizados, partos salvajes… jamás separar a la criatura de su madre durante toda esa primera etapa de mamífero humano en la que la lactancia funciona como un segundo cordón umbilical… y después, aprender a respetar su autorregulación mientras seamos capaces, mientras nuestras limitaciones emocionales y mentales nos lo permitan, aprender de la naturaleza y su poder de auto organización, aprender contra la máquina, abrir las grietas por mucho que duelan porque son como heridas en nuestra coraza [12].


CONTRA LA SANIDAD, 

CULTIVAR LA SALUD


O lo que es lo mismo: contra el concepto estático de salud impuesto por el Modelo Médico Hegemónico en el que la enfermedad es algo negativo a combatir, en particular exterminando bacterias y virus, un concepto dinámico que implica equilibrio, desequilibrios y procesos de reequilibrio en el que la misma palabra “enfermedad” deja de tener sentido y hablamos de procesos biológicos a comprender y favorecer [13].


La visión estática tiene su origen en la biología mecanicista, determinista, basada en la lucha por la supervivencia y la ley del más fuerte, mientras que la visión dinámica parte de una biología que se abre a nuevos descubrimientos, al origen y evolución de la vida basada en la simbiosis, en la cooperación y en la convivencia ecológica, una visión que nos integra en la red de la vida que conecta a todos los seres vivos, y en el que los microbios están integrados en nuestro ecosistema interno cumpliendo funciones claves para la vida y la salud del mismo modo que lo hacen en el ecosistema externo [14].


La suma de los mecanismos de poder que actúan en estos dos terrenos: la educación y la sanidad cumplen una tarea primordial de control: abonar el terreno que posteriormente será sembrado con la manipulación y la mentira y en el que crecerán los futuros ciudadanos indolentes, obedientes, castrados y sumisos. Su objetivo fundamental es bloquear la corriente espontánea de vida, desde que las criaturas empiezan a desarrollarse en el útero materno, pasando por los protocolos hospitalarios, el parto deshumanizado, la crianza sin contacto vital y una educación contraria a las necesidades de los niños que los preparan para ser alumnos obedientes, obreros obedientes, titulados universitarios obedientes, ciudadanos obedientes en fin [15]. 


La psicología y la psiquiatría académicas complementan este modelo domesticador del ser humano, aportando justificación para medicalizar todas aquellas conductas que se aparten de lo establecido y para intervenciones manipuladoras y represivas que alteran el desarrollo natural e imponen definiciones de normalidad en el terreno educativo, laboral, clínico y social. En palabras de Erich Fromm: “la salud mental es la adaptación a las formas de vida de una sociedad determinada, sin importar para nada si  esa sociedad está cuerda o loca. Lo único que importa es si uno se ha adaptado” [16].


CONTRA FALSIMEDIA, 

BUSCAR LA VERDAD


Falsimedia fue el neologismo propuesto por Antonio Maira hace veinte años, cuando compartíamos tareas de análisis político en la revista digital CadizRebelde. En aquellos tiempos designaba a los grandes medios de comunicación en manos del gran capital y su tarea de manipulación y falsificación de la realidad. Desde entonces han ido surgiendo medios más pequeños que se autodenominan independientes a pesar de recibir subvenciones de los mismos que controlan los mass media a nivel internacional, se multiplicaron los llamados medios de contrainformación a los que nuestra propia revista digital se adscribía y se ha producido una super expansión de las redes sociales. 


Desgraciadamente, Falsimedia ha engullido la inmensa mayoría de estos medios en lo que se refiere al terreno de la salud/enfermedad y en concreto en el caso de la falsa pandemia de la COVID-19, casi con la única y honrosa excepción de Insurgente, ha ido incluso más allá, controlando las grandes redes de comunicación como YouTube, Facebook, Google y recientemente WhatsApp, e incluso ha creado, en el colmo del cinismo y la provocación, sus propias agencias de factcheking, es decir, de censura pura y dura que en el caso español se materializan en EFE Verifica, Maldita.es y Newtral, conectadas a su vez con otras a nivel internacional, como Health Feedback o International Fact Checking [17].


El programa de trabajo rebelde es pues: contra la educación, contra la sanidad, contra Falsimedia. O si apuramos más: contra la educación y a favor de la autorregulación, contra la sanidad y a favor de la salud, contra falsimedia y a favor de la verdad. Es un programa enorme, pero ya he dicho que no se trata de hacer cálculos, sino de ponerse a la tarea sin más. Cada cual verá. 


