viernes, 15 de agosto de 2014

Reseñas de Il potere occulto dell'industria della sanitá

La edición italiana de El rapto de Higea, traducida y publicada por Macroedizioni en octubre de 2013, ha cosechado dos reseñas que podríamos calificar de sorprendentes, no por su contenido sino porque quienes las han realizado son dos medios netamente sistémicos: un medio de comunicación nacional propiedad de la Confederación General de la Industria Italiana y el boletín de la Sociedad Italiana de Cirugía Cardíaca.





Radio 24. Il Sole 24 Ore
Confindustria (Confederación General de la Industria Italiana)
6 de octubre 2013


Lecturas de Radio 24
El gran negocio de la Sanidad: el "pesebre" italiano y los mecanismos de control de las multinacionales de la farmacia

Programa completo aquí: http://audio.radio24.ilsole24ore.com/radio24_audio/2013/131006-letture-da-radio24.mp3


Min 9:34
Sistema Sanitario y control social en el libro "El poder oculto de la industria de la Sanidad".
Siempre ligado al tema de la compleja relación entre la industria farmacéutica y la salud, pero enfocado desde un punto de vista más político, el libro de Jesús García Blanca, periodista español que colabora con diversas revistas criticas y de contrainformación, busca desmontar el tabú de la infalibilidad del Sistema Sanitario moderno, argumentando que sirve al poder como mecanismo de control y dominio social.

Presentación y lectura de un fragmento del capítulo Disidencia, censura, control: las nuevas formas de la plaga emocional (páginas 225-226 de la edición italiana):
     Una característica del terreno que analizamos —el de la salud-enfermedad— es que la superespecialización, el lenguaje críptico y la devoción ciega de la mayoría permiten utilizar herramientas inusitadamente torpes para producir efectos devastadores sin apenas intervención, haciendo uso de perversos dispositivos automáticos implantados durante ge­­neraciones.
     Y ello en medio de una carrera absurda contra sus propios clientes, una carrera en la que nunca están claros los límites entre el margen directo de beneficios económicos a corto plazo y el margen indirecto de inversión en sometimiento a largo plazo.
    A pesar de ello, la industria dispone de dispositivos que permiten enmascarar los «daños colaterales» y continuar im­­poniendo sus productos; en algunos casos la perfecta manipulación consiste en fabricar productos que dañan, atribuir ese daño a virus fantasmas y lograr así vender otros productos aún más agresivos para combatirlos, al mismo tiempo que se mantienen los anteriores. 
     Ese círculo vicioso parece a punto de alcanzar un límite; la batalla contra ese límite por parte de los responsables de la Sanidad (fundamentalmente en E.E.U.U.) permite entender la explosión de nuevas «pandemias»: cáncer, SIDA, hepatitis, vacas locas, SARS, gripe aviar, gripe porcina, gripe A... 
     Se pretende que estas construcciones, a modo de pandemias aterrorizantes, sean algo más allá de toda ideología, de todo posicionamiento vital, algo objetivamente definido por especialistas asépticos que debe ser combatido por todos sin distinción ni dilación; sobre todo, sin matices.


Boletín de la Sociedad Italiana de Cirugía Cardíaca 
Marzo 2014


Commento al libro
Il potere occulto dell'Industria della Sanitá
Francesco Paolo Tritto
Departamento de Cardiocirugía, Hospital San Sebastiano, Caserta.


     Según el autor, la ciencia funciona como una forma de religión cuyos principios están conectados con el discurso reaccionario de un capitalismo genocida: el progreso científico y económico solo para las minorías privilegiadas. Palabras fuertes que introducen argumentos igualmente fuertes. Hay un orden occidental civilizado que dirige y promueve la explotación, el hambre, la miseria, la pobreza, la degradación ecológica, la deshumanización, la negación de las culturas, la guerra.
     Hoy día estamos viviendo una crisis profunda y generalizada que excede los límites de la salud para invadir el terreno mucho más complejo e importante de la ecología. Como usuarios de la Sanidad nos preguntamos: ¿estamos seguros de que los métodos con los que nos atienden son realmente los más eficaces para nuestra salud? ¿O la industria de la salud solo quiere crear "enfermedades crónicas" para llenar los bolsillos de las compañías farmacéuticas?
     Lo que es seguro es que este libro da mucho que pensar, porque incluso el llamado Montaje SIDA parece ofrecer una buena documentación para apoyar la argumentación del autor.

Enlace al boletín:
http://www.collegiochirurghi.it/public/task/bollettino-mensile_03-2014.pdf
Reseña en las páginas 45-47.

domingo, 3 de agosto de 2014

La memoria del agua

Del mismo modo que la idea de que la tierra se mueve girando alrededor del sol choca con nuestra percepción inmediata e incluso seguimos diciendo que el sol "sale" y se "pone" a pesar de que sabemos que no es así, hace más de un siglo que los físicos descubrieron sorprendentes propiedades de la materia que pueden parecer chocantes a nuestro sentido común pero cuyas bases teóricas han sido comprobadas exhaustivamente y cuyos desarrollos tecnológicos sostienen actualmente un tercio de nuestra economía: lásers, transistores, ordenadores, teléfonos móviles o imágenes por resonancia magnética [1].



Recientemente, los planteamientos de la Física Cuántica han comenzado a aplicarse a la biología a partir de estudios en los que han logrado desentrañarse detalles del proceso de fotosíntesis que eran inexplicables con los presupuestos de la física newtoniana [2]. La Biología Cuántica [3] es una nueva disciplina que comienza a investigar los entresijos a nivel molecular de los sistemas vivos a pesar de su complejidad, y que se perfila como una herramienta para comprender mejor los trastornos de salud, ofrecer una explicación científica a técnicas tradicionales y naturales que se han aplicado intuitivamente con éxito durante milenios, y desarrollar nuevas formas terapéuticas.

En la década de los 80 del siglo XX, el investigador francés Jaques Benveniste demostró a través de una serie de experimentos que el agua podía conservar las propiedades de un anticuerpo cuando éste ya no estaba presente [4] e incluso que la memoria almacenada podía trasmitirse telefónicamente [5]. Cuatro laboratorios independientes confirmaron los resultados para su publicación en la revista Nature, y diez años después la farmacóloga Margaret Ennis realizó otra serie de estudios cuyos resultados fueron definitivos: el agua es capaz de retener la información biológica recibida y trasmitirla [6].

Por otra parte, existe evidencia de las interacciones —comunicación mediante ondas— entre los campos electromagnéticos naturales y artificiales y los organismos vivos, que abren enormes posibilidades de aplicaciones biomédicas [7] así como la influencia de ondas sonoras de determinadas frecuencias que pueden resultar curativas [8]. Además, estudios realizados en la Universidad de Oxford sobre resonancia bioenergética pusieron hace décadas de manifiesto que la transferencia de información mediante señales de energía no sólo son posibles sino que son cien veces más eficaces que la trasmisión mediante señales físicas como hormonas, neurotrasmisores, factores de crecimiento y otros [9]. Y más recientemente, Luc Montagnier ha avanzado la posibilidad —factible desde los presupuestos de la mecánica cuántica y los hallazgos relacionados con el campo electromagnético que envuelve la Ionosfera— de que el ADN pueda trasmitirse a través del agua mediante frecuencias electromagnéticas [10].

