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viernes, 17 de mayo de 2019

¿"Pseudoterapias" o Pseudoperiodismo? (Entrevista a Jesús García Blanca)

Hace unos días, estudiantes de periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid me entrevistaron como parte de la documentación que reunían para la elaboración de un trabajo sobre la difusión de "pseudoterapias" en los medios de comunicación, centrándose especialmente en la homeopatía.

No me está permitido difundir el contenido del trabajo aunque, con permiso expreso de sus autoras, sí que puedo compartir públicamente la entrevista que me hicieron por lo que pueda aportar al debate en marcha sobre las mal llamadas "pseudoterapias" y en la que puntualizo algunas cuestiones básicas que me parecen de interés de cara al tratamiento de estas noticias por los medios de comunicación.



ENTREVISTA:


Preguntas sobre la difusión de información 
científica/pseudocientífica en los medios de comunicación:

¿Por qué es necesario el periodismo científico?

Entiendo que el tema específico de esta entrevista es el tratamiento periodístico de la homeopatía y que por tanto cuando me pregunta sobre “periodismo científico” no estamos hablando tanto de ciencia en general o de ciencias como la astronomía o la geofísica, sino de ciencias en el ámbito de la salud. En ese sentido me gustaría dejar claro desde el principio que yo no creo que la salud pueda abarcarla la medicina –cualquier clase de medicina- ni la ciencia, sino que se trata de algo mucho más complejo que debe abordarse desde múltiples disciplinas y enfoques.

En relación con esto y sin pretender extenderme, es preciso aclarar también que la ciencia –entendiendo aquí, claro, que hablamos de la ciencia moderna occidental- es una herramienta de conocimiento pero no la única ni la más completa o compleja. El problema de fondo en el tema que nos ocupa es que ciertas personas y colectivos pretenden imponerla como única via posible de conocimiento, de modo que, para ellos, aquello que la ciencia no puede conocer simplemente no existe o se considera superstición, religión, magia, esoterismo o simplemente estafa. Por supuesto estos colectivos o personas no solo son fanáticos que el profesor Emmanuel Lizcano denomina “fundamentalistas científicos”, sino que no tienen ni idea de lo que es la superstición, la religión, la magia ni el esoterismo. 

Una segunda aclaración, en este caso sobre el periodismo y sobre mi mirada a la sociedad en la que estamos inmersos: todo en ella está de un modo u otro, en mayor o menor medida condicionado por relaciones de poder. Sin ánimo de ponerme a desarrollar esto que no es el propósito de esta entrevista, sí diré de modo casi telegramático que lo que hace falta es periodismo científico –y no científico- independiente, crítico y honesto, tanto como hace falta que la investigación científica y la formación científica sean independientes, críticas y honestas.

Aclarado esto, la respuesta se hace más fácil, casi evidente: es necesario el periodismo científico con las características que le he citado para ser conscientes de esas relaciones de poder y para combatirlas, puesto que la información crítica, el conocimiento crítico y el pensamiento crítico suponen un mayor margen de libertad y de felicidad. Esto, que vale para cualquier cosa en la que pensemos, en el terreno de la salud llega a convertirse en vital, incluso en literalmente vital ya que un enfoque u otro, una decisión u otra sobre nuestras vidas o las de nuestros hijos pueden significar la diferencia entre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte. Y por si no ha quedado suficientemente claro, añadiré que, en general, el poder es el lado de la enfermedad y la muerte, y la oposición al poder, en la medida en que sea posible, es el lado de la salud y la vida.




¿Considera que la divulgación científica solo deben realizarla expertos científicos? ¿Por qué?

Creo que la divulgación científica crítica deben realizarla los expertos en divulgación crítica. Pero como sigo pensando que aquí hablamos de salud, esos expertos divulgadores deberán tener conocimientos de múltiples disciplinas y enfoques que atañen a la salud y por supuesto no pueden ser “expertos” en todo, pero es que la divulgación no es una tarea especializada sino todo lo contrario: se trata de acercar al gran público conocimientos que no pueden o no va a adquirir leyendo publicaciones especializadas. El punto clave aquí nuevamente es el poder, por eso insisto en “divulgación crítica”, porque la divulgación a secas ya sabemos lo que es: divulgación de lo que interesa al poder.

¿Cómo debe ser la comunicación científica para que la divulgación sea efectiva?

Siguiendo con el enfoque que he propuesto desde el principio, “efectiva” significa para mí que consiga que el gran público se replantee conocimientos, revise creencias, se pregunte cosas, encuentre nuevos caminos... y en definitiva, que se fomente el pensamiento crítico que capacite para tomar decisiones libres y fundamentadas. Lo que está muy claro es que la divulgación dirigida, controlada o influenciada por el poder no va a servir para eso, sino para que la gente continúe creyendo lo que interesa al poder, aceptando lo que le llega desde las instituciones del poder u otras controladas por él, e incluso defendiéndolo frente a las minorías críticas. Esto último sería “efectivo”, pero para los intereses del poder, no para los de la gente.

¿Los medios combaten la homeopatía o contribuyen a difundirla? 

Aplicando una vez más el enfoque de las relaciones de poder, es fácil comprender que los grandes medios, por el hecho de pertenecer a los grupos de poder y defender sus intereses no pueden hacer otra cosa que combatir la homeopatía; otra cosa es discutir si con esos ataques contribuyen igualmente a difundirla y en qué medida. Por otra parte, muchos medios no tan grandes y que se presentan como independientes y llevan a cabo un encomiable trabajo crítico en terrenos como la política o la economía, se han alineado en los temas de salud y medicina con los intereses del poder. De modo que solo puede esperarse algo de información crítica o simplemente respetuosa con disciplinas como la homeopatía en un reducido número de medios, fundamentalmente digitales y especializados en temas de salud holística o alternativa.




¿Qué tratamiento deberían darle los medios de comunicación a la homeopatía?

Vivimos en el mundo que vivimos. Eso significa reconocer que los grandes medios dan a los temas el tratamiento que su línea editorial exige en función de los intereses de los grupos de poder a los que pertenecen. No hay más que leer los libros de Pascual Serrano sobre el tema para conocer con pelos y señales lo que la mayoría sospecha o intuye. En este contexto, solo cabe hacer uso de los medios alternativos o de contrainformación para que la gente pueda disponer de información crítica y llegar a sus propias conclusiones. Esa es la labor que procuro hacer desde hace años en diferentes planos y sobre temas más o menos relacionados con la salud, la medicina o la ecología. Por supuesto que enfrentarse a la influencia de los grandes medios es una labor muy dura e ingrata, pero al menos duermo con la conciencia tranquila.

¿Quiénes considera que son los responsables de la mala fama de la homeopatía?

Los ataques contra la homeopatía comenzaron hace más de un siglo en Estados Unidos cuando la medicina “alopática” o moderna se dio cuenta de que podían perder protagonismos y comenzaron a organizarse fundando la Asociación Médica Americana y otras organizaciones. Esto es una nueva versión de aquellos ataques pero adaptado a los tiempos.

¿Se encuentra con dificultades o reticencias a la hora de publicar un artículo que esté a favor de la homeopatía?

Personalmente no encuentro dificultades ni reticencias para escribir lo que quiero, pero eso es porque trabajo para medios independientes, críticos y honestos, que son las características que vengo repitiendo. Estoy prácticamente seguro de que ninguno de los grandes medios o incluso de los pequeños a los que he aludido antes publicaría las cosas que escribo sobre salud y medicina. Y añadiría que mis planteamientos, por ser radicales –en el sentido de que van a la raíz- se verían (y de hecho se han visto alguna vez) en apuros para aparecer en medios especializados en salud alternativa debido a la “caza de brujas” que se ha desatado en este terreno.

