jueves, 16 de junio de 2011

Terrorismo emocional



Una reflexión sobre el caso de agresión institucional contra Alma y Habiba

Jesús García Blanca

En el momento en que escribo esto, a las diez de la noche del 15 de junio, Alma lleva quince días separada de su madre, trescientas sesenta horas separada de su madre, veintiún mil seiscientos minutos separada de su madre, un millón doscientos noventa y seis mil segundos separada de su madre, una infinita eternidad de instantes sin tiempo separada de su madre.

Tuve que leer muchas veces el comunicado que recorre la Red para asimilar que efectivamente, nuestro descabellado sistema de organización social ha puesto en manos de un puñado de anónimos funcionarios la capacidad de agredir impunemente a un bebé de quince meses, de aterrorizarlo a extremos desconocidos, de infringirle un dolor emocional del que probablemente nunca se recuperará, de cercenar el contacto biológico con su madre, el único ecosistema en el que ha vivido los veinticuatro meses de su vida y que constituye su alimento, su calor, su hilo conductor con la vida, la única memoria que posee de cariño y protección.

Los motivos que la Administración (de la muerte) da para este acto de terrorismo emocional aún me convencen más de que hemos permitido un sistema social que hace palidecer a las sombrías profecías de Orwell y Huxley.

“Los horarios y el tipo de alimentación son caóticos”;

“utiliza la lactancia materna como chupete y juguete, ofreciéndole el pecho en el momento en que la niña llora y dejando que ella lo coja cuando quiera, sin importarle el momento y el contexto en el que esto sucede (despachos, pasillos)”.

“Le ofrece los purés que preparan en la residencia, pero también otros alimentos sólidos inadecuados para su edad (de los que está comiendo ella). Durante los fines de semana, como tiene que encargarse ella de hacerle la papilla de frutas, la mayor parte de veces no se la da (le da el pecho)”.

“Se intentó que regularizara la lactancia y limitara los momentos de alimentación, como no parecía posible se planteó la posibilidad de que dejara de darle el pecho…”.

“…continuó dándole el pecho. Se le dieron chupetes, pero tampoco los utilizó”.

“No tiene unas pautas de sueño adecuadas. Desde el primer momento no quiso que la niña durmiera en la cuna y la acuesta con ella en la cama. Utiliza la cuna para dejar cosas y juguetes y en contadas ocasiones para dejar a la niña…”.

Hace más de sesenta años Wilhelm Reich escribió el más apasionado y vehemente alegato a favor de los “niños del futuro”. En aquel texto decía:

El futuro destino de la raza humana será creado por la estructura carac­terial de los niños del futuro. En sus manos y corazones estará esta gran decisión. Tendrán que limpiar el caos del siglo XX. Esto nos concierne a no­sotros, los que vivimos en medio de este gran caos. Hemos fracasado miserablemente como constructores de una nueva orientación vital para la vida. Un recién nacido es, ante todo, una pieza de la naturaleza viva, un sistema orgonótico gobernado por ciertas leyes bioenergéticas”.

Reich señaló un camino para esta trascendental labor, un camino que sesenta años después continúa siendo una senda solitaria ignorada por la mayoría: El bebé continúa siendo un feto durante su primer año de vida, necesita del contacto piel con piel con la madre, un contacto biológico, emocional, energético que lo nutre, lo protege contra el vacío y lo integra en el fluir de lo viviente.

Romper ese vínculo es destruir la vida.

Esta claro que los desalmados implicados en esta cruel agresión deben pagar por ello y ser apartados de cualquier puesto de responsabilidad que tenga la más remota relación con bebés o niños; pero mucha más trascendencia tiene que actuemos para cambiar las condiciones sociales que provocan estas situaciones.

Comparto la indignación contra los banqueros y la mayoría de los políticos, pero poco o nada vamos a cambiar en el modelo social si no empezamos a construir desde abajo, desde el lugar en el que actúa la “plaga emocional” que acabó con la vida de Reich, que viene pisoteando la esperanza de la humanidad desde hace cinco mil años y que se han encarnado ahora en los secuestradores de Alma.

Más información: http://todossomoshabiba.blogspot.com/