Por último, un factor clave a considerar es que el medio interno en el que viven las células es un océano que canaliza, posibilita y modula las reacciones bioquímica y electromagnéticas y conectan los capilares sanguíneos, los terminales nerviosos y los conductos línfáticos posibilitando la comunicación entre las células y con el exterior y determinando el estado de salud del organismo [11]. El agua tiene pues un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio interno y modulada por determinadas frecuencias —en este caso correspondientes a remedios homeopáticos— puede ejercer de modo efectivo acciones curativas, energetizadoras y reequilibradoras [12].

Jesús García Blanca

Más Información: artículos en la revista Discovery DSalud:

-La Memoria del Agua: //www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=1625
-¿Estamos conectados a la Biosfera?: http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=1776


REFERENCIAS:

[1] http://www.mecanicacuantica.com/introduction.htm.
http://library.thinkquest.org/3487/qp.html.

[2] Gregory S. Engel, Tessa R. Calhoun, Elizabeth L. Read, Tae-Kyu Ahn, Tomás Mancal, Yuan-Chung Cheng, Robert E. Blankenship & Graham R. Fleming. Evidence for wavelike energy transfer through quantum coherence in photosynthetic systems. Nature 446, 782-786 (12 April 2007).
A. W. Chin, J. Prior, R. Rosenbach, F. Caycedo-Soler, S. F. Huelga & M. B. Plenio. The role of non-equilibrium vibrational structures in electronic coherence and recoherence in pigment–protein complexes. Nature Physics 9,113–118 (2013).

[3] Michael Bordonaroa and Vasily Ogryzkob. Quantum Biology at the Cellular Level – elements of the research program. arXiv:1304.0683 [q-bio.OT] http://arxiv.org/ftp/arxiv/papers/1304/1304.0683.pdf

[4] Davenas E, Beauvais F, Amara J, et al. Human basophil degranulation triggered by very dilute antiserum against IgE. Nature 333 (6176): 816–8 (June 1988).

[5] J. Benveniste; P. Jurgens, W. Hsueh and J. Aissa. Transatlantic Transfer of Digitized Antigen Signal by Telephone Link. Journal of Allergy and Clinical Immunology. February 21–26, 1997.
J. Benveniste; Aissa, J., Guillonnet. The molecular signal is not functional in the absence of "informed water". Medical Hypotheses 54 (A163 (abstr.)).
Thomas, Y.; Schiff, M.; Belkadi, L.; Jurgens, P.; Kahhak, L.; Benveniste, J. (2000). Activation of Human Eurtrophils by Electronically Transmitted Phorbol-Myristate Acetate. Medical Hypotheses 54 (1): 33–39. doi:10.1054/mehy.1999.0891.PMID 10790721.

[6] P. Belon, J. Cumps, M. Ennis, P. F. Mannaioni, J. Sainte-Laudy, M. Roberfroid, F. A. C. Wiegant. Inhibition of human basophil degranulation by successive histamine dilutions: Results of a European multi-centre trial. Inflammation Research, April 1999, Volume 48, Issue 1 Supplement, pp 17-18.
Brown V, Ennis M. Flow-cytometric analysis of basophil activation: inhibition by histamine at conventional and homeopathic concentrations. Inflamm Res. 2001 Apr; 50 Suppl 2:S47-8.
Belon, P, Cumps, J, Ennis, M, Mannaioni, PF, Roberfroid, M, Sainte-Laudy, J & Wiegant, FAC 2004, Histamine dilutions modulate basophil activation. Inflammation Research, vol 53, no. 5, pp. 181-188.

[7] Goodman R and Blank M (2002) Insights into electromagnetic interaction mechanisms. J Cellular Physiology 192:16-22.
Blank M and Goodman R (2002) Biomedical applications of electromagnetic fields. In:(Kostarakis, Stavroulakis eds.) Millenium International Workshop on Biological Effects of Electromagnetic Fields, Proceedings, Haraklion, Crete, Greece. 17-20 October 2000, pp169-175, ISBN: 960-86733-0-5.
Blank M, Goodman R (2002) Interaction of Weak Low Frequency Electromagnetic Fields with DNA: Mechanism and Biomedical Applications. IEEE Transactions on Plasma Science 30: 1497-1500.
Blank M and Goodman R (2003) Stress Protein Synthesis and Enzyme Reactions are Stimulated by Electromagnetic Fields. In Magnetotherapy: Potential Therapeutic Benefits and Adverse Effects. MJ McLean, S Engström, RR Holcomb (eds), Floating Gallery Press, New York, pp. 19-28.
Blank M and Goodman R (2003) Biomedical Applications of Electromagnetic Fields. In Biological Effects of Electromagnetic Fields, P Stavroulakis (ed), Springer, pp.494-502.
Weisbrot D, Lin H, Ye L, Blank M, Goodman R (2003) Effects of Mobile Phone Radiation On Growth and Development In Drosophila melanogaster. J Cellular Biochemistry 89: 48-55
Blank M and Goodman R (2004) Initial interaction in electromagnetic field-induced biosynthesis. J Cell Physiol. 199: 359-363.
Blank M and Goodman R (2004) A biological guide for electromagnetic safety: The stress response. Bioelectromagnetics25(8):642-646.
Blank M Goodman R (2004). Initial interactions in electromagnetic field-induced biosynthesis. J Cell Physiol 199:359-363.
Blank M, Goodman R (2007). A mechanism for stimulation of biosynthesis by electromagnetic fields: charge transfer in DNA and base pair separation.
Laura B. Sivitz. Cells proliferate in magnetic fields. Science News. Volume 158, Issue 13, pages 196–197, 23 September 2000.
Blanchard JP, Blackman CF (1994). Clarification and application of an ion parametric resonance model for magnetic field interactions with biological systems. Bioelectromagnetics 15:217–238.
Vladimir N. Binhi. Magnetobiology: Underlying Physical Problems. Academic Press, 2002.
Martin Blank; E. Findl. Mechanistic approaches to interactions of electric and electromagnetic fields with living systems. Plenum Press, 1987.
Mae-Wan Ho, Fritz Albert Popp, Ulrich Warnke. Bioelectrodynamics and Biocommunication World Scientific, 1994.

[8] Wang Xiujuan, Wang Bochu, Jia Yi, Duan Chuaren, Akio Sakanishi. Effect of sound wave on the synthesis of nucleic acid and protein in chrysanthemum. Colloids and Surfaces B: Biointerfaces. Volume 29, Issues 2–3, 1 June 2003, Pages 99–102.
James L. Oschman. Energy medicine: the scientific basis. Churchill Livingstone, 2000.

[9] C. W. F. McClare. Resonance in bioenergetics: The Mechanism of Energy Transduction in Biological Systems. Annals of the New York Academy of Sciences Volume 227pages 74–97, February 1974.

[10] L. Montagnier, J. Aissa, E. Del Giudice, C. Lavallee, A. Tedeschi, and G. Vitiello. DNA waves and water. arXiv: 1012.5166v1 [q-bio.OT] 23 Dec 2010.