¿Cree que lo que difunden los personajes públicos tiene más impacto que lo que podrían difundir los profesionales de la información?

Creo que sobre todo suelen ser impactos de mucha intensidad inicial pero de corto recorrido. Claro que hay una diferencia: si lo que publicitan estos personajes públicos son consignas del poder, se verán reforzadas.




Preguntas sobre el interés 
científico de la sociedad:

¿Considera que la sociedad tiene el suficiente interés científico? ¿Por qué?

Como Ernesto Sabato, creo que la gente de a pie cree más en la ciencia cuanto menos entiende los conceptos científicos. Eso, junto con la reducción de lo científico a lo tecnológico y por tanto a las aplicaciones prácticas, hace que la ciencia se haya instalado en un lugar privilegiado que a su vez es utilizado por el Poder como discurso de legitimación, especialmente en el terreno de la medicina. De ahí la insistencia en hablar de “medicina científica”, como si ese adjetivo fuese un aval absoluto.

¿Qué pueden hacer los medios para fomentar el interés científico de la sociedad?
¿Cuál cree que es el papel de los medios de comunicación en la educación científica de la sociedad?


Creo que estas dos preguntas se responden solas repasando lo que he dicho antes sobre los medios y las relaciones de poder: en tanto que herramientas de poder, los grandes medios van a explotar y legitimar el discurso de la ciencia como metadiscurso de poder, mientras que, por el otro lado, los medios de contrainformación tendrán que decidir si apoyan ese discurso en el terreno de la salud-medicina o, como hacen en otros terrenos –economía, política, ecología, género- se oponen al discurso del poder y plantean un contradiscurso que pueda ayudar a la gente a escapar de la trampa de la medicina moderna farmacológica, responsable de la mayor catástrofe iatrogénica que conocemos.





REFERENCIA:

Título del trabajo: La difusión de pseudoterapias en los medios de comunicación: el caso de la homeopatía en El País Semana, La Ventana y El Programa de Ana Rosa entre 2016 y 2018.
Autoras: Alicia Calvo Hernández, Carla Colmenero Rodríguez, Ana María Criado Calvo y María Agustina Gómez Reggiani. 3º Periodismo y Humanidades. Grupo 61.


martes, 19 de abril de 2016

Contra el integrismo científico

El lado oscuro, crematístico y criminal de los gestores dela ciencia

Réplica a Rosa Guevara Landa

“En tanto que la razón científica se ha constituido en la más eficaz retórica de la verdad de nuestros tiempos también debe constituirse en el blanco principal para quienes pretendemos luchar contra los dispositivos de sumisión. Atacar la razón científica es hoy una necesidad, no para acabar con el conocimiento científico sino para romper su funcionamiento como retórica de la verdad”.
Tomás Ibáñez. Archipiélago, 20: El cuento de la ciencia.

El pasado 29 de febrero, apareció en la sección de Opinión del diario de contrainformación Rebelión un artículo de Rosa Guevara Landa titulado El lado oscuro,crematístico y criminal de las pseudociencias, en el que hace una crítica que me veo obligado a calificar de severa y arrojada, pero también de totalmente desafortunada y falaz.

Que este tipo de diatribas aparezcan en la prensa sistémica es algo que podríamos considerar connatural con el ejercicio del poder, pero que lo haga en las páginas —tan queridas y respetadas— de este medio rebelde y de la mano de una autora que ha demostrado sobradamente su compromiso y capacidad crítica resulta cuando menos preocupante y muestra hasta qué punto es necesario y urgente atender al llamamiento de Tomás Ibáñez con el que he querido arrancar estas reflexiones.

Guevara no parece consciente del papel que el discurso científico tiene como sostén del discurso ideológico del capitalismo, tal y como advierten y analizan autores como Paul Feyerabend, Humberto Galimberti, Roger Garaudy, Emmanuel Lizcano o Tomás Ibáñez.

Guevara obvia la diferencia fundamental entre la Ciencia y sus gestores. Como toda idea, la idea de Ciencia puede ser maravillosa; pero como toda idea, el problema viene cuando se encarna en seres humanos imperfectos y por desgracia poco maravillosos. No desconfío de la Ciencia como tal —siempre y cuando permanezca dentro de los límites que le corresponden— desconfío de quienes gestionan su discurso, sus aplicaciones, sus resultados. Y rechazo absolutamente que pretendan convertirla en la única herramienta de conocimiento posible en un alarde de etnocentrismo cuyo único fin es el dominio y el mantenimiento de la desigualdad y los privilegios de los de siempre.

Guevara refuerza el modelo médico dominante industrial y enraizado en el capitalismo: ese modelo surgió durante el siglo XIX al confluir los intereses de la industria farmacéutica y los de la clase médica dominante, se consolidó a lo largo del siglo XX, favorecido por la reconversión de las multinacionales farmacéuticas tras la Segunda Guerra Mundial y su control de la formación, información, investigación y servicios sanitarios (tanto los privados como los mal llamados “públicos”), y mantiene una amplia credibilidad e influencia debido, no a razones científicas sino socio-políticas: son los enormes intereses de poder —no sólo económico— los que mantienen vigentes los dogmas de un modelo que ha fracasado a la hora de resolver los problemas de salud crónicos y degenerativos que él mismo ha contribuido a provocar y que está haciendo que cada vez más gente acuda a otras terapias, lo que ha desatado una guerra contra ellas.

Guevara se hace cómplice de lo que Emmanuel Lizcano llama fundamentalismo tecno-científico, reproduciendo en este artículo su discurso integrista que pretende imponer lo que ellos definen como “medicina científica”, considerando el resto como “magia” y “estafa”, con la paradoja añadida de que es precisamente la medicina moderna, industrial, farmacológica, reduccionista, la que adolece de base científica estricta.

Y por último, Guevara nos pone como ejemplo un caso que está siendo utilizado de modo absolutamente rastrero por los mencionados grupos de integristas científicos –más o menos organizados, más o menos “incrustados” en instituciones científicas, universidades y medios de comunicación- tomando como base un artículo publicado por el diario que ella denomina “global-imperial” y a cuyos jerifaltes ha denominado “derecha extrema más literal”. El caso está aún en instancias judiciales tras haber sido desestimado en primera instancia, y me consta que se avecinan novedades que pondrán en claro todos los detalles sacando a la luz las manipulaciones y mentiras que se han vertido y que Guevara reproduce sin contrastar.

En el mejor de los casos, el artículo de Guevara peca de una peligrosa ingenuidad que no podemos permitirnos en estos tiempos en que nos encontramos en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta. En palabras de Paul Feyerabend, “la ciencia [...] ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes”.

Quienes queremos cambiar la sociedad y entretanto luchar contra quienes ostentan poder y privilegios, tenemos la obligación de atravesar ese muro de falsa legitimidad que pretende conferir el discurso científico para producir Verdad: detrás –o mejor dicho, por encima- de quienes controlan el modelo médico dominante están los mismos que declaran las guerras, arrasan nuestro ecosistema, controlan los recursos y administran la muerte. Mucho cuidado a la hora de elegir compañeros de batalla.