En mi caso el instrumento que se me impone, el que siento como mío, como una prolongación de mis manos y de mi afán de búsqueda, es el teclado del ordenador con el que he establecido una relación complicada que dura ya 25 años, una relación de amor-odio, una relación tragicómica, contradictoria, compleja y, por momentos, más allá de los límites razonables. Pero no me importa: he aprendido a aceptar todo eso y mucho más. Porque no somos una suma de individuos, no existen espíritus separados, ni almas separadas… o incluso cuerpos separados. Todos estamos conectados por una inabarcable red de vida comunicada por bacterias, todos somos una única mente que palpita en esta insignificante esfera que vaga en un universo infinito.


Recuerdo aquella estremecedora escena de Sobre Héroes y Tumbas en la que Alejandra y Martín están en el mirador escuchando la primera sinfonía de Brahms y ella le dice algo así: ¿te das cuenta de la cantidad de sufrimiento que ha tenido que producirse en el mundo para que alguien haga algo así?… Eso: todos estamos conectados.







REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA


Citas:

—René Guénon. La crisis del mundo moderno, 1927.

—Casilda Rodrigañez y Ana Cachafeiro. La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente, 1995. 

—Wilhelm Reich. Escucha, hombrecito, 1948.

—Aldous Huxley. Prólogo a Un Mundo Feliz. 1931.

—Antonio Maira. Evocación de la II República y llamamiento para la III República. Pregón de la Caracola de Córdoba, 13 de abril de 2008. 

—Leonard Cohen. Anthem. The Future, 1992.


[1] Guillermo Piquero. Europa Indígena. El Neolítico: de la matrística a los imperios patriarcales

https://www.suarra.com/el-neol%C3%ADtico-de-la-matr%C3%ADstica-a-los-imperios-patriarcales/2-la-matr%C3%ADstica/

2] Manrique Miguel Mom. Ciclos Cósmicos de la Humanidad. 

https://www.ciclologia.com/cicloscosmicos.htm

3] Signs out of time. La historia de la arqueóloga Marita Gimbutas. EEUU, 2004.

https://www.suarra.com/el-neol%C3%ADtico-de-la-matr%C3%ADstica-a-los-imperios-patriarcales/11-documental-sobre-la-arque%C3%B3loga-marija-gimbutas/

[4] Marvin Harris. Jefes, cabecillas y abusones. Alianza Editorial, 1993.

[5] George Orwell. 1984. Ediciones Destino-Círculo de Lectores, 1984.

[6] Ernesto Sabato. La Resistencia. Seis Barras, 2000.

[7] Wilhelm Reich. Children of the Future. Farrar, Straus, Giroux, 1983.

[8] Jesús García Blanca. La Sanidad contra la Salud. Ediciones i, 2015.

[9] Jesús García Blanca. El rapto de Higea. Mecanismos de Poder en el terreno de la Salud y la Enfermedad. Virus Editorial, 2010.

[10] Wilhelm Reich. Psicología de Masas del Fascismo. Roca, 1973.

[11] Nils Bergman. Los beneficios del piel con piel. https://www.espacioperinatal.com/dr-nils-bergman-y-la-madre-canguro/.

Fréderick Leboyer. Por un nacimiento sin violencia. Mandala, 2008.

Michel Odent. El bebé es un mamífero. Mandala, 1990.

Casilda Rodrigañez y Ana Cachafeiro. La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Nosa y Jara Editores, 1995.

Adolf Portman. Die Biologie und das neue Menschenbild. Universidad de Berna, 1942.

[12] Wilhelm Reich. Análisis del Carácter. Paidos, 1980.

[13] Jesús García Blanca. Dos conceptos de salud: holismo frente a mecanicismo. Discovery Salud, 229, septiembre 2019. 

https://www.dsalud.com/reportaje/dos-conceptos-de-salud-holismo-frente-a-mecanicismo/.

[14] Página web de Máximo Sandín: www.somosbacteriasyvirus.com. The Third Way of Evolution: 

https://www.thethirdwayofevolution.com/.

[15] Jesús García Blanca. La medicalización madres como distorsión mecanicista de los comienzos de la vida humana. Daimon. Revista Internacional de Filosofía, suplemento 6 (2017). https://revistas.um.es/daimon/article/view/302601.

[16] Erich Fromm. La patología de la normalidad. Lecciones de 1954. Paidos, 1994.

[17] Jesús García Blanca. Quiénes están detrás de la falsa pandemia (II). Discovery Salud, 239, julio-agosto 2020.


Fotografías: Autor desconocido / Richie Melendez