[11] L. BORDEAU, Recherches sur le tisú muqueux ou l´organ cellulaire, París, 1767.
F. BUTTERSACK, Latente Erkrankungen des Grundgewebes, insbesonders der serosen Haute. Stuttgart, 1912.
H. EPPINGER, Die Permeabilitatspathologie als Leeré vom Krankheitsbeginn, Verlag Springer, Viena, 1949.
O. HERTWIG, Entwicklung des mittleren Keimblattes der Wirbeltiere, Jena, 1881-82.
W. MOLLENDORF, Lehrbuch der Histologie und mikrosk. Anatomie des Menschen, Verlag Fischer, Dena, 1943.

[12] Mu Shik Jhon. El puzzle del agua. Editorial EcoHabitar SL, 2008.
Samina T. Yousuf Azeemi and S. Mohsin Raza. A critical analysis of Chromotherapy and its scientific evolution. Evid. Based Complement Alternat Med, 2005 dec; 2(4):481-488.

miércoles, 30 de julio de 2014

Contra el fundamentalismo científico

1. Planteando el problema
  

La Ciencia está siendo utilizada como fuente supuestamente “objetiva” de conocimiento y producción de “verdad”, constituyéndose en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal:
"Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares, lo que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica" [1].
La interacción entre este mecanismo totalitario -que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma- y la Bioética, esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta... la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica [2].


El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior, lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Nos encontramos en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten. Se cumple así rotundamente la profecía de Comte en un libro cuyo sólo título ya habla por sí mismo, una obra que sentó las bases del discurso dogmático y reaccionario defendido actualmente por la autodenominada “Comunidad Científica” y sus seguidores:
"La sustituimos por una religión sistemática que desarrolle la unidad del hombre; porque lleva tiempo hacer posible la constitución de tal religión inemdiata y completamente, mediante la combinación de los resultados de nuestro estado previo asistemático. Como consecuencia natural, entonces, de sus principios, el Positivismo acabará con el antagonismo entre las diferentes religiones que lo han precedido, porque reclama como su peculiar dominio ese territorio común en el que todas han descansando instintivamente"[3].
Frente a este discurso fundamentalista, aquí defendemos que lo científico no es objetivo -mucho menos cuando se aplica a lo viviente-, que el método científico no es la única posible aproximación al conocimiento -ni siquiera la más completa- y que la imposición de la ortodoxia bajo auspicios de las multinacionales de la farmacia tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.



2. Analizando conceptos

“Lo que mueve a la ciencia no es la voluntad de saber,
 sino la voluntad de dominar”
Umberto Galimberti

“Atacar la razón científica es hoy una necesidad, 
no para acabar con el conocimiento científico 
sino para romper su funcionamiento como retórica de la verdad”.
Tomás Ibáñez
  

“Conocimiento científico”

La mayoría de las fuentes consultadas entienden que el “conocimiento científico” es una aproximación crítica a la realidad basada en el “método científico”. The business dictionary [4] da la siguiente definición que podemos considerar ortodoxa:
"Conocimiento de un hecho o fenómeno adquirido mediante el método científico. Cuatro factores son esenciales para la clasificación de información como conocimiento científico: (1) prueba independiente y rigurosa, (2) publicación mediante “peer review”, (3) medida de error actual o potencial, y (4) grado de aceptación por la comunidad científica".
La primera condición es impecable... en el supuesto de que pudiera llevarse a la práctica. Sin embargo, las tres condiciones restantes convierten el supuesto “conocimiento del hecho o fenómeno” en una cuestión enteramente subjetiva dependiente de un grupo de “expertos”, de mil y una conjeturas sobre criterios de interpretación de lo que pueda establecerse como “rate of error”, y muy especialmente del “grado de aceptación” por parte de una entelequia indefinida, la “comunidad científica”, “iluminada por un don especial, el ethos científico”, a decir de Emmanuel Lizcano [5].

Otros autores igualmente representantes de la retórica de verdad actual de la ciencia están de acuerdo con matices en que el conocimiento científico se sustenta en dos pilares: reproductibilidad -es decir, la posibilidad de poder repetir un determinado experimento- que exige como condición previa la comunicabilidad y que posibilita la comprobación sin prejuicios; y la falsabilidad, posibilidad de diseñar experimentos que lo nieguen.

Si la condición primordial del Método Científico es la falsabilidad y ésta sólo puede comprobarse de modo fehaciente cuando una teoría resulta efectivamente falsa, entonces lo que tenemos es un conjunto de teorías que aún no han sido refutadas, puesto que el método no puede distinguir entre teorías verdaderas y falsas, sino entre las que son falsadas y las que aún no lo son. Y esto aceptando los criterios propuestos para falsar, es decir para comparar teoría con realidad.

Otra característica fundamental del conocimiento científico es su etnocentrismo, que lleva a la mayoría de los autores a calificar el conocimiento no científico como “vulgar” [6], “común” [7], “ordinario” [8], “precientífico” [9], y en general opuesto al “conocimiento por excelencia” que sería según ellos el conocimiento científico.



“Método científico”

Una definición generalizada: “prácticas utilizadas y ratificadas por la Comunidad Científica como válidas a la hora de exponer y confirmar teorías. Habitualmente se utiliza como forma de eliminar falacias y prejuicios. Solo las ideas que puedan comprobarse experimentalmente están dentro del ámbito de la ciencia”.

El método científico sirve para establecer el conocimiento científico, pero puesto que consiste en prácticas acordadas por la comunidad científica, ello supone que los científicos se ponen de acuerdo sobre el modo válido de establecer el conocimiento. ¿Es posible acordar lo que constituye un conocimiento objetivo? ¿No es un acuerdo la suma de subjetividades coincidentes?

Roland Omnés [10] considera la ciencia como “representación de la realidad” y el “método científico” como “un método para juzgar, no para construir”. ¿Qué significa esto exactamente? ¿Resuelve Omnés los problemas de la intervención humana en el presunto conocimiento objetivo de la naturaleza?

Veamos: “el método de que se trata es aquel que permite comprender cómo se puede reconocer después si una ciencia está firmemente establecida”. Omnés elude por tanto la cuestión inicial: ¿cómo se construye?

Según Omnés, el método tiene cuatro tiempos, el segundo de los cuales es el crucial: “es el de conceptualización […] consiste en elaborar y seleccionar conceptos adecuados a una representación de lo real”. Pero, ¿con qué criterios podemos saber que son “adecuados”?

En el cuarto tiempo de su método, correspondiente a la “verificación”, Omnés viene a plantear la ingenua postura desarmada por Karl Popper y que ya Einstein consideraba poco menos que absurda: que a base de “miríadas de previsiones y experiencias” que nos dicen que la teoría se cumple, podemos darla “sin duda” por “verdadera”.

La crítica más radical a las pretensiones de “objetividad” y “verdad” del discurso científico proceden del anarquismo epistemológico [11], cuyo autor más arriesgado y carismático es Paul Feyerabend, cuyo tratado Contra el Método se ha convertido en un clásico de la contestación a una ciencia esclerotizada y prepotente, a la que Feyerabend coloca un mismo plano con otras vías de acceso al conocimiento.