Jesús García Blanca
Publicado en Rebelión, 19 de abril, 2016: http://rebelion.org/noticia.php?id=211336



jueves, 10 de diciembre de 2015

Las publicaciones científicas controladas

Las publicaciones científicas están controladas por un reducido grupo de editoriales

La publicación de trabajos, estudios e investigaciones es clave en el progreso del conocimiento científico y vital para que los investigadores consigan fondos para sus proyectos. De ahí la importancia que tiene el rigor de las publicaciones en las que aparecen y, sobre todo, su independencia. Pues bien, un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal ha revisado unos ¡45 millones de artículos! publicados en revistas científicas entre 1973 y 2013 destacando un hecho: la mayoría las controlan cinco o seis editoriales a las que los autores se refieren como The oligopoly of academic publishers (El oligopolio de los editores académicos). Y eso implica que la producción y difusión del conocimiento científico -especialmente en el ámbito sanitario- se halla en manos de unas pocas personas que son quienes deciden qué publicar y qué no y, por ende, lo que se considera científicamente válido o no. Lamentable.


Pocas personas dudarán a estas alturas del papel que los medios de comunicación de masas juegan en nuestra sociedad como herramientas de manipulación al servicio de unos pocos grupos poderosos: lo hemos analizado en esta revista (lea en www.dsalud.com el artículo que con el título ¿Son de fiar los medios de comunicación? Publicamos en el número 184, julio-agosto de 2015) y hemos mostrado cómo fabrican o modelan la opinión pública e incluso la emoción pública, es decir, no solo influyen decisivamente en los que la ciudadanía debe conocer, sino también en lo que debe sentir.

Esta labor es en realidad la continuación de otra mucho más importante y decisiva que es el proceso educativo ya que la institución escolar es la que realmente se encarga de “fabricar” esos ciudadanos obedientes, pasivos, indolentes y acríticos, que posteriormente aceptan cualquier mensaje lanzado por los medios sin preguntarse a qué intereses sirve e incluso cuando esa aceptación supone un perjuicio para su propia vida.

Pues bien, este mismo esquema podemos aplicarlo a las publicaciones científicas. La ciencia se ha convertido en una especie de sustituta de la religión: las verdades oficiales de la ciencia sustituyen a los dogmas de las religiones; la denominada Comunidad Científica sustituye a la Iglesia, los disidentes y críticos con las teorías oficiales son los nuevos herejes y nuevos mecanismos de represión sustituyen a la Santa Inquisición... y las publicaciones científicas constituyen las nuevas encíclicas que sirven para establecer los dogmas de esta nueva “religión” a la que no le faltan los fanáticos y extremistas encarnados en esos grupos pseudoescépticos de los que también hemos hablado.

De este modo, siguiendo el esquema que proponíamos, existen programas educativos que desde la primaria hasta la universidad inculcan los conceptos de una ciencia intolerante y sectaria en la ciudadanía y, muy especialmente, en los profesionales de las distintas ciencias y de sus aplicaciones prácticas –muy en particular, las ciencias de la salud y la vida-, profesionales que se encargarán de difundir y perpetuar los dogmas científicos que garanticen a esos pocos poderosos sus privilegios, sus negocios y su control sobre los demás.

Y como continuación y complemento de esos programas educativos, tenemos las publicaciones científicas, tanto las especializadas como las divulgativas, que se encargan –como los medios de masas- de modelar y fabricar las “verdades” científicas en cada momento. Y una señal evidente y alarmante de que ese proceso se está agudizando y agravando es la concentración en unas pocas manos de esas publicaciones.



LOS CINCO GRANDES GRUPOS EDITORES
que controlan la mayoría de las publicaciones científicas son los siguientes:

-Elsevier: Fundado en Ámsterdam 1880 por Lodewijk Elzevir, se trata del mayor grupo editorial de publicaciones científicas tanto en volumen de revistas como en los beneficios que obtiene. Sus ingresos en 2014 ascendieron a 2.480 millones de libras. Controla más de dos mil revistas –las más famosas: Cell y Lancet- en las que se publican una media de 360.000 artículos cada año a los que acceden doce millones de personas.

-Springer: Fundado en 1842 por Julius Springer en Berlín. Es el mayor grupo editorial de libros científicos y segundo en publicación de revistas científicas: publica 6.500 títulos nuevos cada año y controla casi dos mil revistas. Tiene 5000 empleados y sus ventas ascendieron en 2008 a 880 millones de euros.

-Wiley-Blackwell: Unión de los grupos estadounidenses Willey, fundado en 1922 y Blackwell en 1939. Tiene 990 empleados y publica unas 1.500 revistas científicas y edita unos 1.500 títulos anuales.

-Taylord & Francis: grupo fundado en 1852 en Reino Unido por William Francis y Richard Taylord. En 2004 se fusionó con Informa convirtiéndose en su brazo editorial con 1.000 revistas y unos 1.800 títulos anuales en un catálogo de más de 20.000 títulos.

-Sage: Grupo fundado en 1965 por Sara Miller McCune en California, Estados Unidos. Tiene 1.500 empleados y edita 800 revistas y una cifra similar en libros anuales.


Jesús García Blanca
Artículo publicado en Discovery DSalud, número 188, diciembre 2015.



martes, 4 de agosto de 2015

La ciencia se basa en creencias

"La ciencia no puede basarse en creencias pero es lo que está sucediendo hoy"
Entrevista a Rupert Sheldrake


En 1981, Rupert Sheldrake publicó su conocida obra Una nueva ciencia de la vida en la que plantearía su teoría sobre los campos mórficos, patrones o estructuras inmateriales e intemporales que a nivel cuántico ordenan la naturaleza tanto de los cristales y las moléculas como de los organismos vivos, y trasmiten información entre los individuos de una misma especie.

En su último libro, Sheldrake plantea que el paradigma científico actual se basa en lo que irónicamente denomina "el credo científico", postulando que se trata de un conjunto de ideas dogmáticas que se dan por ciertas aun no teniendo fundamento y que están frenando el avance de la sociedad.

LAS CREENCIAS CIENTÍFICAS

1. Todo es esencialmente mecánico.
2. La cantidad total de materia y energía en el universo es siempre la misma.
3. Las leyes de la naturaleza son inmutables.
4. La materia es inconsciente.
5. La naturaleza no tiene propósitos.
6. La herencia biológica es material.
7. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro.
8. La mente está en el interior del cráneo.
9. Los fenómenos psíquicos inexplicaos son ilusorios.
10. La medicina mecanicista es la única que funciona.




¿Quién controla los medios de comunicación de masas?

Todo el mundo admite que la información es poder y, por tanto, que quien controla la información lo tiene o controla en la sombra. La sociedad actúa en función de los datos que tiene y éstos se los proporciona los medios de comunicación... o se los oculta. Información que puede ser veraz... o manipulada.

En todos los campos, incluido el de la salud; solo que en éste ámbito se moldea con ella a los profesionales, funcionarios y políticos que toman las decisiones. Ser conscientes de ello es fundamental porque los grandes medios de comunicación se hallan actualmente en poder de muy pocas personas y grupos.


Jesús García Blanca
Entrevista a Rupert Sheldrake
¿Son de fiar hoy los medios de comunicación?
¿Quiénes los controlan?
 DSalud, 184. Julio, 2015.

domingo, 26 de julio de 2015

Educación libre


El reto de conocer, respetar y proteger el desarrollo natural de los niños


Una idea aceptada casi universalmente ve la educación como un instrumento de liberación, de crecimiento personal y posibilidad de independencia.

Sin embargo, una consulta al diccionario puede depararnos una sorpresa. Los sinónimos que la web WordReference nos ofrece para la palabra "educar" incluyen: "formar, aleccionar, adoctrinar, guiar, dirigir, adiestrar, domar, encauzar, acostumbrar".

En una sociedad armónica a la medida de las necesidades humanas, la expresión "educación libre" sería una redundancia; pero en nuestras sociedades es más bien una contradicción. ¿Por qué? Porque los sistemas educativos, con los matices propios de cada región o país, son herramientas para normalizar, para crear ciudadanos sumisos y obedientes que acepten un mundo dominado por la desigualdad y la injusticia.


Artículo completo:

Jesús García Blanca
El camino hacia la educación libre

miércoles, 1 de julio de 2015

Caso Olot: reflexiones críticas

Mi amigo, el Dr. Enric Costa -cuarenta años de experiencia como médico- me hace llegar sus reflexiones en relación con el caso de Olot pidiéndome que las comparta animado con la intención de contrarrestar la tremenda campaña de miedo y culpabilización que se ha desatado.


Reflexiones lógicas 
sobre el caso de Difteria 
del niño de Olot

Dr. Enric Costa Vercher

Como ya sabrán los lectores, el niño de Olot, en paz descanse, que, según sus médicos, estaba infectado de difteria, ha muerto después de pasar casi un mes en la U.C.I. del hospital Vall d´Ebrón. Desde ese mismo momento TODAS las televisiones, grandes o pequeñas, han estado repitiendo en TODOS los telediarios y programas informativos la fatal noticia. En todas estas ocasiones se explicitaba que el niño no estaba vacunado y que por eso se había infectado, convirtiéndose así en el único caso de difteria en España desde hacía treinta años. Y además de ser el único caso en décadas se ha tratado de un caso especialmente agresivo de difteria, puesto que el niño no ha podido superarla, es decir, no ha sido curado de una enfermedad que tenía cura a principios del s. XX pero  que no ha podido ser curada en una unidad de cuidados intensivos del s. XXI.

No ha podido ser curado y el conseller de sanidad de Cataluña y todos los medios informativos han afirmado que ha muerto de DIFTERIA y que esta infección la había adquirido por no estar vacunado. Y como es habitual han arremetido contra los padres que no vacunan a sus hijos y algunos políticos han amenazado con crear leyes que obliguen a la vacunación total.

Toda esta situación, seguramente, habrá hecho dudar a algunos padres que no vacunan a sus hijos, lo cual es natural, pues el efecto de la propaganda del miedo no pasa desapercibido. Este médico que escribe, no va a decir a nadie lo que tiene que hacer al respecto; pero quiere exponer a la atención del lector una batería de preguntas lógicas o de sentido común que seguramente le incitarán a la reflexión y, por ello, a discernir lo posible de lo imposible o la verdad de la mentira; si lo logra podrá tomar su decisión con mayor grado de libertad. Veamos:

  • Según la versión oficial, que hemos escuchado durante todo el tiempo, el niño ha muerto de difteria por no estar vacunado. Preguntas: ¿Cómo se infectó? ¿Dónde estaba el origen de la infección? La respuesta oficial, como siempre, se expresa sin dudas: Se ha contagiado de su entorno más cercano, puesto que muchos de los que se relacionan con él son “portadores” sanos de la bacteria. Y han explicado perfectamente que estos portadores sanos no padecen la enfermedad porque están vacunados y aunque tienen la bacteria en el cuerpo, son inmunes a ella; pero estos individuos, sigue diciendo la versión oficial, pueden infectar a otros, sobre todo, si no están vacunados.

  • De lo explicado por el sistema oficial podemos sacar una conclusión: El foco de la infección provenía de sujetos vacunados. Si esto es así, se descarta la que los niños no vacunados sean la ÚNICA fuente de reaparición de enfermedades infecciosas. En este caso, el propio sistema médico, afirma sin admitir dudas que el niño ha muerto de difteria y que el foco de contagio ha estado en su entorno de gente VACUNADA. Y eso que han explicado en el caso de la difteria pasa en todas las demás infecciones, puesto que las vacunas no tienen como función “acabar con los gérmenes” sino preparar o “entrenar” al sistema inmunitario para que éste nos proteja de los microbios. De manera que todos los vacunados se convierten en PORTADORES SANOS de gérmenes y como se ha visto en Olot, se convierten en posible foco de infección de enfermedades que se creían erradicadas.

  • De toda esta información se deduce que muchos ciudadanos, vacunados o no, podemos ser portadores de este tipo de gérmenes, pero unos son silenciosos, no padecen la enfermedad ni manifiestan los síntomas y pueden transmitir la enfermedad: Los vacunados. Mientras que otros, por no estar vacunados, la manifiestan con todos sus síntomas y, por tanto, pueden ser detectados inmediatamente. ¿Cual de los dos grupos sería más peligroso para transmitir una enfermedad a toda una comunidad? ¿Los vacunados o los no vacunados? Entonces ¿de donde viene la conveniencia de que no quede gente sin vacunar? ¿De donde la conclusión de la obligatoriedad de las vacunas, para erradicar las enfermedades, si aquellas no destruyen a los gérmenes sino que convierten a los ciudadanos en portadores sanos y camuflados?

  • Este caso debe servir al lector para defenderse, con planteamientos lógicos, de todos aquellos que les acusan de poner en peligro al resto de la comunidad por no vacunar a sus hijos. Deben responder que los vacunados son igualmente focos de infección (como han estado explicando los médicos durante todo este mes) pero mucho más peligrosos por ser asintomáticos y no manifestarlo. Los no vacunados, por lo menos, son más explícitos y no engañan a nadie, y además, no pueden infectar a los otros porque, esos otros, están vacunados y, por tanto, según el sistema oficial, están totalmente protegidos. 

  • Concluyendo: el caso de difteria de Olot demuestra que si uno no se vacuna no se convierte en un foco de infección, en modo alguno, distinto del que sí se vacuna, los dos son portadores, uno evidente y el otro camuflado. Es decir no se puede no ser portador. Por tanto el no vacunado no perjudica más a la comunidad sino, en todo caso, menos, por ser más evidente y localizable.



¿DIFTERIA EN ESPAÑA EN EL 2015?

Cuando apareció la noticia hace un mes, este viejo médico que escribe pensó que sería un error de diagnóstico y lo sigue pensando por dos razones: La primera es que en toda su vida de médico en activo y de estudiante de medicina (unos cuarenta años) nunca vio ni tuvo que atender a ningún caso de difteria. Todo conocimiento que tiene de la enfermedad y su tratamiento, le viene de sus estudios teóricos de la facultad (y de alguna escena cinematográfica en películas españolas y americanas) donde le explicaron que el tratamiento consistía básicamente en: suero antidiftérico, antibióticos y mantener libres las vías respiratorias. 

Que ese tratamiento se haya llevado a cabo en una moderna U.C.I. durante un mes y no hayan salvado al niño, nos llena de estupor y nos obliga a preguntarnos si en realidad fue un caso de difteria. La segunda razón que nos hace dudar que fuera un caso de difteria es precisamente eso, que haya sido un sólo caso de difteria. El caso de Olot es un caso aislado no solamente en el espacio, puesto que nadie más ha sido afectado en su entorno, sino también en el tiempo; puesto que la difteria se considera erradicada de España desde hace treinta años.

Los técnicos y políticos que llevan este tema repiten sin parar que este niño NO VACUNADO, ha sido infectado por la gente de su entorno, un alto porcentaje de ellos son portadores sanos. No nos han explicado el porqué de tan alto número de portadores sanos alrededor del niño, pero los lectores deben conocer la siguiente realidad: todos los ciudadanos, tanto si están vacunados como si no, si se sometieran al test de portador de difteria (con cultivo biológico de los gérmenes de sus mucosidades) darían positivo en un 80 ó 90% de casos, como ha ocurrido en el entorno del niño de Olot, simplemente porque el bacilo diftérico con sus cuatro o cinco subespecies, son HABITANTES simbióticos y naturales de nuestras vías respiratorias y digestivas, es decir, son organismos que viven en simbiosis con nosotros realizando funciones, en su mayoría desconocidas. Esa realidad biológica es la que hace posible que toda la población viva con bacilos diftéricos pero sin sufrir enfermedad alguna.