“Ciencia fáctica”

El epistemólogo Rudolf Carnap planteó una división básica de las ciencias en tres grupos: la Lógica y la Matemática serían ciencias “formales” por oposición a las “empíricas” o “fácticas”, divididas a su vez en dos grupos: las “naturales” -Astronomía, Biología, Física, Geología, Química, Geografía- y las “sociales”: Antropología, Política, Economía, Historia, Psicología, Sociología...

Las ciencias formales utilizan, según Bunge, la lógica para demostrar rigurosamente sus teoremas, las ciencias fácticas necesitan de la observación y la experiencia. Dos rasgos esenciales de las ciencias de la naturaleza son:

—racionalidad: “conceptos, juicios y raciocinios” que pueden combinarse mediante reglas lógicas y organizarse en un “sistema”, es decir en una retórica de verdad o “paradigma” en la conceptualización de Kuhn.

—objetividad: según Ferrater Mora, “objeto” es “lo que no está en el sujeto”, sea real o no. Se trata pués de lo que se percibe en el exterior desde el sujeto. Brown, discutiendo los problemas relacionados con la objetividad científica -que no son pocos ni leves precisamente- dice: “la tesis de que la ciencia es objetiva […] no es evidente a todas luces, ni tampoco es una afirmación en favor de la cual se haya aportado ningún elemento de juicio empírico. Antes bien, es una proposición paradigmática, un supuesto básico del programa de investigación del empirismo lógico” [12].



“Verdad”

Después de dar vueltas buscando la “infalibilidad mediante la eliminación del juicio humano” durante doscientas páginas, Harold Brown [13] -cuya premisa fundamental es que “el conocimiento solo puede ser verdadero”, acaba diciendo: “estamos así de nuevo en el mismo punto que comenzamos. A menos que los científicos tengan un método efectivo para determinar de una vez por todas qué proposiciones son verdaderas, no podemos determinar qué parte de la ciencia corrientemente aceptada es de hecho conocimiento, ni tan siquiera si existe algún conocimiento científico en absoluto”.

¡Enorme dilema! Brown acude al razonamiento circular para proponer que lo que no es verdadero no es conocimiento, pero ¿cómo podemos establecer lo que es “verdadero”?

Brown termina cayendo en la misma zanja que el resto de sus colegas: “una vez que nos libramos de la creencia de que la ciencia puede establecer verdades definitivas”, sólo nos queda aceptar “en cambio que lo que puede esperar alcanzar la ciencia es un consenso racional tentativo basado en los elementos de juicio disponibles”. Las páginas finales de su libro están dedicadas a dar su opinión de cómo debe establecerse un consenso “legítimo”.

¿Y dónde queda la incómoda exigencia de “verdad”? La propuesta de Brown es tan sorprendente como desvergonzada: propone aceptar dos definiciones para “verdad”: la “verdad1” correspondería al concepto que denota un valor absoluto y adecuación a la realidad, mientras que la “verdad2” sería la “verdad científica”, aceptando que cualquier proposición que forma parte del conocimiento científico es “verdadera2” aunque no sea “verdadera1”.

Es decir, lo que propone Brown es un concepto de verdad relativa que al insertarla en el terreno de la ciencia se convierte en “absoluta”. ¿Estamos ante un pragmático sin la menor suspicacia? ¿Ante un cínico? ¿Ante un estafador que cree dirigirse a incautos lectores?

Por su parte, Mario Bunge define verdad como lo “que concuerda aproximadamente con su objeto”. El adverbio es suficientemente elocuente; la concesión casi anula el concepto de objetividad, pues ¿quién decide cuánto de aproximado debe ser para que pueda considerarse objetivo? ¿A partir de dónde deja de serlo? No parece sino puro relativismo.

Pero Bunge continua: “que verifica la adaptación de las ideas a los hechos”. ¿Y cómo lo hace? “recurriendo a un comercio peculiar con los hechos (observación y experimentación), intercambio que es controlable y hasta cierto punto reproducible”. Nueva ralativización y pregunta obligada: ¿hasta qué punto se permite que pueda llegar esa adecuación o esa falta de adecuación para que la observación pueda considerarse verificada?

La “verdad” es, por tanto, la mentira del sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Como dice Agustín García Calvo: “No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?” [14].

Sólo produciendo a contracorriente, creando contra la “verdad”, ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.




“Dogmatismo”

“Por extensión, el término dogmatismo designa la tendencia a erigir fórmulas que expresan conocimientos en verdades indiscutibles, al margen del estudio, de la crítica y del debate” [15].

Mario Bunge, considerando la pregunta de si el Método Científico es dogmático, dice:
"No se conoce otro remedio eficaz contra la fosilización del dogma -religioso, político, filosófico o científico- que el método científico, porque es el único procedimiento que no pretende dar resultados definitivos. El creyente busca la paz en la aquiescencia; el investigador, en cambio, no encuentra paz fuera de la investigación y la disensión: está en continuo conflicto consigo mismo, puesto que la exigencia de buscar conocimiento verificable implica un continuo inventar, probar y criticar hipótesis. Afirmar y asentir es más fácil que probar y disentir; por esto hay más creyentes que sabios, y por esto, aunque el método científico es opuesto al dogma, ningún científico y ningún filósofo científico debieran tener la plena seguridad de que han evitado todo dogma” [16].

“Fundamentalismo científico”

A partir del encuadre de Lizcano: “También nosotros tenemos nuestra particular forma de fundamentalismo, es decir, ciertas creencias incuestionadas e incuestionables, ciertos absolutos que justifican cuantos sacrificios se estimen necesarios para su preservación, defensa y expansión. Incluso sacrificios humanos. El nuestro es el fundamentalismo tecno-científico” [17], propongo -esquemáticamente- las siguientes reflexiones:

La ciencia moderna es el “reino de la cantidad”, “desprecia o aparta una parte considerable de los datos de la experiencia, a saber, todos los que presentan un carácter genuinamente cualitativo” [18]. Ese desprecio por lo esencial -cuyo origen se halla en el racionalismo cartesiano, que a su vez hunde sus raíces en el Renacimiento y ha desembocado en el materialismo moderno- la convierte en “completamente incapaz de explicar nada” [19].

Paradójicamente, la ciencia -empeñada en la búsqueda de principios que no dependan de la  subjetividad humana y eviten por tanto desembocar en relativismo, irracionalidad, discrecionalidad...-  pretende un origen “suprahumano” para fundamentarse, que la arrebata de las manos de lo que ella misma considera racional y la lanza directamente al mismo terreno que la tradición, la intuición, la religión y demás conocimientos de los que pretende diferenciarse y que considera “inferiores”.

Frente a esas “pseudociencias”, la ciencia pretende autolegitimarse como objetiva, como conocedora de una verdad exterior que no depende de la subjetividad e individualidad humana, pero, por otra parte, niega todo lo que no es material, es decir, todo lo que no puede percibir el ser humano con sus sentidos.