Hay otras cuestiones que merecen nuestra atención en este caso dudoso de difteria y son las siguientes: Si la causa de la difteria hubiera sido la falta de vacunación del paciente, y con la cantidad de niños no vacunados que ha habido en España durante los últimos treinta años, gracias al buen arbitrio de sus tozudos e indomables padres, es lógico preguntarse: ¿Como es posible que no haya habido ningún caso de niño no vacunado que haya contraído la difteria, habiendo estado rodeados de portadores sanos (como en el caso de Olot) durante un periodo de treinta años? ¿Por qué ha surgido un solo caso en treinta años si en España hay miles de niños no vacunados que conviven con portadores sanos?

Este médico que humildemente quiere dar su testimonio, es de los pocos médicos que quedan que lleva más de treinta años desaconsejando el uso de vacunas. Algunos de sus pacientes siguieron su consejo médico y otros —muchos más— no. Si los primeros han vivido entre los segundos ¿por qué no se ha producido el contagio y la enfermedad a los primeros durante treinta años? … y lo que te rondaré morena.

Como hemos dicho, tenemos nuestras dudas —muchas— de que, lo que ha pasado en Olot, haya sido un caso de difteria. Mucha información que se ha dado es incongruente incluso para los partidarios de las vacunas. Hay más preguntas que respuestas. Pero estamos seguros de que las reflexiones a las que pueden dar lugar las consideraciones que hemos expuesto, pueden ayudar al discernimiento de los lectores. Deseamos haber llevado en nuestras palabras algo de claridad y así se lo pedimos a Dios. Salud y buen discernimiento.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Investigación sanitaria y salud holística

La salud humana ligada a la salud del planeta y la influencia de los cinco elementos en una concepción global de la salud. Contra la medicalización de la salud y por un sistema sanitario más humano, ecológico y autogestionado. Una jugosa entrevista a Josep Pämies y la farsa de los CDC al descubierto: un chivato, científico de alto nivel de la agencia, confiesa públicamente haber participado hace diez años en una operación de encubrimiento de la relación vacunas-autismo.


En equilibrio con la tierra
Cultivar la salud
Mente Sana, 108. Noviembre, 2014.

Nuestro bienestar y el del planeta están indisolublemente ligados;
cuidar de uno implica hacerlo de los dos.
Siendo respetuosos con la naturaleza podremos vivir una nueva etapa de plenitud.

Por una humanización del sistema sanitario
Salud social
Cuerpomente, 271. Noviembre, 2014.

Estamos ante un problema estructural generalizado que requiere cambios profundos
que deberán partir de la independencia de la industria 
y de un replanteamiento radical de los conceptos de salud y enfermedad.
Precisamos una sanidad pública holística gestionada por los ciudadanos.

Confirmada la farsa de los CDC: Las vacunas causan autismo
Discovery DSalud, 177. Diciembre, 2014.

El Dr. William Thompson, epidemiólogo de los CDC acaba de confesar publicamente su participación en la operación de encubrimiento hace diez años de la relación entre las vacunas y trastornos del espectro autista.

Entrevista a Josep Pämies:
"La OMS criminaliza las plantas medicinales".
Discovery DSalud, 177. Diciembre, 2014.

Defensor y divulgador de la sanación natural, de la agricultura ecológica 
y de una nutrición saludable, Josep Pámies se ha ganado las iras del poder 
con motivo de su postura en el problema del ébola. 

Los cinco elementos esenciales
Cultivar la salud
Mente Sana, 109. Diciembre, 2014.

Las interrelaciones entre agua, aire, tierra, fuego y éter 
forman parte de la concepción global de la salud en las tradiciones más antiguas.
Un arte de sanación que permite abordar la enfermedad en todos sus aspectos:
físico, mental, emocional y espiritual.

La salud no depende de los medicamentos
Cuerpomente, 272. Diciembre, 2014.

Recuperar una mirada global sobre nuestra salud y sentirse responsable de ella
ayuda a liberarse de la dependencia del complejo médico-farmacéutico.

domingo, 19 de octubre de 2014

Ébola: censura mediática

Algunos amigos me advierten que la entrevista que me hizo la periodista Teresa Yusta en su programa Hágase la luz ha sido retirada de la web de EITB, o al menos del lugar destacado en el que la colocó su directora tras recibir numerosas llamadas y correos electrónicos felicitándola.

Todo indica que el pequeño grupo de dogmáticos que se autodenominan "escépticos" pero que -como se decía en mi pueblo- tienen de escéptico lo que yo tengo de cura, continúan su cruzada contra el pensamiento crítico, atacando a todo aquel que ponga en duda las verdades oficiales -es decir, a todo aquel que ejerza de auténtico escéptico con el Poder- y denuncie la connivencia de las autoridades con la industria farmacéutica y los medios de manipulación de masas.


Son tan conscientes de la mentira y están tan pringados en los objetivos que la mentira cubre, que sienten pánico ante cualquier resquicio que pueda mostrar la verdad a la gente, que pueda servir -por modestamente que sea- para que la gente tenga elementos de juicio con los que formarse su propia opinión. Y por eso atacan a los investigadores y periodistas independientes.


La entrevista continúa disponible en Insurgente:

Algunas cosas que no nos dicen sobre el ébola

Aquí, mi análisis de los pseudoescépticos o fundamentalistas científicos, publicado en febrero de 2011 en el número 135 de la revista Discovery DSalud:

Fundamentalistas ciéntificos contra el pensamiento crítico
Desde que Augusto Comte publicara su Catecismo positivista en 1852 la Ciencia se ha consolidado como “la religión de la modernidad”. Sus encíclicas son las publicaciones científicas y sus herejes los investigadores y científicos que mantienen posiciones críticas con las teorías establecidas como dogmas. Y obviamente la Religión Científica también tiene sus fanáticos extremistas, una secta de fundamentalistas radicales que se cree en posesión de la verdad absoluta y se auto-arroga la representación de la comunidad científica. Fanáticos que en sus publicaciones y páginas web utilizan la descalificación personal, el insulto, la calumnia y la injuria como “argumentos”. 

domingo, 12 de octubre de 2014

Entrevista en Hágase la Luz (Radio Euskadi)

Ébola: ¿otra falsa pandemia?

Por enésima vez, los grandes poderes sanitarios: agencias del Departamento de Salud estadounidense, multinacionales farmacéuticas, biotecnológicas y alimentarias, Organización Mundial de la Salud... han montado otra epidemia que cumpla los objetivos habituales: renovar el terror ante amenazas invisibles e incontrolables, asegurar negocios a corto y medio plazo con nuevos fármacos y vacunas, y mucho más importante, aunque menos visible, afianzar los dogmas de la medicina moderna occidental. En este caso le ha tocado el turno al Ébolavirus Zaire, acompañado de los mismos actores de reparto, las mismas víctimas como extras prescindibles y las mismas mentiras en el guión. 

"No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira. Es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día" (Agustín García Calvo)

ENTREVISTA EN RADIO EUSKADI

Una vez más, Teresa Yusta marca la diferencia con los grandes medios de comunicación atrapados en su defensa de las verdades oficiales y me invita para una entrevista valiente en la que aportar información y puntos de vista críticos.

 12 de octubre, 2014

Escucha o descarga aquí el programa en la web de Radio Euskadi 
(Entrevista entre los minutos 56:32 y 1:29:44).
O escúchala directamente aquí abajo:

viernes, 10 de octubre de 2014

Ébola: ¿otra falsa pandemia?

Todo parece indicar que varias multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas han implementado de nuevo -con la complicidad de las agencias estadounidenses de salud y de la desprestigiada Organización Mundial de la Salud- otra supuesta pandemia.

Con la habitual estrategia: sembrar el terror ante otra amenaza -tan invisible como incontrolable- que asegure el negocio a corto, medio y largo plazo. Terror con el que "animar" a millones de personas a vacunarse "preventivamente" o a tomar "novedosos" fármacos "experimentales" cuando estén infectados cuya eficacia solo se podrá constatar tras utilizarles como cobayas humanas.

Terror que en este caso quiere propagarse usando el Ébolavirus Zaire en una representación que va a contar con los mismos actores protagonistas y de reparto, y en la que miles de víctimas harán de extras prescindibles. ¿Volverá a caer la sociedad en la trampa como ya pasó con la gripe A? ¿Volverán los medios de comunicación al servicio del poder a hacerles el juego?



Jesús García Blanca
Artículo publicado en el número 175, octubre de 2014
de la revista Discovery DSalud.

viernes, 3 de octubre de 2014

El TTIP abrirá la puerta a los transgénicos

Estados Unidos forzará la entrada de transgénicos en Europa
Proyectos de Ley en Rusia para prohibir los transgénicos y potenciar la agricultura ecológica


El acuerdo de libre comercio que Europa está a punto de firmar con Estados Unidos -denominado Asociación de Comercio e Inversión Transatlántica- permitiría la comercialización en el viejo continente de productos transgénicos y sustancias peligrosas hasta hoy prohibidas -como algunos pesticidas y hormonas- lo que ha llevado a la aparición de un movimiento global de oposición y a un grupo de médicos y científicos a publicar una carta abierta dirigida a Ángela Merkel para que se impida tal posibilidad dado el peligro que representa para la salud.

Una reacción que también ha tenido lugar en Rusia, donde se han presentado ante el Parlamento varios proyectos de ley que intentan prohibir el cultivo y comercialización de organismos genéticamente modificados e impulsar la agricultura orgánica. Es más, el Consejo de la Federación Rusa solicitará a la ONU que se cree una agencia internacional que controle su distribución en el mundo y valore sus efectos negativos a largo plazo.

Jesús García Blanca
Artículo publicado en el número 175, octubre de 2014
de la revista Discovery DSalud.

martes, 30 de septiembre de 2014

La salud, un asunto de todos


No hemos construido una sociedad a la medida de las necesidades humanas, inspirada en la armonía de la naturaleza y basada en la cooperación y el apoyo mutuo. 

Todo lo contrario.

Al servicio de intereses de poder y los beneficios económicos, nuestra sociedad se caracteriza por el desequilibrio, la injusticia, el sometimiento de pueblos, las guerras y el saqueo de recursos naturales.

Actualmente, las instituciones sanitarias y educativas no están orientadas a favorecer la autogestión de la salud y la educación armónica, sino a mantenernos atados a un círculo vicioso de dependencia e ignorancia, un planteamiento que afecta a la salud humana y a la del planeta.

La energía, el tiempo y el entusiasmo de numerosas personas y colectivos suponen, afortunadamente, grietas que pueden contribuir a romper ese círculo, al aportar información liberadora, promover acciones para cambiar las instituciones y sentar las bases para una sociedad más armónica.

Jesús García Blanca. Artículo publicado en la revista Mente Sana, número 107 (octubre, 2014).


En el mismo número:

Entorno y bienestar (Xavier Serrano). Los sistemas sanitarios necesitan humanización, ser capaces de intervenir desde varias perspectivas y atender a la singularidad de cada persona.

El valor profundo del tacto (María Jesús Blázquez). La piel es la puerta de entrada a nuestro corazón; alberga el sentido que nos conecta con la vida: el tacto, vinculado estrechamente a las emociones.

El rol activo del padre en la crianza (David Trotzig). El papel del padre en el desarrollo infantil es fundamental; ofrece un marco de seguridad para que la madre y el bebé puedan profundizar su vínculo.

Otros artículos de la serie Cultivar la salud:

Cultivar nuestra salud (introducción). Mente Sana, número 100 (febrero, 2014).
Otra biología, otra visión de la salud. Mente Sana, número 101 (marzo, 2014).
La salud en la red de la vida. Mente Sana, número 102 (abril, 2014).
Respiración consciente y renovadora. Mente Sana, número 103 (mayo, 2014).
La crianza más naturala. Mente Sana, número 104 (junio, 2014).
Confianza en nuestro organismo. Mente Sana, número 105 (julio, 2014).
- Las claves de una buena nutrición. Mente Sana, número 106 (septiembre, 2014).

miércoles, 30 de julio de 2014

Contra el fundamentalismo científico

1. Planteando el problema
  

La Ciencia está siendo utilizada como fuente supuestamente “objetiva” de conocimiento y producción de “verdad”, constituyéndose en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal:
"Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares, lo que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica" [1].
La interacción entre este mecanismo totalitario -que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma- y la Bioética, esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta... la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica [2].


El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior, lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Nos encontramos en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten. Se cumple así rotundamente la profecía de Comte en un libro cuyo sólo título ya habla por sí mismo, una obra que sentó las bases del discurso dogmático y reaccionario defendido actualmente por la autodenominada “Comunidad Científica” y sus seguidores:
"La sustituimos por una religión sistemática que desarrolle la unidad del hombre; porque lleva tiempo hacer posible la constitución de tal religión inemdiata y completamente, mediante la combinación de los resultados de nuestro estado previo asistemático. Como consecuencia natural, entonces, de sus principios, el Positivismo acabará con el antagonismo entre las diferentes religiones que lo han precedido, porque reclama como su peculiar dominio ese territorio común en el que todas han descansando instintivamente"[3].
Frente a este discurso fundamentalista, aquí defendemos que lo científico no es objetivo -mucho menos cuando se aplica a lo viviente-, que el método científico no es la única posible aproximación al conocimiento -ni siquiera la más completa- y que la imposición de la ortodoxia bajo auspicios de las multinacionales de la farmacia tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.



2. Analizando conceptos

“Lo que mueve a la ciencia no es la voluntad de saber,
 sino la voluntad de dominar”
Umberto Galimberti

“Atacar la razón científica es hoy una necesidad, 
no para acabar con el conocimiento científico 
sino para romper su funcionamiento como retórica de la verdad”.
Tomás Ibáñez
  

“Conocimiento científico”

La mayoría de las fuentes consultadas entienden que el “conocimiento científico” es una aproximación crítica a la realidad basada en el “método científico”. The business dictionary [4] da la siguiente definición que podemos considerar ortodoxa:
"Conocimiento de un hecho o fenómeno adquirido mediante el método científico. Cuatro factores son esenciales para la clasificación de información como conocimiento científico: (1) prueba independiente y rigurosa, (2) publicación mediante “peer review”, (3) medida de error actual o potencial, y (4) grado de aceptación por la comunidad científica".
La primera condición es impecable... en el supuesto de que pudiera llevarse a la práctica. Sin embargo, las tres condiciones restantes convierten el supuesto “conocimiento del hecho o fenómeno” en una cuestión enteramente subjetiva dependiente de un grupo de “expertos”, de mil y una conjeturas sobre criterios de interpretación de lo que pueda establecerse como “rate of error”, y muy especialmente del “grado de aceptación” por parte de una entelequia indefinida, la “comunidad científica”, “iluminada por un don especial, el ethos científico”, a decir de Emmanuel Lizcano [5].