Ernesto Sábato:
“Las regiones más valiosas de la realidad -la más valiosa para el hombre y su existencia- no son aprehendidas por esos esquemas de la lógica y la ciencia […] De las tres facultades del hombre, la ciencia sólo se vale de la inteligencia y con ella ni siquiera podemos cerciorarnos de que existe el mundo exterior ¿Qué podemos esperar de problemas infinitamente más sutiles? […] el arte y la literatura, pues, deben ser puestas al lado de la ciencia como otras formas de conocimiento” [20].
No deja de ser paradójico que un movimiento humanista haya sentado las raíces de la deshumanización, ya que “como servidor de la máquina, el propio hombre debe convertirse en máquina” [21].

El resultado final de ese proceso de caída -enunciado lúcidamente por Guénon en 1945- es el hecho de que las “aplicaciones prácticas” -la Era Tecnológica, diríamos 65 años después- “constituyen la única superioridad efectiva de la civilización moderna; superioridad poco envidiable por otra parte y que, desarrollándose hasta ahogar toda otra preocupación, ha dado a esta civilización el carácter puramente material que hace de ella una verdadera monstruosidad” [22].

Y es que, en estos momentos, ya no hablamos de la ciencia moderna en el sentido en que lo era en los siglos pasados, sino que, como dice Bauer: “la ciencia del siglo XXI es diferente de la `ciencia moderna´de los siglos XVII al XX; se ha producido una transformación `radical, irreversible, estructural´ a nivel mundial, en la forma de organización y actuación de la ciencia […] Un aspecto de ese cambio es que el ethos científico ya no se corresponde con las tradicionales normas `mertonianas´ de escepticismo desinteresado y puesta a disposición pública; ha quedado subordinada a los intereses de las corporaciones” [23].




REFERENCIAS:

[1] LIZCANO, E. “Ciencia e Ideología”, en Diccionario crítico de Ciencias Sociales, Madrid y México, Editorial Plaza y Valdés, 2009. (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/C/ciencia_ideologia.htm).
[2] GARCIA BLANCA, Jesús. Bioética, biociencias y biotecnologías. Una propuesta de revisión crítica en el contexto de las relaciones de poder. Congreso Bioética y Medio Ambiente. Universidad de La Habana, 13-15 de noviembre, 2003.
[3] COMTE, August. Catecismo de la Religión Positiva. Londres, John Chapman, 1858
(http://books.google.es/books?id=FaMNAAAAYAAJ&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false).
[4] http://www.businessdictionary.com/definition/scientific-knowledge.html
[5] LIZCANO, Emmanuel. “La ciencia, ese mito moderno”, en Claves de razón práctica, nº 32, 1993, pp. 66-70.
[6] http://www.filosofia.org/enc/dfc/conocimi.htm
[7] http://sociologiac.net/biblio/Bachelard_ConocimientoC.pdf
[8] http://grupobunge.wordpress.com/2006/09/16/conocimiento-ordinario-y-cientifico/
[9] http://www.alipso.com/monografias/laciencia2_otra_vez /
[10] OMNÉS, Roland. Filosofía de la ciencia contemporánea. Barcelona, Idea books, 2000. pp. 201 y ss.
[11] RAMIREZ SALINAS, L. A. “El anarquismo epistemológico”, 2002 (www.rmg.com.py). RAMIREZ, Oscar V. “El proceso kafkiano a la ciencia y la razón de P. K. Feyerabend”. Jornades de Foment de la Investigació. Universitat Jaume I. (http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi5/ciencia.pdf)
[12] BROWN, Harold I. La nueva teoría de la ciencia. Madrid, Tecnos, 1983. p. 204.
[13] BROWN, Harold I. op. Cit. p. 200.
[14] Transcripción de su intervención en la mesa redonda “Ciencia: pro y contra”, celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.
[15] http://es.wikipedia.org/wiki/Dogma
[16] BUNGE, Mario. La ciencia. Su método y su filosofía. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1998 (http://www.linksole.com/da443i).
[17] LIZCANO, Enmanuel. Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones. Traficantes de Sueños y Ediciones Bajo Cero, 2006 (http://traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/otras/metaforas_que_nos_piensan).
[18] GUÈNON, René. El reino de la cantidad y los signos de los tiempos. Barcelona, Paidós, 1997, p. 68.
[19] GUÉNON, René. Op. Cit. p. 66.
[20] SABATO, Ernesto. Hombres y engranajes. Madrid, Alianza Editorial, 1980.
[21] GUÉNON, René. Op. Cit. p. 59.
[22] GUÉNON, René. Op. Cit.
[23] BAUER, H.H. “Science in the 21st Century: Knoledge Monopolies and Research Cartels”. Journal of Scientific Exploration, Vol. 18. Nº 4, pp. 643-660, 2004.


Jesús García Blanca

Extractos de la comunicación presentada en el Congreso SIDA – Conocimiento y Dogma Condiciones de surgimiento y declive de las teorías científicas, 16/17 de julio 2010, Viena, Austria.

miércoles, 25 de junio de 2014

Locura, encierro y disidencia

Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Michel Foucault en el Hospital de La Salpetriere víctima de uno de los más aterradores dispositivos de poder del Estado Clínico: el SIDA. Como homenaje y recordatorio, os avanzo la reseña que he preparado para la revista Isegoría del reciente libro de Valentín Galván El Evangelio del Diablo en el que se hace una magnífica relectura de la Historia de la locura cincuenta años después de su primera edición en Francia.



"Los locos son, sobre todo, víctimas individuales de la dictadura social.
En nombre de la individualidad que pertenece específicamente al hombre,
demandamos la liberación de esas gentes, convictas de sensibilidad.
Porque aseguramos a ustedes que no hay leyes suficientemente poderosas
para encerrar a todos los hombres que piensan y actúan".

Antonin Artaud. Carta a los directores médicos de los manicomios.


Cuenta una leyenda que el autor del Códice del Diablo fue un monje benedictino condenado por herejía a ser emparedado vivo y que se comprometió a escribir una obra monumental alabando a Dios en una sola noche, cosa que logró con la ayuda del diablo.

No sabemos si Foucault recibió ayuda del diablo para escribir el conjunto de su obra; quizá por no lograr finalizarla fue por lo que acabó encerrado tras los muros del Hospital General, la más siniestra encarnación del poder desplegado —en múltiples direcciones— por el Estado Clínico. Lo que sí sabemos es que la herejía primera de Foucault, su desafío a ese aparato de normalización, fue su tesis doctoral y es el motivo —cincuenta años después— de El evangelio del diablo, el nuevo libro de Valentín Galván, doctor en Filosofía y profesor en la Universidad Juan Pablo de Olavide.

En este caso, y a diferencia de su anterior Vagos y maleantes (Virus, 2010), se trata de un libro coral a modo de análisis-homenaje con los muchos atractivos y pocos inconvenientes que ello supone. Tras una breve presentación de Galván encontramos dos bloques bien diferenciados —uno de carácter analítico; el otro, histórico— ambos con el aliciente de un texto de Foucault inédito en español como puerta cancel.

Un arqueólogo en los archivos de Upsala


Estos dos textos atañen a las dos cuestiones básicas que podemos plantear en torno a la Historia de la locura: el desmontaje teórico de la conceptualización psiquiátrica de la locura y las acciones que ha desatado no sólo en el campo estricto de la psiquiatría sino desbordándose hacia otros territorios conectados como la sociología, la etnología o las ciencias políticas.

El texto de Foucault que abre la primera parte del evangelio del diablo está dedicado a precisar las cuatro formas en las que él entiende que se desenvolvió esa oposición, las dos primeras chocantes contempladas con la perspectiva de los años: por una parte aquella psiquiatría que quiso imponer la misma simplificación que Pasteur había impuesto en el hospital médico reduciendo su intervención a la cirugía y los psicofármacos; por otra parte, la psicoterapia analítica que procedería mediante un ajuste de las relaciones de poder entre médico y paciente circunscritas al diván y cuya forma más popular es el psicoanálisis.

Las dos formas restantes son las que habitualmente identificamos con el concepto histórico de antipsiquiatría: la protagonizada por los trabajos de Laing y Cooper, en las que las relaciones de poder se reducen a cero y que implican una reestructuración institucional y, más allá, la desmedicalización del espacio en el que se produce la locura que dejaría de ser tarea del médico para convertirse en un descenso a los infiernos del paciente que vive así con toda intensidad su experiencia de alienación y retorna transformado; y una cuarta —en la que se encuadrarían Basaglia y Guattari— y que se propondría como objetivo la destrucción de las relaciones de poder que han creado al enfermo y la propia locura, es decir, implicarían un "combate político" que supone un cambio individual. Basaglia: "no se puede transformar el mundo sin transformarse a sí mismo". En definitiva, el resurgimiento de la locura como conciencia cósmica expresada en el arte y la literatura: Artaud, Nietzsche, Rachmaninof, Van Gogh, Rimbaud... la locura como transgresión de los límites para alcanzar el absoluto, para entrar en el territorio de lo esencial, de la pérdida del yo: la experiencia límite que en el caso de Foucault estoy convencido no fue, como algunos afirman, el SIDA, la muerte sórdida entre los muros de La Salpetriere, sino la escritura.

El encierro racional de la locura


La segunda parte arranca con un breve texto que reproduce una entrevista inédita de 1961 de la que se extrae su título: No existe cultura sin locura. Afirmación tan simple en su formulación como provocadora en sus implicaciones y que podría resumir los desafíos esenciales de Foucault en su tesis doctoral que el libro coordinado por Galván retoma y pone en perspectiva sorteando los peligros de la heterogeneidad propia de las recopilaciones.

Pero a pesar de su título, la Historia de la locura no es un libro de historia, sino un viaje al corazón de los archivos, una prospección arqueológica que procede levantando capas estratificadas bajo los conceptos para poner en evidencia que "lo que es no ha sido siempre", que las evidencias y las certezas han sido fabricadas y por lo tanto "a condición de que se sepa el modo en que han sido hechas, pueden ser deshechas". La locura -concluye el arqueólogo del discurso— no es un hecho natural, sino cultural, e incluso consustancial a la cultura.

Así, desde el humanismo —que rompe con las resonancias místicas y misteriosas que la locura poseía en el medievo y la encierra en el "universo del discurso"— hasta hoy —no únicamente el hoy de Foucault, sino el nuestro, que ha llevado a extremos aberrantes el cientificismo cuyos efectos de poder señaló el propio Foucault— la locura ha quedado atrapada dentro de la razón, justificada por la razón y transformada en una forma de razón.

Y como hilo conductor material de esa evolución, diríamos que como testigo arquitectónico, el Hospital General, cuyo edicto dado en el mes de abril de 1657 reza "para el encierro de los pobres mendigos de la ciudad y de los alrededores de París" sobre el que Foucault precisa: "un hecho está claro: el Hospital General no es un establecimiento médico. Es más bien una estructura semijurídica, una especie de entidad administrativa, que al lado de los poderes de antemano constituidos y fuera de los tribunales, decide, juzga y ejecuta". De ahí que la arremetida de Foucault no sea simplemente una crítica conceptual, sino la primera piedra para un "combate político" mediante el cual podamos deshacer las cosas que fueron hechas. Tuke, citado por Foucault: "el principio del miedo, que raramente disminuye con la locura, está considerado como muy importante en el tratamiento de los locos". Y el miedo se materializa en el "gran encierro" de los locos, pero también de mendigos, vagabundos, blasfemos, libertinos... los "antisujetos" de Ramón García.

No es de extrañar que ante el brutal trabajo de arqueología de campo realizado por Foucault en su tesis, se granjeara el calificativo de "psiquiatricida". La psiquiatría institucional, responsable de la construcción de la enfermedad mental a base de parodiar —dice Szasz— conceptos científicos, responsable de la objetivización de la enfermedad mental mediante la condena moral y práctica judicial, quedaba en evidencia como herramienta de control y no perdonó a Foucault, a decir de Mario Colucci, que les recordara que "sus magníficos manicomios procedían de los lazaretos".

 La difusión internacional


La segunda parte de El evangelio del diablo da cuenta —gracias a un laborioso ejercicio de traducción múltiple— de la recepción irregular de la Historia de la locura en Francia, Estados Unidos, Canadá, Argentina, México, Brasil y España. Una acogida irregular con diferentes grados de influencia y complejos avatares imbricados con otras obras de Foucault y las dinámicas propias de cada territorio.

Así, las ediciones del 61 y 63 en Francia contribuyeron a proporcionar una base teórica a la antipsiquiatría francesa impulsando su acción política y conectándola con la lucha contra las prisiones. En América del norte sin embargo, y pese al abrumador éxito de las visitas de Foucault, su actividad se limitó al terreno intelectual con una moderada influencia sobre los movimientos de resistencia a la institución psiquiátrica. 

A Argentina llegó Foucault por vía mexicana, las primeras ediciones de Paidós, pero obviamente no pasaron el filtro de la dictadura y sólo publicaciones minoritarias en círculos de resistencia difundieron sus ideas que cobraron fuerza a partir de los ochenta hasta llegar a una explosión que alcanza el mundo académico en los noventa. En cuanto a Inglaterra, modesta influencia en la antipsiquiatría donde Laing y Cooper mantenían su independencia intelectual aunque confluyente en acciones y reivindicaciones por las que se vieron acusados de beneficiar los proyectos de recorte social de la derecha. En México, compleja influencia foucaltiana en múltiples ámbitos: filosofía, medicina, historia, lingüística, literatura, sociología, etnología y ciencias políticas; y en Brasil la corriente más importante del movimiento antipsiquiátrico tomará su inspiración de Foucault. 

Finalmente, en España, la presencia de Foucault se vio mediatizada por la transición política y a decir de Galván, sus ideas generaron un pensamiento aparentemente anarquizante, pero "en realidad fácilmente digerible por el sistema", llegándose incluso a la paradoja de que los propios funcionarios de prisiones utilizaron sus ideas para perfeccionar los mecanismos represivos, según denunciaría el propio Foucault.

Control a ambos lados de la frontera



Pero el "tercer grado de la represión" con el que Foucault definía el gran encierro, no supone sólo el control de los locos, que ya no son locos sino enfermos mentales, sino el de los cuerdos que ya no son cuerdos sino sanos. El saber psiquiátrico amparado en la ciencia redefine las fronteras y el loco deja de ser un personaje inquietante o místico para convertirse simplemente en un peligro social.