Otros autores igualmente representantes de la retórica de verdad actual de la ciencia están de acuerdo con matices en que el conocimiento científico se sustenta en dos pilares: reproductibilidad -es decir, la posibilidad de poder repetir un determinado experimento- que exige como condición previa la comunicabilidad y que posibilita la comprobación sin prejuicios; y la falsabilidad, posibilidad de diseñar experimentos que lo nieguen.

Si la condición primordial del Método Científico es la falsabilidad y ésta sólo puede comprobarse de modo fehaciente cuando una teoría resulta efectivamente falsa, entonces lo que tenemos es un conjunto de teorías que aún no han sido refutadas, puesto que el método no puede distinguir entre teorías verdaderas y falsas, sino entre las que son falsadas y las que aún no lo son. Y esto aceptando los criterios propuestos para falsar, es decir para comparar teoría con realidad.

Otra característica fundamental del conocimiento científico es su etnocentrismo, que lleva a la mayoría de los autores a calificar el conocimiento no científico como “vulgar” [6], “común” [7], “ordinario” [8], “precientífico” [9], y en general opuesto al “conocimiento por excelencia” que sería según ellos el conocimiento científico.



“Método científico”

Una definición generalizada: “prácticas utilizadas y ratificadas por la Comunidad Científica como válidas a la hora de exponer y confirmar teorías. Habitualmente se utiliza como forma de eliminar falacias y prejuicios. Solo las ideas que puedan comprobarse experimentalmente están dentro del ámbito de la ciencia”.

El método científico sirve para establecer el conocimiento científico, pero puesto que consiste en prácticas acordadas por la comunidad científica, ello supone que los científicos se ponen de acuerdo sobre el modo válido de establecer el conocimiento. ¿Es posible acordar lo que constituye un conocimiento objetivo? ¿No es un acuerdo la suma de subjetividades coincidentes?

Roland Omnés [10] considera la ciencia como “representación de la realidad” y el “método científico” como “un método para juzgar, no para construir”. ¿Qué significa esto exactamente? ¿Resuelve Omnés los problemas de la intervención humana en el presunto conocimiento objetivo de la naturaleza?

Veamos: “el método de que se trata es aquel que permite comprender cómo se puede reconocer después si una ciencia está firmemente establecida”. Omnés elude por tanto la cuestión inicial: ¿cómo se construye?

Según Omnés, el método tiene cuatro tiempos, el segundo de los cuales es el crucial: “es el de conceptualización […] consiste en elaborar y seleccionar conceptos adecuados a una representación de lo real”. Pero, ¿con qué criterios podemos saber que son “adecuados”?

En el cuarto tiempo de su método, correspondiente a la “verificación”, Omnés viene a plantear la ingenua postura desarmada por Karl Popper y que ya Einstein consideraba poco menos que absurda: que a base de “miríadas de previsiones y experiencias” que nos dicen que la teoría se cumple, podemos darla “sin duda” por “verdadera”.

La crítica más radical a las pretensiones de “objetividad” y “verdad” del discurso científico proceden del anarquismo epistemológico [11], cuyo autor más arriesgado y carismático es Paul Feyerabend, cuyo tratado Contra el Método se ha convertido en un clásico de la contestación a una ciencia esclerotizada y prepotente, a la que Feyerabend coloca un mismo plano con otras vías de acceso al conocimiento.


“Ciencia fáctica”

El epistemólogo Rudolf Carnap planteó una división básica de las ciencias en tres grupos: la Lógica y la Matemática serían ciencias “formales” por oposición a las “empíricas” o “fácticas”, divididas a su vez en dos grupos: las “naturales” -Astronomía, Biología, Física, Geología, Química, Geografía- y las “sociales”: Antropología, Política, Economía, Historia, Psicología, Sociología...

Las ciencias formales utilizan, según Bunge, la lógica para demostrar rigurosamente sus teoremas, las ciencias fácticas necesitan de la observación y la experiencia. Dos rasgos esenciales de las ciencias de la naturaleza son:

—racionalidad: “conceptos, juicios y raciocinios” que pueden combinarse mediante reglas lógicas y organizarse en un “sistema”, es decir en una retórica de verdad o “paradigma” en la conceptualización de Kuhn.

—objetividad: según Ferrater Mora, “objeto” es “lo que no está en el sujeto”, sea real o no. Se trata pués de lo que se percibe en el exterior desde el sujeto. Brown, discutiendo los problemas relacionados con la objetividad científica -que no son pocos ni leves precisamente- dice: “la tesis de que la ciencia es objetiva […] no es evidente a todas luces, ni tampoco es una afirmación en favor de la cual se haya aportado ningún elemento de juicio empírico. Antes bien, es una proposición paradigmática, un supuesto básico del programa de investigación del empirismo lógico” [12].



“Verdad”

Después de dar vueltas buscando la “infalibilidad mediante la eliminación del juicio humano” durante doscientas páginas, Harold Brown [13] -cuya premisa fundamental es que “el conocimiento solo puede ser verdadero”, acaba diciendo: “estamos así de nuevo en el mismo punto que comenzamos. A menos que los científicos tengan un método efectivo para determinar de una vez por todas qué proposiciones son verdaderas, no podemos determinar qué parte de la ciencia corrientemente aceptada es de hecho conocimiento, ni tan siquiera si existe algún conocimiento científico en absoluto”.

¡Enorme dilema! Brown acude al razonamiento circular para proponer que lo que no es verdadero no es conocimiento, pero ¿cómo podemos establecer lo que es “verdadero”?

Brown termina cayendo en la misma zanja que el resto de sus colegas: “una vez que nos libramos de la creencia de que la ciencia puede establecer verdades definitivas”, sólo nos queda aceptar “en cambio que lo que puede esperar alcanzar la ciencia es un consenso racional tentativo basado en los elementos de juicio disponibles”. Las páginas finales de su libro están dedicadas a dar su opinión de cómo debe establecerse un consenso “legítimo”.

¿Y dónde queda la incómoda exigencia de “verdad”? La propuesta de Brown es tan sorprendente como desvergonzada: propone aceptar dos definiciones para “verdad”: la “verdad1” correspondería al concepto que denota un valor absoluto y adecuación a la realidad, mientras que la “verdad2” sería la “verdad científica”, aceptando que cualquier proposición que forma parte del conocimiento científico es “verdadera2” aunque no sea “verdadera1”.

Es decir, lo que propone Brown es un concepto de verdad relativa que al insertarla en el terreno de la ciencia se convierte en “absoluta”. ¿Estamos ante un pragmático sin la menor suspicacia? ¿Ante un cínico? ¿Ante un estafador que cree dirigirse a incautos lectores?

Por su parte, Mario Bunge define verdad como lo “que concuerda aproximadamente con su objeto”. El adverbio es suficientemente elocuente; la concesión casi anula el concepto de objetividad, pues ¿quién decide cuánto de aproximado debe ser para que pueda considerarse objetivo? ¿A partir de dónde deja de serlo? No parece sino puro relativismo.

Pero Bunge continua: “que verifica la adaptación de las ideas a los hechos”. ¿Y cómo lo hace? “recurriendo a un comercio peculiar con los hechos (observación y experimentación), intercambio que es controlable y hasta cierto punto reproducible”. Nueva ralativización y pregunta obligada: ¿hasta qué punto se permite que pueda llegar esa adecuación o esa falta de adecuación para que la observación pueda considerarse verificada?

La “verdad” es, por tanto, la mentira del sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Como dice Agustín García Calvo: “No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?” [14].

Sólo produciendo a contracorriente, creando contra la “verdad”, ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.