"El Juez o Tribunal podrá acordar el internamiento en un centro psiquiátrico del sujeto que haya sido declarado exento de responsabilidad criminal conforme al número 1.º del artículo 20, o al que le haya sido apreciado esa eximente con carácter incompleto, si tras efectuarse una evaluación exhaustiva del mismo y de la acción que llevó a cabo, exista base suficiente para concluir que, debido a su trastorno, es posible prever la comisión por aquél de nuevos delitos de gravedad relevante".

No, no es una disposición de siglos pasados. Se trata del artículo 98 del Anteproyecto de reforma del Código Penal español presentado al Consejo de Ministros en octubre de 2012 y rozando en estos momentos las etapas finales para su aprobación.

Encierro indefinido por delitos no cometidos y sin responsabilidad criminal. Independientemente de que este anteproyecto acabe o no convertido en ley, el mero hecho de proponerse es suficientemente significativo de los tiempos que corren, en los que parecen cobrar inquietante significación las palabras de Szasz: “Los hospitales mentales son los campos de prisioneros de nuestras guerras civiles no declaradas ni expresadas”.

Más allá de Foucault



Plantea Foucault que el hospital psiquiátrico se despega del hospital médico a partir del siglo XIX cuando Pasteur introduce la teoría microbiana como causa de enfermedad. En este sentido, el descubrimiento de una causa "real" para las enfermedades llamémoslas "físicas" sitúa al hospital médico en otro espacio regido por otras dinámicas: ya no hay producción de la enfermedad, sino una causa real que se diagnostica. Por su parte, en el hospital psiquiátrico, a pesar del esfuerzo de las disciplinas científicas psiquiátricas por somatizar la enfermedad mental, la dinámica continúa siendo de conjuro y producción: Pasteur frente a Charcot, diagnóstico real de lo somático que se ha expandido hasta lo indecible gracias a la tecnología, frente al diagnóstico ficticio de lo mental, de lo incorpóreo, en definitiva, de lo construido.

Sin embargo, el método arqueológico de Foucault puede aplicarse igualmente a la biología o a la medicina. A partir del siglo XIX comienzan a sentarse las bases de lo que podríamos llamar medicina moderna y que se convirtieron en factores claves para la unidad de pensamiento y práctica médica inexistentes hasta ese momento: farmacología, teoría microbiana, procedimientos estadísticos y diagnósticos, y por supuesto la proscripción y persecución de quienes a decir de Foucault controlaban un "corpus técnico de curación": las comadronas, las damas de misericordia, los charlatanes, los magos, los chapuceros, los hospitalarios, los monjes, las religiosas, los droguistas, los herboristas, los cirujanos, los boticarios... en definitiva, esa estirpe que ahora es calificada desde los sectores del fundamentalismo científico como pseudociencias.

Lo que Foucault no tuvo tiempo de ver es que la distinción entre lo normal y lo patológico ha devenido tan artificial en la medicina de lo mental como en la medicina de lo corporal porque depende del consenso científico como dispositivo de poder que se materializa y concreta en el primer caso en las sucesivas ediciones del DSM y en el segundo en las directrices promulgadas por los CDC del Servicio de Salud estadounidense.

Así, del mismo modo que la función de la psiquiatría institucional como sostenedora de los lugares de encierro pero también de producción y definición de la enfermedad mental condujo al nacimiento de la antipsiquiatría, la función de la medicina institucional que produce y define la enfermedad orgánica y contribuye al encierro virtual de la humanidad en un afuera medicalizado, compartimentado y ordenado debe ser combatido desde una antimedicina que se oponga no al saber médico, sino al poder medico-farmacológico.

Jesús García Blanca

El evangelio del diablo. Foucault y la Historia de la locura,
Valentín Galván (Coord.), Madrid, Biblioteca Nueva, 2013.

Más sobre Valentín Galván/Foucault:
Reseña de De vagos y maleantes. Valentín Galván. Barcelona, Virus, 2010:

jueves, 19 de junio de 2014

Contra el Sistema Médico-Educativo

Los que llevamos muchos años en las trincheras de la lucha social sabemos muy bien que los bandos en liza son fundamentalmente dos: los de Arriba y los de abajo, y por tanto que las múltiples batallas en las que nos embarcamos forman todas -de un modo u otro- parte de una guerra única, la de los de abajo contra los de Arriba.


Como es evidente que esa guerra de resistencia se prolonga desde hace -pongamos- diez mil años, a algunos nos parece que a efectos de agitar la rebelión, más que explicar por qué mandan los de Arriba, lo que hay que hacer es preguntarse por qué obedecen los de abajo.

La Boétie lo planteaba así:
  
“¿qué es ese monstruoso vicio que no merece siquiera el nombre de cobardía, que carece de toda expresión hablada o escrita, del que reniega la naturaleza y que la lengua se niega siquiera a nombrar? Sin embargo, si un país no consintiera dejarse caer en la servidumbre, el tirano se desmoronaría por sí sólo, sin que haya que luchar contra él, ni defenderse de él. La cuestión no reside en quitarle nada, sino tan sólo en no darle nada”.

La Psicología de Masas –una de las más importantes aportaciones de Wilhelm Reich a esta guerra de guerrillas contra los de Arriba- constituye una herramienta fundamental para entender, no ya fenómenos tan aparentemente misteriosos como la guerra o el ascenso al poder de líderes autoritarios como Hitler, sino la estrategia de fondo del Poder en las últimas décadas que Reich no pudo ya contemplar.

Corría el año 1933 cuando Wilhelm Reich se lanzó a analizar el fenómeno de la victoria del fascismo partiendo de una pregunta: “¿qué entorpece la conciencia de responsabilidad en la gente?”. Dicho de otro modo: es fácil explicar por qué roba un hambriento o por qué un obrero explotado va la huelga. Lo difícil es explicar por que no roban todos los hambrientos o por qué no van a la huelga todos los obreros explotados.

POR QUÉ SOMOS IDIOTAS

La respuesta de Reich es tan simple como rotunda: “Todo orden social produce en la masa de sus componentes las estructuras de carácter que necesita para alcanzar sus fines”.

Dicho más claramente: los centros de reclusión y represión desbordan ampliamente el recinto de la cárcel: las guarderías, las escuelas, la familia autoritaria, los hospitales o los manicomios, no sólo forman parte de esa misma lógica disciplinaria, sino que constituyen una pieza clave en el origen del control.

No se trata aquí de cuestionar los conocimientos que nos trasmite el complejo aparato educativo –que no empieza ni termina en la escuela- sino de cuestionar los mecanismos que utilizan y los automatismos que implantan.

Cuando el maestro pregunta al alumno cuanto son dos más dos, lo de menos es que sepa la respuesta correcta, lo verdaderamente importante es que interiorice quién hace las preguntas y quién debe responder; quién se limita a responder cuando le preguntan y quién decide si la respuesta es o no correcta.


El resultado es una masa de ciudadanos a los que podría describirse con estas esclarecedoras palabras del propio Reich: esclavos de noimporta quién”.

Los helenos llamaban "idiota" (ἰδιώτης) a los ciudadanos que no acudían a la asamblea y dejaban a los demás la decisión de los asuntos públicos.

Están ahí, caminan entre nosotros, trabajan junto a nosotros, compran el periódico y toman café muy cerca nuestro; sólo que en ellos ha penetrado –hasta los tuétanos- el ácido del adoctrinamiento: son incapaces de sentir, de emocionarse, de conmoverse ante el sufrimiento no diré de millones de seres humanos, para eso tendría que saber que existen, conocer sus problemas, sus necesidades... nada de eso: están aterrorizados ante la mera perspectiva de compartir, de relacionarse y vivir de verdad, de que algo que no sea la apatía y el frío utilitarismo ocupe un sólo segundo de sus vidas.

Las raíces de la dominación

Podría decirse que hay dos niveles fundamentales –con múltiples capas superpuestas- en las estrategias de dominación: el que opera en la superficie y el que lo hace en las profundidades.

En los niveles superficiales los cambios son constantes y el contexto es el presente; en los niveles profundos por el contrario se mantienen las estructuras y el contexto es el pasado, el pasado de cada cual, las raíces, los automatismos arcaicos...

Cuanto más se profundiza en las capas de esclavitud más se cierra el círculo de los rebeldes: cuanto más atrás en el aprendizaje de la esclavitud, menos capaces de reconocerlo, de desmadejarlo, de desenmascararlo, de oponerse a sus efectos.

En correspondencia, podemos igualmente distinguir dos niveles de desobediencia. En la superficie existe una desobediencia puntual que cuestiona productos ocasionales de las sucesivas élites que usan el poder: leyes injustas, medios de comunicación de masas...


A medida que se profundiza, se tensa la dialéctica del poder: el sistema está concebido para aceptar un cierto nivel de cuestionamiento –aún más: esa contestación puntual es parte del mecanismo de acción del poder.

Pero llega un punto en el que saltan las alarmas: es entonces cuando nos hallamos en el segundo nivel, en las profundidades de la infamia, en las simas de la esclavitud automática. Ahí, la desobediencia radical cuestiona elementos centrales de la dinámica del poder: jardines de infancia, hábitos de crianza...

contra el sistema médico-educativo

La guerra contra los de Arriba debe desplazarse hacia el sabotaje de los mecanismos de adoctrinamiento. En lugar de afanarnos en apabullante desventaja contra los resultados de la manipulación, es decir, la idiotez, dediquémonos a minar los instrumentos de manipulación para sabotear los resultados.

Eso significa empezar a cuestionar de raíz el sistema médico-educativo. Y no hablo de defender la "Sanidad Pública" o la "Escuela Pública", sino el modelo médico dominante y el modelo educativo dominante, ambos con los mismos objetivos finales: domesticar al ser humano.


Jesús García Blanca


LECTURAS ADICIONALES RECOMENDADAS:

Contra la educación. Jesús García Blanca. Charla-Debate en Plural-21. Barcelona, octubre, 2013.
Inevitable colapso del sistema sanitario. Jesús García. Discovery DSalud, 150, junio 2012
¿Qué hay tras la privatización sanitaria? Jesús García. Discovery DSalud, 159, abril 2013

miércoles, 18 de junio de 2014

Foucault y el desmontaje de la locura


"El Juez o Tribunal podrá acordar el internamiento en un centro psiquiátrico del sujeto que haya sido declarado exento de responsabilidad criminal conforme al número 1º del artículo 20, o al que le haya sido apreciado esa eximente con carácter incompleto, si tras efectuarse una evaluación exhaustiva del mismo y de la acción que llevó a cabo, existe base suficiente para concluir que, debido a su trastorno, es posible prever la comisión por aquél de nuevos delitos de gravedad relevante".

No, no se trata de una disposición del siglo XVII, de la época que Foucault calificó de "Gran Encierro" tras la fundación del Hospital General en el que acabarían hacinados los locos junto a mendigos, vagabundos, blasfemos y libertinos.

Es el artículo 98 del Anteproyecto de Reforma del Código Penal español, presentado al Consejo de Ministros en octubre del 2012 y en estos momentos a punto de quemar las etapas finales para su aprobación.

La mera formulación de este y otros artículos incluidos en este proyecto de reforma justifica la relectura de lo que fue la tesis doctoral de Michel Foucault en 1961 y uno de sus textos más provocadores al llevar a cabo una excavación arqueológica de los archivos ocultos de la historia de la locura que la psiquiatría académica lograría convertir en enfermedad mental, privilegiado instrumento de poder con el que definir y encerrar a los locos y controlar a los cuerdos hasta -como podemos comprobar- el mismisimo día de hoy.

Y esto es lo que hace Valentín Galván, profesor de filosofía de la Universidad Juan Pablo de Olavide y autor de De vagos y maleantes. Michel Foucault en España (Virus, 2010) con la colaboración de un buen número de prestigiosos especialistas internacionales en el filósofo arqueólogo francés. Un jugoso análisis de los planteamientos de Foucault respecto la locura y su concepción desde el medievo hasta la modernidad, la psiquiatría y sus efectos de poder y la antipsiquiatría y las batallas sociales y políticas que desencadenó. Todo ello junto a un repaso pormenorizado de la recepción que la Historia de la locura tuvo en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, España, México, Argentina y Brasil.


El evangelio del diablo. Foucault y la Historia de la locura.
Valentín Galván (Coord.)
Madrid, Biblioteca Nueva, 2013.

viernes, 6 de junio de 2014

La crianza más natural

Los comienzos son importantes; si queremos favorecer la autorregulación y la autogestión de la salud, debemos comenzar cuidando los momentos claves del principio de la vida.


Cuanto más dominados estamos, menos confianza tenemos en los instintos y en los procesos biológicos naturales.

Deja salir a la mujer salvaje que hay en ti, la que te conecta con la naturaleza y protege la vida. A partir de ahí todo fluirá con armonía.

Jesús García Blanca. Artículo publicado en la revista Mente Sana, número 104 (mayo, 2014).

En el mismo número: Vivir la gestación (Enric Costa); Sexualidad creativa (Xavier Serrano).

Otros artículos de la serie cultivar la salud:
Cultivar nuestra salud (introducción). Mente Sana, número 100 (enero, 2014).
Otra biología, otra visión de la salud. Mente Sana, número 101 (febrero, 2014).
La salud en la red de la vida. Mente Sana, número 102 (marzo, 2014).

lunes, 2 de junio de 2014

¿Bebés liberados del VIH...?

¿... o nuevo y criminal engaño?

El pasado 6 de marzo, el diario español El País publicaba una noticia titulada Una terapia de choque libra a otro bebé del VIH e impulsa un ensayo, explicando que durante la XXI edición de la Conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas se dio a conocer el caso de "curación de una niña con VIH" que impulsará un ensayo con otros 60 bebés en Sudáfrica y Brasil. Noticia que hacía concebir la esperanza de que en breve el SIDA podrá prevenirse y/o curarse en etapas tempranas... solo que difícilmente puede prevenirse la infección de un virus que no existe y que, por tanto, es imposible que provoque la inexistente enfermedad llamada SIDA. En suma, un nuevo montaje para una farsa que ya dura treinta años.

Desmontamos los argumentos de esta nueva actuación criminal.

Jesús García Blanca
Artículo publicado en el número 172, junio de 2014
de la revista Discovery DSalud.