“Dogmatismo”

“Por extensión, el término dogmatismo designa la tendencia a erigir fórmulas que expresan conocimientos en verdades indiscutibles, al margen del estudio, de la crítica y del debate” [15].

Mario Bunge, considerando la pregunta de si el Método Científico es dogmático, dice:
"No se conoce otro remedio eficaz contra la fosilización del dogma -religioso, político, filosófico o científico- que el método científico, porque es el único procedimiento que no pretende dar resultados definitivos. El creyente busca la paz en la aquiescencia; el investigador, en cambio, no encuentra paz fuera de la investigación y la disensión: está en continuo conflicto consigo mismo, puesto que la exigencia de buscar conocimiento verificable implica un continuo inventar, probar y criticar hipótesis. Afirmar y asentir es más fácil que probar y disentir; por esto hay más creyentes que sabios, y por esto, aunque el método científico es opuesto al dogma, ningún científico y ningún filósofo científico debieran tener la plena seguridad de que han evitado todo dogma” [16].

“Fundamentalismo científico”

A partir del encuadre de Lizcano: “También nosotros tenemos nuestra particular forma de fundamentalismo, es decir, ciertas creencias incuestionadas e incuestionables, ciertos absolutos que justifican cuantos sacrificios se estimen necesarios para su preservación, defensa y expansión. Incluso sacrificios humanos. El nuestro es el fundamentalismo tecno-científico” [17], propongo -esquemáticamente- las siguientes reflexiones:

La ciencia moderna es el “reino de la cantidad”, “desprecia o aparta una parte considerable de los datos de la experiencia, a saber, todos los que presentan un carácter genuinamente cualitativo” [18]. Ese desprecio por lo esencial -cuyo origen se halla en el racionalismo cartesiano, que a su vez hunde sus raíces en el Renacimiento y ha desembocado en el materialismo moderno- la convierte en “completamente incapaz de explicar nada” [19].

Paradójicamente, la ciencia -empeñada en la búsqueda de principios que no dependan de la  subjetividad humana y eviten por tanto desembocar en relativismo, irracionalidad, discrecionalidad...-  pretende un origen “suprahumano” para fundamentarse, que la arrebata de las manos de lo que ella misma considera racional y la lanza directamente al mismo terreno que la tradición, la intuición, la religión y demás conocimientos de los que pretende diferenciarse y que considera “inferiores”.

Frente a esas “pseudociencias”, la ciencia pretende autolegitimarse como objetiva, como conocedora de una verdad exterior que no depende de la subjetividad e individualidad humana, pero, por otra parte, niega todo lo que no es material, es decir, todo lo que no puede percibir el ser humano con sus sentidos.

Ernesto Sábato:
“Las regiones más valiosas de la realidad -la más valiosa para el hombre y su existencia- no son aprehendidas por esos esquemas de la lógica y la ciencia […] De las tres facultades del hombre, la ciencia sólo se vale de la inteligencia y con ella ni siquiera podemos cerciorarnos de que existe el mundo exterior ¿Qué podemos esperar de problemas infinitamente más sutiles? […] el arte y la literatura, pues, deben ser puestas al lado de la ciencia como otras formas de conocimiento” [20].
No deja de ser paradójico que un movimiento humanista haya sentado las raíces de la deshumanización, ya que “como servidor de la máquina, el propio hombre debe convertirse en máquina” [21].

El resultado final de ese proceso de caída -enunciado lúcidamente por Guénon en 1945- es el hecho de que las “aplicaciones prácticas” -la Era Tecnológica, diríamos 65 años después- “constituyen la única superioridad efectiva de la civilización moderna; superioridad poco envidiable por otra parte y que, desarrollándose hasta ahogar toda otra preocupación, ha dado a esta civilización el carácter puramente material que hace de ella una verdadera monstruosidad” [22].

Y es que, en estos momentos, ya no hablamos de la ciencia moderna en el sentido en que lo era en los siglos pasados, sino que, como dice Bauer: “la ciencia del siglo XXI es diferente de la `ciencia moderna´de los siglos XVII al XX; se ha producido una transformación `radical, irreversible, estructural´ a nivel mundial, en la forma de organización y actuación de la ciencia […] Un aspecto de ese cambio es que el ethos científico ya no se corresponde con las tradicionales normas `mertonianas´ de escepticismo desinteresado y puesta a disposición pública; ha quedado subordinada a los intereses de las corporaciones” [23].




REFERENCIAS:

[1] LIZCANO, E. “Ciencia e Ideología”, en Diccionario crítico de Ciencias Sociales, Madrid y México, Editorial Plaza y Valdés, 2009. (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/C/ciencia_ideologia.htm).
[2] GARCIA BLANCA, Jesús. Bioética, biociencias y biotecnologías. Una propuesta de revisión crítica en el contexto de las relaciones de poder. Congreso Bioética y Medio Ambiente. Universidad de La Habana, 13-15 de noviembre, 2003.
[3] COMTE, August. Catecismo de la Religión Positiva. Londres, John Chapman, 1858
(http://books.google.es/books?id=FaMNAAAAYAAJ&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false).
[4] http://www.businessdictionary.com/definition/scientific-knowledge.html
[5] LIZCANO, Emmanuel. “La ciencia, ese mito moderno”, en Claves de razón práctica, nº 32, 1993, pp. 66-70.
[6] http://www.filosofia.org/enc/dfc/conocimi.htm
[7] http://sociologiac.net/biblio/Bachelard_ConocimientoC.pdf
[8] http://grupobunge.wordpress.com/2006/09/16/conocimiento-ordinario-y-cientifico/
[9] http://www.alipso.com/monografias/laciencia2_otra_vez /
[10] OMNÉS, Roland. Filosofía de la ciencia contemporánea. Barcelona, Idea books, 2000. pp. 201 y ss.
[11] RAMIREZ SALINAS, L. A. “El anarquismo epistemológico”, 2002 (www.rmg.com.py). RAMIREZ, Oscar V. “El proceso kafkiano a la ciencia y la razón de P. K. Feyerabend”. Jornades de Foment de la Investigació. Universitat Jaume I. (http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi5/ciencia.pdf)
[12] BROWN, Harold I. La nueva teoría de la ciencia. Madrid, Tecnos, 1983. p. 204.
[13] BROWN, Harold I. op. Cit. p. 200.
[14] Transcripción de su intervención en la mesa redonda “Ciencia: pro y contra”, celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.
[15] http://es.wikipedia.org/wiki/Dogma
[16] BUNGE, Mario. La ciencia. Su método y su filosofía. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1998 (http://www.linksole.com/da443i).
[17] LIZCANO, Enmanuel. Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones. Traficantes de Sueños y Ediciones Bajo Cero, 2006 (http://traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/otras/metaforas_que_nos_piensan).
[18] GUÈNON, René. El reino de la cantidad y los signos de los tiempos. Barcelona, Paidós, 1997, p. 68.
[19] GUÉNON, René. Op. Cit. p. 66.
[20] SABATO, Ernesto. Hombres y engranajes. Madrid, Alianza Editorial, 1980.
[21] GUÉNON, René. Op. Cit. p. 59.
[22] GUÉNON, René. Op. Cit.
[23] BAUER, H.H. “Science in the 21st Century: Knoledge Monopolies and Research Cartels”. Journal of Scientific Exploration, Vol. 18. Nº 4, pp. 643-660, 2004.


Jesús García Blanca

Extractos de la comunicación presentada en el Congreso SIDA – Conocimiento y Dogma Condiciones de surgimiento y declive de las teorías científicas, 16/17 de julio 2010, Viena, Austria.